En las cercanías del mural pintado por vecinos y ambientalistas en honor a la activista asesinada Monika Silva, se encuentra una de las personas que más tiempo compartió con ella: Jacinta Rodríguez.
Su casa está ubicada a la entrada del sector “El Tigrillo”, rodeada de lujosas hosterías en Montañita, parroquia de Manglaralto, península de Santa Elena.
Antes de arrancar su jornada diaria para recoger botellas y envases abandonados en la playa de Montañita, Rodríguez observa de frente el mural en el que aparece el rostro de Monika.
“La miro y la invito a acompañarme al trabajo, tal como lo hacíamos antes”, dice Jacinta mientras se coloca un cintillo en la frente. Su compacto y fibroso cuerpo moviliza el triciclo de reciclaje con rumbo hacia la playa que, a menos 400 metros, revienta de espuma.
Es sábado 27 de mayo, 19 días después del asesinato de la activista. Hace tanto sol y calor que provoca darse un chapuzón. Las pesadísimas iguanas, lentas y parsimoniosas, se acercan al borde de la carretera en busca de la sombra de muyuyos y ficus.
“La mataron en el Día Internacional de los Océanos, ¿será coincidencia?”, se pregunta Jacinta; un segundo después, su propia frase la pone a temblar, no de miedo, sino de tristeza. “Hay días en que no quiero salir, que no siento ánimos, pero la limpieza de la playa es mi pasión y no voy a parar”.
Jacinta recuerda cómo junto a Monika se organizaban para entregar comida a familias de escasos recursos durante la pandemia, o cuando, armadas de carteles y consignas, insistían en el asfaltado de la vía principal bautizada ahora con el nombre de Monika Silva.
Grandes inversiones
Desde 2023, las cosas se complicaron para los ambientalistas de la península de Santa Elena. Con el cambio de Gobierno llegaron una ola de nuevos inversionistas que empezaron a proyectar gigantescos complejos inmobiliarios, algunos tan grandes que incluso cuentan con helipuerto.
“La gente empieza a adquirir enormes pedazos de tierra y quiere abarcar toda la playa. Muchos de ellos son amigos de Daniel Noboa, por esa razón se generaron los conflictos en Olón y Bototito en 2024”.
En ambos casos participaron autoridades nacionales o seccionales y como consecuencia los activistas estuvieron en el centro de todas las miradas.
Las amenazas no son desconocidas para la propia Jacinta, quien actualmente enfrenta un proceso legal planteado por una exconcejala que la demandó por USD 50.000 por supuesto daño moral.
Aguas residuales
A espaldas de las aguas servidas, Jacinta recorre el Estero Chicharrón, ubicado a la entrada de Montañita. Debajo de una inocua apariencia verdosa, se observa cómo flotan heces y otros sólidos. El cuerpo de agua está contaminado con aguas residuales, tal como lo determinó el Ministerio del Ambiente en 2024, tras el rompimiento de una duna de arena.
Los bañistas ni siquiera reparan en que a menos de diez metros se encuentran aguas contaminadas y que apenas un montículo de arena separa a los visitantes de ese foco de infección.
“Los peces y jaibas que sacan del estero ahora se notan enfermos: son pequeños y escasos”. Que las autoridades locales eviten este problema era parte de sus luchas cotidianas, dice Jacinta, quien asegura que seguirá defendiendo el ambiente de la Península al amparo de Monika Silva y su amor inconmensurable por la vida.
Radio Pichincha
LV