La reaparición del gusano barrenador (New World screwworm) en Estados Unidos ha encendido las alarmas sanitarias y económicas en un país que creía haber superado esta amenaza desde su erradicación oficial en 1966.
Este insecto, conocido por su capacidad para devastar el ganado y generar pérdidas millonarias, ha vuelto a ser detectado tras décadas de control exitoso. Según información publicada por The Texas Tribune, el resurgimiento no solo revive viejos temores, sino que también expone la necesidad de mantener políticas públicas preventivas y cooperación internacional para evitar crisis mayores.
El escenario actual se enmarca en una serie de alertas provenientes de Centroamérica y México sobre la posibilidad de un rebrote. Sin embargo, el año pasado el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de Estados Unidos implementó recortes presupuestarios en los programas de monitoreo en la región, lo que debilitó la primera barrera de defensa. Como consecuencia, los casos en territorio estadounidense han aumentado de forma sostenida, mientras las autoridades intentan determinar cómo ingresó el parásito.

Un enemigo costoso: cifras históricas y actuales
La historia del gusano barrenador en Estados Unidos está marcada por crisis económicas devastadoras. The Texas Tribune reporta que el antecedente más grave ocurrió en 1976, cuando los productores ganaderos de Texas desembolsaron USD 132,1 millones para combatir la infestación. A esto se sumaron pérdidas por muerte de animales, reducción de peso, gastos en medicamentos y mano de obra extra. El impacto económico total de ese brote alcanzó los USD 330 millones, cifra que, ajustada a la inflación actual, equivaldría a cerca de USD 1.900 millones.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) calcula que la erradicación previa del parásito permitió ahorrar más de USD 900 millones anuales al sector ganadero. Este dato refleja la magnitud del riesgo económico que implica un posible restablecimiento de la plaga en el país.
Datos clave sobre el impacto y la respuesta al gusano barrenador:
- En 1935 se reportaron 180.000 muertes de ganado en menos de la mitad de los condados de Texas.
- Durante el brote de 1972, Texas confirmó 90.000 casos de infestación, frente a solo 444 del año anterior.
- El laboratorio de Mission llegó a producir hasta 150 millones de moscas estériles por semana en la década de 1960.
- Para 1980, los estados del norte de México lograron ser declarados libres del parásito.
- En 1967, tras el paso de un huracán, Texas registró 835 casos en 67 condados, mientras que Arizona tuvo 23 y Nuevo México ninguno.
[IMAGEM_1]
De la confusión inicial a la innovación científica: el desarrollo de la Técnica del Insecto Estéril
Según The Texas Tribune, la lucha contra el gusano barrenador comenzó con muchas dificultades. Inicialmente, la plaga se confundía con otras especies, como la mosca azul. No fue hasta 1933 que los investigadores lograron identificarla correctamente y rastrear su expansión desde el suroeste hacia el sureste de Estados Unidos, facilitada por el traslado de animales infestados.
El entomólogo Edward F. Knipling, oriundo de Texas, desempeñó un rol fundamental en la investigación científica. Knipling explicó que “lo que realmente necesitábamos era alguna forma de controlar al gusano barrenador antes de que atacara a los animales, en lugar de esperar a que los animales ya lo tuvieran y entonces tratar de controlarlo”. Y agregó: “Me di cuenta de que así nunca se lo controlaría de verdad. Lo que necesitábamos era una medida preventiva”.
Uno de los primeros avances, destacó The Texas Tribune, fue la creación de Smear 62, una pasta con veneno activo que podía aplicarse tanto en heridas húmedas como secas. Una sola dosis eliminaba todos los gusanos presentes y protegía contra nuevas infestaciones hasta que la herida cicatrizara.

Un informe del USDA señaló que el producto no repelía a las moscas adultas, permitiendo que siguieran depositando huevos sobre las heridas tratadas. Esto aseguraba que las larvas murieran al nacer, interrumpiendo el ciclo de vida del parásito.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Knipling comenzó a desarrollar la idea de utilizar moscas estériles para romper el ciclo reproductivo del parásito. Aunque su propuesta inicial no fue considerada, Raymond Bushland trabajó paralelamente en la esterilización de moscas mediante radiación de rayos X.
Ambos científicos desarrollaron la Técnica del Insecto Estéril (Sterile Insect Technique), que permitió liberar millones de insectos incapaces de reproducirse, reduciendo drásticamente la población silvestre. Las primeras pruebas se realizaron en la isla de Sanibel (Florida) y en Curazao.
B.A. Bitter, veterinario en la isla caribeña, relató que la infestación afectaba a todo tipo de animales y que solo la vía biológica parecía viable. En ambos casos, la liberación masiva de moscas estériles logró reducir la presencia del parásito hasta niveles manejables.

Estrategias de erradicación y cooperación internacional
A partir de 1958, la legislatura de Florida y el gobierno federal destinaron fondos para construir una planta de producción masiva de insectos, con capacidad para generar 50 millones de moscas estériles por semana.
The Texas Tribune afirmó que el modelo fue replicado en Texas, donde productores, legisladores y funcionarios federales crearon la Southwest Animal Health Research Foundation, una organización sin fines de lucro que recaudó más de USD 3 millones para la campaña.
Los brotes continuaron, especialmente después de eventos climáticos extremos como huracanes, que favorecen la dispersión del insecto. En 1972, la relajación de las cuarentenas y el clima cálido y húmedo en México y el sur de Estados Unidos abrieron la puerta a un rebrote mayor, que obligó a un esfuerzo coordinado sin precedentes.
En 1976, la magnitud de la crisis llevó a la firma de un acuerdo internacional entre el secretario de Agricultura de Estados Unidos, Earl Butz, y su homólogo mexicano, Manuel Bernardo Aguirre.
Así nació la Comisión Conjunta de Erradicación del Gusano Barrenador México-Estados Unidos, que permitió extender el modelo de control al territorio mexicano. El éxito fue evidente: para 1980, los estados del norte de México estaban libres del parásito y, dos años después, en 1982, se reportó el último caso autóctono en Estados Unidos. Desde entonces, solo se detectaron casos importados.

Lecciones del pasado y desafíos actuales
La experiencia histórica demuestra que el control aislado, basado en intervenciones limitadas a cada establecimiento, no fue suficiente para frenar la expansión del gusano barrenador. La clave del éxito radicó en la cooperación internacional, la inversión sostenida y la aplicación masiva de la Técnica del Insecto Estéril.
Knipling lo había advertido años antes: “No podemos abordar estos problemas de plagas intentando simplemente controlarlos año tras año, granja por granja. Nunca habríamos controlado el gusano barrenador de esa manera”.
Hoy, según The Texas Tribune, el resurgimiento del gusano barrenador plantea el desafío de aplicar las lecciones aprendidas y mantener una respuesta coordinada y preventiva. La vigilancia constante, la financiación adecuada y la innovación científica son fundamentales para evitar un retroceso sanitario y económico de gran escala.
La historia reciente enseña que, frente a amenazas transfronterizas como esta, la reducción de fondos y el aislamiento debilitan las defensas. El caso del gusano barrenador es un recordatorio de la vulnerabilidad de los sistemas productivos y de la necesidad de respuestas integrales y sostenidas en el tiempo.
Fuente: Infobae