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Detrás del lubricante: así funciona la importación química en un mercado cambiante

“La cadena de suministro no nace con el proveedor al que vos le colocás el pedido, sino que ese proveedor tiene a su vez su cadena hacia atrás”. Con esa visión integral, Magalí analiza los retos del comercio exterior en la industria química: desde la clasificación arancelaria hasta el transporte, pasando por imprevistos que ningún manual anticipa.

¿Qué rol juega el comercio exterior en el mundo de los lubricantes?

Un lubricante está presente en prácticamente todo: maquinarias de cualquier sector, alimentos, automoción, turbinas de molinos eólicos, e incluso en la grasa del levantavidrios de un auto. Está en todas partes. Por eso, aunque hay una producción nacional importante, también existe la importación, tanto de materias primas para fabricar como de producto terminado para cubrir sectores sin oferta local.

El comercio exterior ingresa en este punto: mediante la importación de diversos tipos de aditivos, ácidos y otras materias primas que forman parte de la fórmula del producto final. Algunos provienen de empresas del mismo grupo y otros de proveedores externos.

Logística y regulaciones: ¿qué tan complejo es el proceso?

En tema de regulaciones, este rubro no exige demasiadas certificaciones, salvo en el caso de los lubricantes de uso alimenticio. Estos requieren una certificación especial porque se aplican en maquinarias que producen alimentos, aunque no entran en contacto directo con ellos. Para el resto de productos, las posiciones arancelarias no necesitan autorizaciones adicionales. La importación es bastante directa en ese aspecto.

En cuanto al transporte, la variedad es amplia: importaciones a granel en flexibag, tambores, baldes y envases más pequeños. Se mueve por todos los medios: terrestre, marítimo y aéreo, según la urgencia. Casi siempre se opta por el marítimo, pero el material se desplaza por todas las vías.

Condicionantes específicos en el transporte de esta carga

Todo depende del tipo de carga IMO. Según su nivel de peligrosidad, puede o no viajar en avión de pasajeros; si no, va en carguero. Tanto por aire como por tierra o mar, se requiere una declaración particular de mercancías peligrosas. La mayor parte de las importaciones del sector no son carga peligrosa, pese a ser productos químicos. Pero igualmente llevan esa declaración, que es prácticamente lo único exigido.

Un dato que muchos desconocen: la decisión final de cargar una mercancía en el avión no la toma el transportista, sino el piloto. Si hay cargas incompatibles a bordo o se excede el peso máximo permitido para cierto nivel de peligrosidad, la carga puede quedarse en tierra y viajar en el vuelo siguiente. Por eso, muchas veces las cargas llegan con más demoras que los pasajeros.

Clasificación arancelaria: un terreno cambiante

Este aspecto es muy dinámico. Puede ocurrir un cambio de posiciones arancelarias, eliminarse una del nomenclador que justamente se usaba, y hay que buscar dónde encuadrarlo. Eso sucede constantemente, y en Argentina aún más, con todos los cambios de legislación y normativa de los últimos años.

“Yo no parto de una base de comercio exterior, sino de abogacía. Y eso resultó útil: no salís de la facultad con este conocimiento específico, pero sí con la capacidad de entender una norma y de vincular una norma con otra, quizás de una manera más fácil que alguien que no haya estudiado derecho. No es excluyente, pero me sirvió como herramienta para entender el todo”, explica Magalí.

¿Hacia dónde se dirige la industria?

La tendencia global apunta a una producción más sostenible en términos ambientales. Desde hace años existen lubricantes biodegradables, y la tecnología para lograr esa biodegradabilidad se sigue perfeccionando. Hacia allí se encamina la industria, y no está tan lejos.

En el mercado argentino la transición es más lenta, quizás por la situación general del país y la dificultad de proyectarse a largo plazo. Las industrias están más concentradas en resolver el presente. Sin embargo, la dirección es esa. Pasito a pasito.

Lecciones tras 20 años en el sector

“Hay que tener mucha paciencia. Los imprevistos son muchos y la cadena de suministro es muy larga. Si al proveedor le falta una materia prima porque en su propia cadena hubo un problema climático, bélico o de cualquier tipo, eso te impacta, no directamente, pero te impacta. Y no frustrarse con eso”, reflexiona.

Lo más valioso, según Magalí, es ir acumulando experiencia para no empezar de cero cada vez. “Cuando aparece una situación complicada que ya viviste de alguna forma, tu punto de partida no es cero sino un poco más adelante. Eso es lo que hace entretenido al trabajo: siempre estás aprendiendo algo que te queda para la próxima”, concluye.

Fuente: Infobae

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