BTS enloquece a Madrid: crónica del espectacular regreso a los escenarios

¿Realmente BTS está a la altura de las expectativas? Esa es la interrogante que flotaba sobre el grupo surcoreano, que este viernes —y también mañana sábado— llegó al Riyadh Air Metropolitano para congregar a más de 120.000 personas. A las 20:20 horas, el misterio comenzó a resolverse. Los protagonistas son siete jóvenes convertidos en la boy band más influyente del planeta, artistas meticulosamente formados para cantar, rapear, bailar y modelar. La ambición del montaje es innegable y está a la altura de lo que se espera de personas entrenadas desde su debut.

El septeto, integrado por RM, Suga, Jimin, J-Hope, V, Jin y Jungkook, no solo pisó suelo español por primera vez desde que arrancaron su carrera en 2013, sino que además dio inicio a la etapa europea del Arirang World Tour. Esta gira coincide con el lanzamiento en marzo de su quinto álbum de estudio, cuyo título evoca la canción folclórica más emblemática de Corea del Sur y reivindica sus raíces tras cuatro años de pausa por el servicio militar obligatorio. Sin embargo, nadie debe esperar un recital de tradiciones, sobre todo después de que el Metropolitano albergara diez noches el espíritu boricua de Bad Bunny.

La velada era especial de por sí, pero aún más considerando que esta gira representa su comeback, su regreso tras cuatro años de parón para cumplir con el servicio militar —una obligación legal para todos los hombres surcoreanos menores de 35 años—. “¡Vamos a volvernos locos!”, exclamó J-Hope en un español en ciernes al inicio del concierto. Y vaya si lo logró.

Primera noche de BTS en Madrid, el 26 de junio de 2026 en el estadio Metropolitano. (HYBE/BIGHIT MUSIC)

Las seguidoras del grupo, conocidas como ARMY (acrónimo de Adorable Representative MC for Youth), rompieron cualquier audímetro. Un informe del Defensor del Pueblo remitido a la Asociación Vecinal Las Musas‑Las Rosas hace apenas dos semanas reveló que dos conciertos del año pasado en el mismo recinto —los de AC/DC e Imagine Dragons— fueron sancionados por exceso de ruido. Si el de anoche superó esos niveles aún está por confirmarse, pero rara vez se ha sentido un aturdimiento semejante provocado por la euforia. No hace falta remontarse a los Beatles. No tienen nada que envidiar ni a las seguidoras de One Direction ni a las de Justin Bieber. Incluso Ruido Bernabéu, la cuenta de X que recopilaba quejas vecinales durante los conciertos en el estadio madridista en 2024, debió escuchar los ecos del Metropolitano.

Un recinto 360 grados con luces y sombras

Ya no están las pulseras de luces parpadeantes de Taylor Swift o Coldplay, ni las cámaras lumínicas que repartió el cantante puertorriqueño hace dos semanas. En Corea se llevan los lightsticks. Así, a las 20:19 horas, con casi veinte minutos de retraso, una multitud de army bombs —bastones-bombilla de mano cuyo precio oficial ronda los 70 euros— se alzaron al cielo acompañados de gritos ensordecedores y un recinto de 360 grados listo para recibir a los siete artistas. Medio centenar de bailarines irrumpió desde los extremos entre bengalas de humo rojo, dando inicio a un espectáculo diseñado para ofrecer una visión privilegiada desde cualquier punto del estadio. Para ello se instalaron pantallas gigantes que permitían no perderse ni un detalle del idol favorito. Sin embargo, lejos de convertir el escenario en un parque temático, solo en el centro se colocó una pequeña plataforma negra que subía y bajaba según la puesta en escena. Los bailarines, los protagonistas y el despliegue técnico hacían el resto.

Precisamente por esto, en algunos momentos el concierto se sintió algo irregular. Dividido en tres actos y acompañado de un griterío constante que no cesó ni un minuto, la velada alcanzó su punto cumbre en la segunda parte. Fire, Body to Body y, sobre todo, Idol, convirtieron el escenario en una exhibición de potencia escénica. Alrededor de medio centenar de bailarines irrumpieron —algunos caracterizados como guerreros con largas espadas luminosas al estilo Star Wars— hasta que, en el clímax de Idol, recorrieron el perímetro entre banderas con el logo de BTS. En ese momento, la producción dejó de impresionar para convertirse en un espectáculo descomunal.

Primera noche de BTS en Madrid, el 26 de junio de 2026 en el estadio Metropolitano. (HYBE/BIGHIT MUSIC)

Lo negativo de alcanzar un punto tan alto es que el resto corre el riesgo de parecer menos impactante. Más aún cuando la selección de 23 canciones que, según la playlist oficial de Spotify, apenas supera la hora y cinco minutos, termina transformándose en un show de dos horas y media. El relleno incluye dos pausas de 15 minutos y hasta seis intervenciones para hablar al público. En esos momentos, los artistas aprovecharon para practicar su español: “Uno de mis deseos era venir a Madrid y lo logré. Muchas gracias por venir”, confesó V minutos antes de cerrar el concierto.

A pesar de todo, el fenómeno resiste cualquier análisis. BTS ofrece un espectáculo que, aunque a ratos desigual, se ve impulsado por una legión de seguidores que convierte cada canción en un acontecimiento. BTS no es un grupo a prueba de balas: tiene un ejército entero.

Fuente: Infobae

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