La posibilidad de que los temidos hooligans ingleses lleguen al Mundial 2026 vuelve a ser tema de conversación ante el esperado duelo de octavos de final entre México e Inglaterra, programado para el domingo 5 de julio en la Ciudad de México. Aunque el país ha recibido tradicionalmente a los aficionados de todas las selecciones participantes, el choque directo contra los inventores del fútbol y la pasión desbordada de sus seguidores genera inquietud tanto en las autoridades como en los seguidores del Tri que planean asistir al estadio o a las zonas de Fan Fest.

Un fenómeno que distingue al fútbol inglés
El fútbol inglés arrastra una reputación que suele preceder al equipo, al rival y hasta al contexto del torneo. La figura del hooligan se instala nuevamente en la discusión cada vez que Inglaterra participa en un Mundial, aunque el debate no se basa en hechos recientes en las gradas, sino en lo que se cree que podría ocurrir.
Durante décadas, el fútbol inglés exportó episodios de violencia que marcaron la memoria del deporte europeo. Esa imagen perduró incluso después de las transformaciones internas del balompié británico, que hoy opera en un entorno más supervisado y con controles más estrictos sobre sus seguidores.
¿Cómo se controla a las barras inglesas?
Aunque los mitos sobre estos fieles seguidores se han disipado con el tiempo, la realidad es que, actualmente, cerca de 2,500 aficionados con antecedentes o sanciones judiciales fueron bloqueados por las autoridades británicas antes del viaje.
Los equipos de seguridad en Inglaterra reforzaron ese cerco antes del Mundial. A través de las Football Banning Orders, impidieron el desplazamiento de miles de seguidores con historial violento. Como parte de esa medida, retuvieron pasaportes antes del viaje para evitar traslados de riesgo hacia México, Estados Unidos y Canadá.
Al mismo tiempo, el perfil del aficionado inglés que sí viaja responde, en su mayoría, a un flujo amplio que en torneos recientes mostró conductas ordenadas. Los registros de detenciones fuera del país se mantuvieron bajos en los últimos Mundiales, con incidentes aislados y sin señales de violencia generalizada.

Una medida que no acabó con la violencia
En Inglaterra y Gales el problema no desapareció, sino que cambió de lugar. Durante el mismo periodo competitivo se documentaron cientos de incidentes relacionados con el fútbol en pubs, calles y entornos domésticos, lejos de la imagen tradicional del desorden ligado al viaje internacional.
La persistencia del estereotipo también tiene su propia inercia. Películas, relatos populares y años de titulares fijaron una figura que sigue pesando en la percepción internacional, incluso cuando los números actuales apuntan a una realidad distinta.
En México, el torneo ha transcurrido bajo otra lógica. Los estadios estuvieron llenos, el ambiente se mantuvo controlado y la organización evitó episodios de desorden relevantes. En ese marco, el cruce del próximo domingo 5 de julio se juega bajo un dispositivo de seguridad estricto, pero también bajo una narrativa marcada por el recuerdo.
El encuentro en Ciudad de México no solo pone en juego el pase de ronda. También expone una tensión menos visible entre una historia que sigue presente en la memoria colectiva y un presente que busca dejarla atrás.
Fuente: Infobae