Desde el inicio de su carrera literaria, Sandra Miró tuvo una convicción clara: sus novelas incluirían personajes LGBTQ+ con roles significativos, alejados de simples adornos. Estos personajes tendrían peso, personalidad propia y, lo más importante, su propio final feliz. La autora compartió esta perspectiva durante su participación en la edición número 50 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en diálogo con Infobae.
Su premisa surge del rechazo a la representación del personaje gay limitado a una sola característica. “No le va a definir solo lo que le gusta o no le gusta. Le va a definir que se llame Javier, que le guste el fútbol, que esté estudiando Traducción”, afirmó. Miró criticó que en series y películas los personajes LGBTQ+ suelen morir primero o quedar con el corazón roto, por lo que decidió romper ese patrón. “También hay finales felices. Igual que en los heterosexuales, también tendrán finales felices”, planteó. Esta decisión generó resistencia al inicio de su carrera: “Me llegaron dudas de alrededores de por qué escribía libros más normales”. Su respuesta fue contundente: “Para mí normal es lo que estoy haciendo”.

Ese mismo enfoque se aplica en otros temas que la autora integra deliberadamente en sus historias. El consentimiento es uno de ellos. “No sabes en qué manos va a caer tu libro. No sabes si va a caer en las manos de una adolescente de doce años o de una mujer de ochenta”, explicó. Aunque su obra se clasifica como juvenil, Sandra aclaró que dicha etiqueta responde a la edad de los personajes, no a la del lector. “Cuanto antes lo tengan claro, mejor”, dijo sobre la relevancia de que los lectores comprendan el consentimiento a través de la ficción.
El feminismo y la igualdad también son pilares constantes en su escritura. Miró los describe no como tendencias pasajeras sino como convicciones: “Me parece ridículo que siga estando por debajo la mujer”. Esta postura se extiende a la representación de personas con discapacidad, a la adopción de animales y a las llamadas red flags dentro de las relaciones. Sobre estas últimas, la autora fue precisa: las incluye para señalar lo que no debería aceptarse, no para romantizarlo. “Te estoy diciendo: esto no está bien, corazón mío. Si tú decides meterte ahí es cosa tuya”.

El proceso de escritura de Yo en tu casa y tú en la mía, el libro que presentó en la feria, comenzó de manera lenta. La idea llegó de forma inesperada, como suele ocurrirle. Sandra estaba de vacaciones en la piscina de un hotel cuando vio a una persona mayor en una silla de ruedas motorizada y pensó en incluir un personaje así en una historia.
De ese detalle surgió primero la abuela Remedios —que se desplaza en su silla motorizada con una habilidad que puede dejarte atrás— y, a partir de ese personaje secundario, la pareja protagonista: Sofía y Noel, dos vecinos que no empezaron con buen pie. “Fue así, de una manera inesperada se me ocurrió y de ahí salió el libro”, contó. Sofía tiene dos trabajos, siempre está agobiada por ahorrar dinero y, aunque tiene pareja, no atraviesa su mejor momento. Noel es su nuevo vecino de arriba. Entre ellos, con perros, canciones y algo de destino de por medio, la historia avanza hacia un retrato del amor que se centra más en el apoyo mutuo, la amistad y la confianza que en géneros o etiquetas.
La página en blanco es el primer desafío, pero a medida que los personajes adquieren personalidad y se convierten en contrapuntos entre sí, la historia empieza a fluir sola. “Una vez los personajes cogen esa personalidad, va rodada la historia”, describió. Según la autora, los primeros seis o diez capítulos son los más difíciles; después, los propios personajes indican el camino hacia el final.

Por otro lado, la escritura y el vínculo maternal van de la mano en la vida de Sandra. Su madre, Megan Maxwell, una de las autoras de romántica más leídas en español, no solo fue quien la acercó a este mundo sino también su interlocutora más cercana cuando la historia no avanza. En esa casa donde conviven las dos, las historias se crean y se debaten.
“Cuando nos bloqueamos en nuestras historias solemos ir al despacho de la otra y como somos personas diferentes, yo le cuento en qué punto estoy de la historia y siempre me dice: ¿por qué no lo enfocas desde este otro punto de vista? Y algo que no se me ha ocurrido a mí se le ocurre a ella”, explicó Miró.

Dar ese paso en la escritura no estuvo exento de dudas. Sandra sabía desde el principio que publicar un libro siendo hija de Maxwell iba a traer comparaciones y críticas. Por eso eligió un seudónimo propio. “Hombre, ya ponerme Maxwell ya va a ser too much, porque bastante me van a criticar”, reconoció. Aun así, dejó en claro que el orgullo pesa más que cualquier juicio ajeno. “Para mí siempre va a ser un honor ser su hija”.
La motivación para seguir escribiendo, dijo, llega desde los lectores. “Ya solo con eso me merece la pena todo el trabajo”, afirmó. Durante la entrevista, con Maxwell presente escuchando atentamente a su hija, la autora contó una anécdota que la marcó: una mujer se acercó a una firma en Chile para contarle que, tras leer dos de sus libros, había aceptado la homosexualidad de su hija. “Y digo: ¿a qué te refieres? Y me dijo: ‘Pues que mi hija es lesbiana, mi marido no lo acepta y yo gracias a leerme tus libros he aceptado’”, relató Miró, que no ocultó su desconcierto ante la situación. “Me alegro mucho, pero tu hija sigue siendo tu hija. O sea, que le guste lo que le guste no significa que no sea la hija que pariste”, respondió.

Su nuevo libro, Un beso al aire, ya está disponible en España y representa, según la propia autora, un paso diferente dentro de la romántica contemporánea: más drama, más apuesta por los sentimientos. La historia sigue a Gabriela y Adrián, dos personas cuyo encuentro transforma sus rutinas, sus prioridades y sus sueños. “Me he metido en una historia como más de ir directa al corazón del lector”, describió. Lo planteó hace dos años y lo presentó a su editora, Rosa, quien le dio luz verde. Sandra reconoció que lo terminó de corregir poco antes de su visita a Argentina y que, con algo de parcialidad propia, cree que le quedó muy romántico.
Sobre la llegada del libro al mercado argentino, la autora no tiene certezas todavía. Lo que sí tiene claro es el vínculo con el público local. Argentina es el segundo año consecutivo que la recibe con los brazos abiertos y Miró lo siente. “A mí Argentina es como que siempre me ha gustado mucho, siempre me ha llamado vuestro acento y he crecido en casa viendo Rebelde Way, Patito Feo, Floricienta, Romeo y Julieta. Entonces, como que venir aquí era como un sueño”, afirmó. Expresó su deseo de volver el año próximo y, de ser posible, hablar entonces de sus nuevos títulos con el público local.
Fuente: Infobae