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Alejandro Sáez de la OMM: ‘Los veranos actuales serán los más frescos que viviremos’

La intensa ola de calor que azotó Europa a finales de junio dejó consecuencias insólitas. En Alemania, los 42 grados registrados fueron tan extremos que derritieron parte de las juntas de los rieles del tranvía en Leipzig, lo que obligó a suspender varias líneas del servicio. Países como Austria y República Checa alcanzaron los 40 grados, mientras que Reino Unido y Dinamarca superaron los 37 grados, reportando así sus días más calurosos para un mes de junio desde que existen registros.

Europa se calienta a un ritmo alarmante. Según datos del Servicio de Cambio Climático Copernicus, la temperatura media del continente ha aumentado 0,56 grados Celsius por década desde mediados de los años 90, casi el doble que el promedio global. La Comisión Europea ya ha advertido que los veranos que hoy se consideran extremos “podrían convertirse en la norma”.

Alejandro Sáez Reale, especialista en calor extremo de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), explicó las causas de este fenómeno. Entre los factores clave señaló los cambios en los patrones meteorológicos, el aumento de la radiación solar, la disminución de la cobertura de nieve en el suelo y la reducción de partículas contaminantes, que paradójicamente acentúan el calentamiento al devolver menos calor solar al espacio.

“Europa tiene una proporción alta de masa terrestre y una gran parte de su territorio se ubica en latitudes altas, donde el calentamiento global se está acelerando más rápidamente. La nieve y el hielo, que limitan la cantidad de energía absorbida por la superficie, están disminuyendo, lo cual reduce la capacidad de reflejar esa radiación solar incidente”, señaló el experto. Sáez Reale también mencionó el aumento de la temperatura de los mares que rodean al continente como otro factor que amplifica la subida de las temperaturas.

El calentamiento, advirtió, “no se traduce simplemente en días más cálidos, sino en un mayor número de olas de calor, de mayor duración y más intensas”. Ante este panorama, Sáez Reale respalda el diagnóstico de la Comisión Europea: “Lo más probable es que estemos experimentando los veranos más frescos del resto de nuestras vidas”, sostiene.

Un turista se protege del sol mientras cruza el Puente Romano de Córdoba, a 23 de junio de 2026. (EFE/Rafa Alcaide)

Impactos múltiples del calor extremo

Las conclusiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ya muestran que el calor extremo en Europa, así como los episodios recientes en India y otras regiones, avanza de forma acelerada. Para 2050, “cerca de la mitad de la población europea podría enfrentar niveles elevados o muy elevados de estrés térmico durante el verano”. “Estamos avanzando en esa dirección más rápido de lo que mucha gente cree”, asegura el especialista en acción climática y planificación urbana.

Sáez Reale subrayó que el cambio climático no solo intensifica los desastres, sino que el calor extremo también tiene graves impactos en la salud. Según datos de la OMM, durante los últimos días de junio se registraron más de 1.300 muertes vinculadas a las altas temperaturas en Europa, y más de 150 millones de personas en el continente se vieron afectadas. “En los últimos cuatro años, el calor ha causado más de 200.000 muertes, una cantidad comparable a la población conjunta de Antigua y Barbuda y Tonga“, añadió el experto, quien recordó que se trata de fallecimientos que se podrían haber evitado.

El calor extremo también afecta la infraestructura: aeropuertos y sistemas de transporte han tenido que interrumpir operaciones, las redes eléctricas han sufrido sobrecargas y se han producido apagones. Además, la agricultura y la producción de alimentos se ven comprometidas. “El calor mata en silencio y también afecta a las economías de forma silenciosa”, enfatizó Sáez Reale.

Para enfrentar este escenario, la OMM, en colaboración con la Red Mundial de Información sobre el Calor y la Salud (GHHIN) y la Oficina de Reducción de Riesgo de Desastres de la ONU, ha lanzado un marco de acción destinado a mejorar la gobernanza del riesgo asociado al calor. Esta estrategia busca articular respuestas transversales y coordinadas, considerando que los efectos del calor se extienden a múltiples sectores.

Respuestas y desafíos pendientes

Sáez Reale reconoce que en los últimos años se han producido avances en la respuesta al calor extremo, pero asegura que aún queda un largo camino por recorrer. “La buena noticia es que sabemos qué funciona. Sabemos que los sistemas de alerta temprana salvan vidas y que también son fundamentales los protocolos de acción que activan las autoridades ante una emergencia, además del seguimiento de grupos vulnerables, entre ellos ancianos y personas con enfermedades crónicas”. Sin embargo, el análisis realizado por GHHIN sobre los planes de acción frente al calor revela la necesidad de enfoques multisectoriales y de evaluaciones integrales de vulnerabilidad, aspectos que suelen estar ausentes en la mayoría de las estrategias actuales.

“El desafío no es identificar las soluciones, sino implementarlas con la velocidad y la escala necesarias. Es necesario avanzar mucho más rápido”, resumió. El especialista subrayó además la necesidad de adaptar las ciudades pensando “no solo en el clima presente, sino en el futuro”, lo que implica incorporar más espacios verdes y materiales que reduzcan la acumulación de calor. También resaltó la importancia de elevar los estándares de construcción, ventilación y refrigeración pasiva con bajo impacto de carbono: “Debemos planificar urbes para los veranos que tendremos, no para los veranos que teníamos”.

Fuente: Infobae

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