La expectación generada por la boda de Dua Lipa con Callum Turner, el interés en la nueva pareja de Rosalía, Loli Bahía, y el enlace matrimonial de Taylor Swift son temas que dominan la conversación pública. La industria del corazón mueve millones cada año y el apetito por estas historias no mengua. La gran incógnita es: ¿por qué la vida de los famosos nos genera tanta curiosidad?
La pregunta de fondo es por qué millones de personas sienten ciertos eventos de las celebridades, como el matrimonio de Taylor Swift, como algo casi propio. Esta implicación emocional no suele ser obsesiva, sino una expresión normal de cómo el cerebro procesa los vínculos sociales y la empatía.
Los estudios en psicología indican que reaccionamos ante figuras mediáticas de forma similar a como lo hacemos con personas que conocemos, aunque con menor intensidad. Así lo explica Bradley Bond, investigador de psicología de los medios en la Universidad de San Diego (USD), en declaraciones a ScienceAlert. Esta lógica ayuda a entender por qué una boda puede despertar alegría, curiosidad o ganas de compartir el momento.
Para quienes no siguen a Dua Lipa o Taylor Swift, la reacción de sus fans al ilusionarse con las bodas de las cantantes puede parecer exagerada. Sin embargo, Bond señaló que sentirse social o emocionalmente cerca de una figura pública, hasta el punto de percibirla como una amiga, es completamente normal.
La relación parasocial con los famosos
Ese tipo de lazo tiene un nombre específico: relación parasocial. Se trata de un vínculo unilateral con una persona conocida a través de la pantalla, la música o cualquier otro canal mediático, basado en la capacidad humana para empatizar y sintonizar con las emociones ajenas.
Bond, quien estudia la psicología de nuestra relación con celebridades y personajes de ficción, resumió la idea con claridad:
“Básicamente, nuestra mente procesa la identidad personal de manera similar, independientemente de si estamos procesando a la persona que tenemos delante o a la que aparece en una pantalla”.
No obstante, el investigador aclara que sabemos distinguir entre una interacción interpersonal y ver televisión, pero aun así interpretamos a esos individuos como personas.
El medio añade que esta dinámica no tiene por qué ser perjudicial. De hecho, estudios recientes en psicología sugieren que las figuras mediáticas pueden ayudar a algunas personas a sentirse menos solas y brindarles una identidad más sólida y mayor bienestar.
La naturaleza básica de la empatía
Cuando a una figura con la que existe ese vínculo le ocurre algo positivo, la respuesta habitual es la alegría compartida. Bond lo explicó así a ScienceAlert:
“Cuando le ocurre algo bueno a una figura mediática con la que nos sentimos socialmente conectados, nos alegramos por ella. Cuando sucede algo malo, podemos sentir tristeza por ellos. En realidad, es la naturaleza básica de la empatía la que subyace a estos posibles efectos emocionales de los momentos importantes”.
Parte de esa cercanía puede deberse al poder de la música para despertar emociones intensas y generar conexión entre personas. Aunque no se haya conocido en persona a la cantante, el vínculo parasocial creado a través de las canciones puede sentirse real.
El problema, según los expertos, radica en otro lugar: cuando esas relaciones sustituyen a amistades reales o interfieren en la vida cotidiana. También se advierte de un salto más delicado: pasar de sentir que una figura mediática es una amiga a percibirla como una deidad.
Fuente: Infobae