El 3 de julio de 1971, el cantante de The Doors, Jim Morrison, falleció en un apartamento del barrio parisino de Le Marais. Tenía apenas 27 años. No se realizó autopsia ni se levantó un acta policial. El certificado de defunción indicó como causa una “insuficiencia cardíaca”. Más de cinco décadas después, los detalles exactos de su muerte continúan siendo un enigma, mientras su tumba en el cementerio de Père Lachaise sigue atrayendo a miles de visitantes cada año.

Aquella madrugada, Pamela Courson, pareja del músico, lo halló en la bañera del departamento que compartían cerca del Sena. Según su versión, Morrison había vomitado sangre la noche anterior —un episodio que ya se había repetido sin causar mayor preocupación— y decidió tomar un baño. Alrededor de las cinco de la mañana, Courson, al notar que no estaba en la cama, fue a buscarlo y lo encontró con los brazos apoyados en los bordes de la bañera. Tiempo después, ella reveló que su rostro mostraba lo que describió como “una sonrisa infantil”, tan tranquila que por un instante pensó que era una de sus bromas habituales.
El médico que llegó al lugar certificó el deceso por fallo cardíaco. Las autoridades francesas no ordenaron una autopsia ante la ausencia de signos de violencia, una decisión que resulta difícil de creer tratándose de una de las mayores estrellas del rock de entonces.
La noticia no se difundió de inmediato. Pasaron seis días hasta que Bill Siddons, mánager de la banda, y Pamela Courson decidieron hacerla pública, luego de velar el cuerpo en un ataúd cerrado y enterrarlo discretamente en Père Lachaise. Ambos recordaban el circo mediático que acompañó los funerales de Jimi Hendrix y Janis Joplin, fallecidos meses antes. Sin quererlo, ese silencio alimentó uno de los grandes misterios del rock.
Teorías que nunca se cerraron
La falta de información oficial dejó espacio para todo tipo de versiones. La más extendida entre quienes conocían la noche parisina de la época apunta a una sobredosis de heroína. Aunque Morrison era principalmente un gran bebedor de alcohol, en sus últimos meses en París había comenzado a consumir heroína junto con Courson. Ella misma moriría tres años después por una sobredosis.

Esa hipótesis cobró fuerza en 2007, cuando el escritor y periodista francés Sam Bernett afirmó que Morrison no había muerto en su departamento sino en el baño del club Rock and Roll Circus, donde trabajaba. Según su relato, el cantante se descompuso tras consumir heroína, falleció allí y, para evitar un escándalo que involucrara al local y a los traficantes, su cuerpo fue trasladado al apartamento y colocado en la bañera antes de alertar a las autoridades. Bernett nunca presentó pruebas, pero su versión reavivó el debate.
A lo largo de las décadas también circularon hipótesis menos sólidas: desde una presunta conspiración de agencias estadounidenses contra figuras de la contracultura hasta la idea de que Morrison fingió su muerte para escapar de la fama y de una condena por exhibicionismo tras un concierto en Miami. Ninguna de ellas encontró respaldo.

Otra teoría, la menos consistente, apuntó a Courson como responsable de suministrar una dosis letal y luego trasladar el cuerpo a la bañera para simular un accidente.
El poeta que huyó de sí mismo en París
Morrison llegó a la capital francesa en marzo de 1971, cuatro meses antes de morir. Llegaba agotado, con sobrepeso, alcoholismo compulsivo, problemas respiratorios y un desgaste físico y emocional profundo. Quería dejar atrás el personaje que había construido al frente de The Doors y dedicarse a escribir poesía.
La elección no era casual: se sentía profundamente identificado con la tradición literaria francesa, especialmente con Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire, cuya exploración de los límites de la percepción marcó su visión del mundo desde la adolescencia. París representaba para él la posibilidad de reinventarse como escritor y alejarse del cansancio que le producía su propia leyenda.

Pero la Ciudad Luz no logró salvarlo. Pronto retomó las noches de alcohol, bares y drogas. El hombre que había llegado buscando una segunda vida terminó recorriendo el mismo camino que intentaba abandonar.
Cinco años, seis discos, una leyenda descomunal
La trayectoria de The Doors fue breve y extraordinaria. Entre 1967 y 1971 grabaron seis álbumes de estudio —The Doors y Strange Days en su primer año, Morrison Hotel en 1970 y L.A. Woman meses antes de la muerte de su líder—, suficientes para cambiar la historia del rock. La fusión del teclado jazzístico de Ray Manzarek, la guitarra de Robby Krieger, la batería de John Densmore y la presencia escénica de Morrison produjo un sonido único.
Temas como “Light My Fire”, “People Are Strange”, “The End” o “Riders on the Storm” combinaban rock, blues, psicodelia y literatura con una ambición artística poco común. En el escenario, Morrison creó una figura provocadora, sensual y desafiante que influyó en generaciones posteriores, desde Iggy Pop hasta el punk.
El crítico musical español Diego Manrique, autor de Jinetes en la tormenta, situó a The Doors entre los mejores grupos de la historia. “Los cuatro componentes eran chicos cultos metidos en movimientos de vanguardia y sus canciones no tenían nada que ver con lo que se hacía entonces”, comentó a la agencia EFE. Manrique también destacó que Morrison, con sus actuaciones vestido de cuero negro y torso desnudo, se convirtió en un “sex symbol” para ambos géneros, mientras que su personaje del “Rey Lagarto” —basado en las teorías de Artaud— lanzaba provocaciones al público y a la policía que a menudo vigilaba sus conciertos.
La tumba más famosa del cementerio más famoso
Père Lachaise alberga unas 70.000 tumbas y 27.000 urnas. Entre sus residentes ilustres figuran Oscar Wilde, Frédéric Chopin, Edith Piaf, Marcel Proust y Georges Bizet. Aun así, la sepultura de Morrison es, según Sylvain Ecole, director del Servicio de Cementerios de París, “una de las más famosas y más visitadas” del recinto.
Antes de la pandemia, los cementerios parisinos recibían cinco millones de turistas al año, de los cuales tres millones visitaban Père Lachaise. La tumba de Morrison está protegida por una valla para evitar el deterioro. No siempre funcionó: en algún momento robaron un busto de mármol y una placa. El padre del músico colocó después otra placa con una inscripción en griego: “Fiel a sus propios demonios”.

Allí acuden seguidores de toda Europa y América, algunos con camisetas de The Doors y gorras con el nombre del músico, como Bruno Gacon, un admirador del centro de Francia que viaja a París al menos dos veces al año para los aniversarios de la muerte (3 de julio) y del nacimiento (8 de diciembre) de Morrison. Gacon tiene permiso para pasar las vallas y retirar las flores secas. “Era único. Toda su música es emoción para mí”, afirma.
El mito se consolidó también a través del cine. El uso de “The End” en Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola, expuso la música de The Doors a nuevas generaciones. La película biográfica The Doors (1991), de Oliver Stone, terminó de construir la imagen canónica del “Rey Lagarto”.
Manrique resumió la ecuación con precisión: una gran estrella estadounidense, adorada por sus fans, muerta joven en París, enterrada en el cementerio más famoso del mundo. Su música lo convirtió en un ícono. El misterio de su muerte terminó de hacerlo inmortal.
Fuente: Infobae