A los 72 años, un cardiólogo vuelve a la universidad para estudiar Filosofía

Llegó a la librería con la misión de adquirir cuatro cuadernos para las asignaturas del primer semestre de 2022. Al principio, pensó que eran un regalo para sus nietas, pero no: eran para él. Debía rotular cada uno con el nombre de las materias que iniciaban en agosto, y se encontró de frente con decisiones que no tomaba desde hacía décadas: ¿cuadriculado o rayado? ¿con espiral o sin él? ¿tapa dura o blanda? Ya no recordaba esos detalles que ahora volvían a ser parte de su rutina.

Cuando terminó la secundaria en 1968, con apenas 16 años, dudaba entre dos caminos: Filosofía era su gran pasión, pero Medicina era la profesión de su padre. Lo consultó con él, quien le dio libertad plena para decidir, aunque le planteó una pregunta clave: si pensaba casarse y tener hijos, porque aportar dinero a una familia sería más difícil como filósofo que como médico. Así, tomó la decisión y se graduó en abril de 1975, con la meta de especializarse en cardiología.

El pasado jueves 25 de junio, el doctor Vozzi cerró su última clase virtual. Tras una vida en los laboratorios, la medicina y la filosofía terminaron abrazadas.

Gracias a una beca de Rotary Internacional, en 1978 estaba en Houston, Texas, recorriendo los pasillos del Texas Heart Institute desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Al regresar a Rosario a principios de los 80, la cardiología ya lo tenía atrapado por completo.

El regreso a las aulas a los 72 años

Casi cinco décadas después, en octubre de 2024, se despertó a las cuatro de la madrugada para revisar un denso texto de Kant y tratar de descifrar su metafísica. Ya llevaba dos meses de cursada y el nivel de exigencia era alto. Los libros se le caían de las manos, los cuadernos se llenaban de anotaciones y pasaba horas frente a la computadora, rodeado de apuntes, bolígrafos y resaltadores desparramados sobre la mesa.

Volvió a comprar repuestos de lapiceras, algo que no hacía desde hacía años, y notó que se agotaban cada dos semanas de tanto escribir. Miraba sus dedos con extrañeza por la posición prolongada al sostener el útil de escritura.

Despertarse a las cuatro de la mañana a leer a Kant y gastar los repuestos de las lapiceras cada dos semanas: la rigurosa rutina de un estudiante de 72 años. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las clases sincrónicas de tres horas los martes y jueves de 18 a 21 lo dejaban agotado, y a eso se sumaban dos asignaturas asincrónicas grabadas, igual de exigentes. Le dedicaba cuatro horas diarias a la maestría y otro tanto los fines de semana. El conocimiento entraba por todos lados: lecturas, videos, audios, correos, tutorías y conversaciones con compañeros.

Intentaba desconectarse nadando o corriendo, pero los primeros veinte minutos de ejercicio los pasaba pensando en filosofía, y solo al final lograba estar plenamente presente en su cuerpo. ¿Por qué volvió a la Filosofía? Porque nunca la dejó. Siempre leyó textos filosóficos, y uno de sus autores predilectos era Franz Kafka.

El intento previo y la Maestría en Filosofía

Ya en 2005 había intentado cursar la Licenciatura en Filosofía en la Facultad de Humanidades de Rosario, pero de las cinco materias anuales solo aprobó tres. Tuvo que interrumpir porque su trabajo como médico era incompatible con el nivel de exigencia que se había autoimpuesto.

Gastón Minardi, Martin Grassi (profesor), Daniel Field y Carlos Vozzi durante el asado

En 2022, mientras tomaba clases semanales con un filósofo en Rosario, sintió la necesidad de ingresar a un programa de posgrado formal. Así encontró la Maestría en Filosofía aprobada por CONEAU que ofrecía la Universidad Católica Argentina. En la entrevista con el director, este le aseguró que la filosofía le enseñaría muchas cosas y él aportaría su experiencia del mundo concreto de la medicina. Y así fue: la filosofía danzó con la medicina y terminaron abrazados.

El jueves 25 de junio de 2026 participó en la última clase de la cursada del cohorte 2024. Fue en el Taller de Tesis donde se despidió de compañeros y profesor. Ahora le queda escribir la tesis y finalizar dos trabajos prácticos. Ya me he bajado de uno de los vagones del tren. Llegué a una estación y ahora busco la siguiente para subir a otro, reflexionó.

Percibe que la filosofía le ha dado un método nuevo para navegar el tiempo que resta. Como médico, ha descubierto el mundo del cuidado, que complementa y expande la cura. Ese cuidado se orienta hacia el ser vulnerable y dependiente, que necesita protección y contención en un contexto amplio, sostenido en el tiempo con la participación de todos los involucrados.

El agradecimiento final es extenso: para la Maestría en Filosofía de la UCA, sus compañeros, profesores, directores, secretaria, recepcionistas, alumnos de otras carreras y todos aquellos que se han cruzado en el devenir de la educación y de la vida.

Fuente: Infobae

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