Amelia Earhart es considerada una de las figuras más trascendentales en la historia de la aviación y un emblema de perseverancia en una era donde los cielos eran dominio casi exclusivo de los hombres. Su legado, vinculado a la valentía y la determinación, encarna el espíritu de quienes desafiaron los límites técnicos y sociales de principios del siglo XX.
Originaria de Atchison, Kansas, desde joven mostró una personalidad inquieta y aventurera. Aunque en su niñez no sintió una atracción inmediata por los aeroplanos, su visión cambió drásticamente tras una experiencia crucial en 1920. Según reporta National Geographic, luego de un corto vuelo con el piloto Frank Hawks en Los Ángeles, Earhart quedó firmemente decidida a aprender a volar.
Poco después, inició sus lecciones de vuelo bajo la enseñanza de Neta Snook, otra mujer pionera en la aviación, y a los 23 años tomó su primera clase el 3 de enero de 1921. A finales de 1922, ya había adquirido su propio avión, bautizado como “El Canario”, con el que impuso su primera marca de altitud al llegar a los 4.267 metros.

Su trayectoria como aviadora se disparó rápidamente. En 1928, se transformó en la primera mujer en atravesar el océano Atlántico a bordo de un Fokker FVII como parte de la tripulación, un logro que la lanzó al estrellato mundial. Posteriormente, en 1932, repitió la hazaña como piloto en solitario, afianzándose como la primera mujer en lograrlo. Este viaje, desde Terranova hasta Irlanda, tomó cerca de 15 horas y generó grandes celebraciones, ganándose el respeto público, múltiples distinciones y el respaldo de importantes patrocinadores.
El enigma del último vuelo
La mañana del 2 de julio de 1937 dio inicio a uno de los sucesos más desconcertantes de la aviación: la desaparición de Amelia Earhart junto a su navegante Fred Noonan durante el intento de circunnavegar el globo terráqueo. La expectativa en torno al vuelo era inmensa, y el recorrido, que arrancó en Miami y continuó por Sudamérica, África y Asia, avanzaba sin mayores contratiempos. Tras una parada en Lae, Papúa Nueva Guinea, los tripulantes partieron hacia la isla Howland, en el Pacífico, pero jamás alcanzaron su destino.

El último contacto registrado ocurrió cuando la piloto se comunicó por radio con el guardacostas Itasca, ubicado cerca de la isla Howland para guiarlos en el aterrizaje. Earhart indicó: “Debemos estar sobre ustedes, pero no los vemos; además, nos estamos quedando sin combustible”. En esa misma transmisión, señaló que volaban a 300 metros de altura y mencionó la línea de navegación “157-337”, que detallaba el rumbo seguido. Aunque desde tierra intentaron responder, no pudieron establecer una comunicación bidireccional. Poco después, se perdió cualquier rastro de Earhart y Noonan.
La respuesta oficial fue inmediata y de gran envergadura. El presidente Franklin Roosevelt ordenó una operación de búsqueda que abarcó 250.000 millas cuadradas del océano Pacífico, mientras que el esposo de Earhart, George Putnam, impulsó pesquisas privadas. No obstante, ninguna de estas gestiones logró hallar a los aviadores ni a su aeronave. De acuerdo con lo recogido por All That Interesting y National Geographic, tras 18 meses de operaciones sin resultados, la Marina estadounidense concluyó que el avión se había quedado sin combustible y se había estrellado en el mar, declarando legalmente la muerte de Earhart.
Paralelamente al operativo oficial y a la investigación militar, la prensa de la época y los propios informes de la tripulación alimentaron la incertidumbre sobre el desenlace real, abriendo paso a una serie de interrogantes y teorías que perduran hasta la actualidad.

Las hipótesis sobre el paradero de Earhart
Una de las teorías más difundidas es la posibilidad de que el avión hubiera aterrizado en la isla Nikumaroro, antes conocida como Isla Gardner, ubicada a unos 650 kilómetros de la isla Howland. El Grupo Internacional para la Recuperación de Aeronaves Históricas (TIGHAR) sostiene que la última transmisión de Earhart, donde menciona la línea “157-337”, coincide con la trayectoria hacia esa isla.
Expediciones posteriores reportaron el hallazgo de objetos como zapatos de hombre y mujer, fragmentos de huesos humanos y botellas de vidrio de la década de 1930, elementos que, según TIGHAR, podrían estar relacionados con la presencia de los aviadores. Además, se registraron más de cien transmisiones de radio pidiendo auxilio entre el 2 y el 6 de julio de 1937, lo que, de acuerdo con el grupo internacional, indicaría que durante varios días el avión permaneció en tierra y funcionando, según recogió CNN.
Otra hipótesis sugiere que ambos aviadores fueron apresados por fuerzas japonesas después de un aterrizaje forzoso en las Islas Marshall, bajo control japonés en esa época. Algunos testimonios indican que habrían sido detenidos y posteriormente ejecutados, mientras que otras versiones afirman que la captura sirvió para ocultar una operación de espionaje estadounidense, y que Earhart y Noonan lograron volver a su país con identidades falsas, detalla All That Interesting.

Finalmente, persiste la idea de que Earhart y Noonan sobrevivieron como náufragos durante semanas en una isla remota, soportando condiciones extremas de hambre y deshidratación. Quienes defienden esta postura afirman que los restos encontrados y los mensajes de socorro avalan esta interpretación. En palabras de Ric Gillespie, director de TIGHAR, “ella vivió y murió en esa isla durante un tiempo”, planteando que la historia de Earhart incluye un capítulo de supervivencia poco conocido.
Fuente: Infobae