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Borges contra Don Segundo Sombra: críticas a 100 años de la novela de Güiraldes

Jorge Luis Borges no se guardó nada al referirse a Don Segundo Sombra, la novela de Ricardo Güiraldes que cumple un siglo en 2026. En conversaciones registradas por Adolfo Bioy Casares en su diario, Borges expresó: «De pronto apareció un libro gauchesco en un estilo que podía aprobar un lector de Apollinaire. La gente comprendió que quedaba bien admirando el libro. Y Güiraldes murió enseguida: para su gloria fue una muerte oportuna».

Borges, reconocido por su agudeza crítica, no pretendía ser objetivo, especialmente en privado. En 1956, le confesó a Bioy: «Don Segundo es un libro bastante primitivo, escrito con torpeza y pretensión. Yo nunca pude leerlo entero».

Ricardo Güiraldes escribió un clásico, a pesar de las críticas.

Según Alejandro Vaccaro, biógrafo de Borges, el escritor conoció a Güiraldes en 1924, cuando la familia Borges regresó de Europa. «Él cada tanto iba, tocaba la guitarra. Contaba Borges que una vez se dejó olvidada una guitarra como una señal de que iba a volver», relata Vaccaro. Sin embargo, Vaccaro señala que Borges «con respecto a la obra de Güiraldes sí tenía algunos reparos. Con Don Segundo Sombra, que fuera un gaucho que no pelea nunca…».

Otra queja recurrente de Borges era que Güiraldes desdeñaba a Martín Fierro. En la charla de 1956 con Bioy, afirmó: «Después de la publicación de Don Segundo, Güiraldes parecía loco. El libro se le subió a la cabeza. Escribió esos poemas sobre su orgullo, su hombría, etcétera… No bien tuvo éxito Don Segundo, Güiraldes empezó a hablar con menosprecio del Martín Fierro: ‘Los gauchos no son así’, etcétera». Borges añadió: «En Don Segundo hay una sola referencia: dice que el protagonista no quería ser como Martín Fierro, un gaucho en continua fuga de la partida». Cuando Bioy objetó, Borges replicó: «¿Qué otra cosa podía hacer?»

La tradición nacional en debate

La especialista Annick Louis, desde París, señala que «hay varios reproches distintos» a Don Segundo Sombra. Subraya que Borges insistía en que la novela «tiene más que ver con Kipling y su personaje, Kim, que con el campo argentino. Lo corre de la idea de que Don Segundo Sombra representa al campo». Louis agrega que esto refleja «una pugna por una tradición nacional».

En mayo de 1957, Borges continuaba sus críticas. En una cena, afirmó: «Todos escribimos artículos muy elogiosos, porque lo queríamos a Ricardo», pese a que pensaban que el libro «no era nada». Ese mismo año, en noviembre, Bioy y Borges volvieron al tema. Bioy comentó que Don Segundo Sombra era admirado en todo el continente, pero Borges coincidió en que era «peor aún que Doña Bárbara«, del venezolano Rómulo Gallegos. Bioy añadió: «Doña Bárbara es una novela; Don Segundo es una kermesse, una revista teatral, un desfile». Borges lo comparó con «una fiesta criolla en la Rural: primero un cuadrito, después otro: un baile, una doma, una yerra, etcétera… una serie de números gauchescos».

Borges también criticó el estilo: «Fuera del país creen que es superior al Martín Fierro. Ven al Martín Fierro como un private joke de los argentinos. Imaginan que Don Segundo es más auténtico. El estilo de Don Segundo ha envejecido notablemente, más aún que el de La gloria de Don Ramiro«. Bioy profundizó: «En cada frase Güiraldes descubre su torpeza para la expresión; la gran dificultad que tiene para ser escritor». Borges puso como ejemplo el uso de «chuscada», una palabra nada criolla. «No se daba cuenta del ambiente de las palabras: de pronto se olvidaba del tono criollo y escribía: ‘Arriméme'».

Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, esos amigos que desmenuzaban la literatura.

Años después, en 1960, seguían discutiendo la fama perdurable del libro. Borges sugirió que el ultraísmo, escuela que él mismo integró, quizás no estuviera tan desacreditado. Y contó que «alguien me contó que don Segundo, como Güiraldes, después de la publicación del libro, se agauchó notablemente. Ricardo se volvió insoportable. Antes era un señor como cualquiera, y después todo el tiempo soltaba velay, ahíjuna y dicharachos».

En 1962, Borges calificó de «idiotez» la crítica de que en Don Segundo «está el campo visto desde el lado del patrón», preguntándose: «¿O acaso que Güiraldes describe a los peones como héroes cuando en verdad son unos hijos de puta?»

En 1965, Borges recordó que todos los amigos «lo encontrábamos aburridísimo, como una sucesión de cuadros folklóricos. Predijimos su fracaso. En eso nos equivocamos«.

Finalmente, en 1968, Borges admitió: «Lo que desanima es la convicción que se tiene desde el principio de que en este libro no puede pasar nada. Sin embargo, es ya un clásico; tiene un lugar que no perderá». Y así es: un clásico resiste incluso a Borges.

Fuente: Infobae

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