No data was found

De chofer de ambulancias a saxofonista: la nueva vida de Toni Brunacci

Con su saxo en mano y un atuendo impecable, Antonio Luis Brunacci, conocido cariñosamente como Toni, se ha convertido en un personaje emblemático de los lagos de Palermo, en Buenos Aires. Cada fin de semana, este hombre de 65 años se instala para tocar melodías que salen del alma, mientras recibe el aplauso y la generosidad de los transeúntes. Detrás de esta nueva faceta artística hay una historia de esfuerzo, sacrificio y pasión por la música.

Al preguntarle por su edad, responde con humor:

“Te voy a dar pistas: nací el 30 de agosto del ‘58. Me jubilé hace un año y medio. Dejé la ambulancia donde pasé treinta y ocho años llevando heridos, muertos, atendiendo emergencias y situaciones de distinta índole”.

Aclara que era chofer de ambulancias en el Mercado Central de Buenos Aires.

Ya conocía el saxofón antes de jubilarse.

“Sabía tocar con pistas o con bandas. Y dije: ‘Me largo solo’. Porque lo mío es estar en contacto con la gente. Ahí siento más calidez”,

comenta. Y añade que la respuesta del público es extraordinaria:

“La gente es muy generosa. Y bueno, eso me permite también redondear un numerito, entre la tarde del sábado y la tarde del domingo”.

Destaca que las personas se detienen, se toman fotos con él, y eso lo inspira enormemente.

Cuando se le consulta si toca por necesidad artística o económica, responde:

“Ambas cosas van ligadas. A mí me encanta tocar. Pero llegar a casa y contar lo que recaudé haciendo tema tras tema, también es una motivación. Para el músico es importante sentirse respaldado y saber que se está ganando el día con lo que hace”.

Durante 38 años manejó ambulancias en el Mercado Central de Buenos Aires, principalmente en el turno tarde-noche. Reconoce que era un trabajo estresante:

“Estás siempre en la emergencia… a las dos de la madrugada, siempre algo pasaba. Pero yo estaba ahí, con mi ambulancia y mi camilla, para levantar a las personas heridas y llevarlas al hospital”.

Se tomó la molestia de hacer un curso en la Cruz Roja para aprender primeros auxilios. Y orgullosamente afirma:

“Nunca choqué en tantos años manejando una ambulancia. Solamente una vez que un tonto dobló sin poner el giro… por lo demás, siempre invicto”.

La vida de chofer de ambulancia, con horarios contrarios, influyó en su vida personal.

“Tuve tres esposas, pero los matrimonios no resultaron. Y la cuarta está ahí, tambaleando un poco también”,

confiesa. Sin embargo, siempre estuvo presente para sus seis hijos. Con su primera esposa tuvo tres: Juan José (43 años), Iván Alfredo (42) y Alejandro Darío (41). Con la segunda esposa llegaron Nahara (30) y Yael Natalí (26). Y con la tercera, Sara Bianca (18). Todos ellos, músicos en mayor o menor medida: Iván toca la trompeta, Alejandro la flauta traversa y la armónica, Nahara canta en una iglesia, Yael toca el saxo alto y Sara el piano. De esta última dice que es más rebelde, pero lo atribuye a la adolescencia.

Brunacci tuvo tres esposas y es padre de seis hijos

Antonio comenzó a los 18 años con la flauta, luego la armónica, hasta que compró su primer saxo en cuotas mientras trabajaba en la línea B del subte, vendiendo fichitas.

“Era una situación muy rara, porque el aire abajo es muy tóxico. Y después íbamos a con el cambio a comprar pizza y cerveza todos los días… Me di cuenta de que no era lo mío”.

Al terminar de pagar el saxo, renunció. Practicaba en Floresta, donde nació, aprovechando el cacareo de las gallinas de sus padres para no molestar a los vecinos.

Estudió electromecánica en un colegio industrial, pero tuvo que interrumpir por el servicio militar obligatorio en tiempos de la dictadura.

“Tengo un hermano mellizo. Él no estaba apto, así que caí yo… tuve que hacer la conscripción”.

Relata una anécdota:

“Nos llamaron por el tema de que casi nos vamos a la guerra con Chile por el canal de Beagle… Yo era chofer también ahí. Tenía mi camión ya armado para salir a Zapala. Por suerte, apareció el enviado del Papa Juan Pablo II, el cardenal Antonio Samorè, y calmó todo”.

El artista asegura que la gente es muy generosa a la hora de colaborar

Después de la milicia, empezó a tocar en bandas, pero sus dos profesores murieron en dos años.

“Me largué solo arriba de las pistas. Lo hacía por hobby. Pero siempre sabiendo que algún día me iba a tocar una situación favorable como músico. Y la encuentro ahora, a esta altura de mi vida”.

Se casó a los 24 años y tuvo que empezar a trabajar en la ambulancia, pero nunca abandonó la música.

Ahora vive en la casa paterna. Su padre, José, falleció a los 99 años (en octubre se cumplirán dos años). Su madre, Elsa María, de 90, se cayó y se rompió la cadera, y padece demencia senil. Antonio es el cuidador principal, aunque tiene ayuda.

“Yo puedo venir a tocar cuando está el cuidador, que se va a las ocho de la noche. Pero después de ese horario, no tengo mucha vida”.

Su novia, Elizabeth, es paciente oncológica y tiene muchos problemas.

“Por eso, cuando vengo a tocar, me siento bien. Porque por un rato me olvido de todo. Y exteriorizo todo lo que tengo adentro con mis canciones. Vengo con mi equipito, con mi instrumento. Y para mí es maravilloso, es una felicidad total”.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK