La directora Patricia Ortega traerá a las pantallas ecuatorianas ‘9 Lunas’ el próximo 3 de julio, una cinta que aborda el embarazo de un hombre trans y plantea que los cuidados y la crianza no tienen género. Para Ortega, la familia es, en sus palabras, «gente que se ama, que se cuida y que se reúne para formar una vida». Sin embargo, la cineasta ha confesado que le inquieta que el público evite la sala de cine «por prejuicio».
«A mí me da miedo que haya gente que se niegue a ver la película por prejuicio. Y eso es una realidad», afirmó Ortega en una entrevista con Europa Press, junto a las actrices María León y Kiti Mánver. La directora subrayó que su intención no es «orientar» las conclusiones del espectador, sino «abrirle» a la experiencia.
Ortega explicó que el cine no debe pretender imponer ideas: «El cine no es para pretender que la gente piense de alguna forma; es para mostrarle algo y que lo experimente. Combatir el prejuicio es duro, pero yo creo que es un trabajo para el que estamos. Los distribuidores que le tienen miedo a estas historias, la gente que no le quiere dar espacio… Hay mucho trabajo por delante», advirtió.
La realizadora, que trabaja en clave de comedia dramática, aclaró que su película «no quiere ser» un relato sobre la identidad trans, sino sobre la gestación, las contradicciones y el amor familiar. «Lo más importante era quitar la etiqueta de lo trans para que no determine la película», detalló.
Uno de los ejes centrales de ‘9 Lunas’ es desvincular el cuidado y la vulnerabilidad de lo femenino. «La responsabilidad del cuidado, la mujer; la crianza, la mujer; el sostén emocional, la mujer… No. Eso no tiene género. Debe ser una cuestión colectiva, de redes de solidaridad», sostuvo Ortega.
La cinta coloca a los personajes masculinos en espacios como la cocina, el prenatal o la sala de parto, espacios tradicionalmente asociados a la feminidad. «Me pregunto si será también un problema de que no existen referentes con otra masculinidad. Como no existe ese referente, el peso siempre cae sobre lo femenino», reflexionó la cineasta.
El humor como herramienta transformadora
Ortega eligió la comedia dramática para contar esta historia, que en otros formatos se habría tratado desde el drama puro, y defiende el humor como instrumento político y de unión. «No hay nada más descarado que una carcajada. La risa tiene un poder importante para mí», declaró. A su juicio, el humor es «una de las herramientas más subversivas». «Creo que en este paso de hablar de realidades que han sido muy visibilizadas, la forma de generar un abrazo empático es a través del humor», añadió.
Kiti Mánver, quien ya colaboró con Ortega en ‘Mamacruz’, coincidió en la precisión con que la directora maneja el humor. «Son montones, miles de cosas chiquitas que hacen una cosa enorme, que es la propia película, porque está llena de todas esas sutilezas maravillosas», señaló. Mánver destacó que Ortega «abre melones que no ha abierto nadie y los cuenta desde un lado donde uno de los protagonistas más gordos es el amor», evitando además «revictimizar» a los personajes.
Para Mánver, ‘9 Lunas’ es una película «didáctica» en el «buen sentido» del término porque «no solo hace entender, sino que ayuda a comprender». «Hay una cosa limpia, de huir de la cosa dramática y de que el protagonista trabaje en un puticlub o estas cosas que siempre ponen a este tema», indicó.
María León respaldó ese punto de vista y resaltó la capacidad de Ortega para presentar la transición como un proceso normalizado. «El hecho de transicionar no lo muestra como un conflicto; lo muestra como algo que es… Y eso es lo que falta», afirmó. León recordó que existen «muchas familias» que acompañan ese proceso con naturalidad y que esa realidad no suele verse en la pantalla.
Ortega coincidió con ella y señaló que si en España existen leyes de protección para personas transexuales, es porque hay familias y entornos que apoyan. «Si no hubiese gente que acompaña, sería imposible. No existieran», apuntó la directora.
La ternura como acto político
Ortega reivindicó la ternura como «acto político» en un mundo lleno de violencia. «Si te pones a ver cuándo la solución de muchas personas es poner una bomba, colonizar, conquistar, destruir, controlar, asfixiar, señalar… responder con empatía, pero con la empatía que se ejerce en los momentos donde más cuesta, ahí es donde hay que hacerla», explicó.
Por su parte, Mánver vinculó esa idea con el debate político actual y afirmó que la emoción siempre ha sido un terreno en disputa. «Los fachas ganan porque saben darle a la gente lo emocional. Ellos utilizan la emoción de la gente y son políticos. Por lo tanto, la emoción también es política y debe ser política», indicó. María León añadió que confía en el amor como herramienta con la que «se puede llegar a todos los lugares y mucho mejor que con el odio».
La directora relató que, tras el rodaje, conoció a Bruno León, un hombre trans que está próximo a dar a luz y comparte su experiencia en redes sociales. Ortega citó a Bruno: «Soy hombre, pero estoy orgulloso de mi toto. Mi vagina no me hace mujer. Así de simple». Ortega concluyó: «La vagina no determina una identidad. La vagina es un genital que tú tienes, pero tú puedes ser lo que te dé la gana».
León señaló que los niños y niñas que hoy viven realidades similares a la de Bruno podrán, en el futuro, ver esta película como «un espejo» de su propia historia. «Patricia está contando algo de muchos niños y muchas niñas que están aquí en la vida actual y que no tienen referencias de ellos mismos en las pantallas. Para eso está la cultura», indicó. Mánver agregó: «Esto está pasando ya, solo que Patricia se adelanta un poco porque esto no se ha visto en el cine».
Fuente: Infobae