No hace falta tener un jardín extenso para cultivar alimentos en casa. Según el horticultor Justin Calverley, entrevistado por el Sydney Morning Herald, cualquier rincón con luz, como un alféizar, una mesa cerca de la ventana o un balcón reducido, es suficiente para cultivar hierbas y verduras. La clave está en elegir plantas adecuadas y darles los cuidados básicos.
Opciones para principiantes y espacios mínimos
Calverley, radicado en Melbourne (Australia), sostiene que si una planta dispone de luz, agua y nutrientes, prospera: “En un alféizar, si lo haces sencillo, puedes plantar lechugas, porque tienen raíces pequeñas y caben hasta en una lata vacía”. Entre las variedades más accesibles para quienes se inician, recomienda pak choy, bok choy, cilantro, perejil rizado y eneldo. Si se cuenta con un balcón, las posibilidades se amplían: en macetas se pueden cultivar espinacas, kale, guisantes, brócoli y coliflor.
La experiencia de Wendy Siu-Chew Lee, quien cultivó durante años en espacios reducidos en Sídney, respalda estas afirmaciones. Según relató a The Age, por casi una década mantuvo un huerto en el balcón de su azotea en St Ives (Inglaterra). Para los novatos, sugiere priorizar verduras de hoja y hierbas, ya que crecen rápido y son fáciles de manejar. Destaca el método de “corta y vuelve a crecer”: plantar una o dos lechugas e ir tomando hojas según se necesiten, sin dañar la planta.
“Se cortan solo las hojas de fuera, sin tocar las nuevas ni las raíces, y la planta aguanta”, explica Chew Lee.
Beneficios para la salud y el bolsillo
La profesora Xiaoqi Feng, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, señaló en el Sydney Morning Herald que cuidar plantas en el hogar mejora el ánimo: “Cuidar unas hierbas en el alféizar ya tiene efecto positivo en la salud mental y física”. Además, lo califica como un hábito de consumo sostenible: “Cuando cultivas lo tuyo, solo coges lo necesario y la planta sigue produciendo”. Feng agrega que así se reducen los envases plásticos y se contribuye a “una ciudad más verde y saludable”.
Chew Lee, quien cultiva sin químicos, valora la calidad de lo que produce: “No uso productos químicos y tengo claro que lo que cultivo es limpio, lleno de nutrientes y sabe mejor”. Para maximizar el ahorro, sugiere reutilizar envases y conseguir macetas de viveros en desuso, así como optar por plantones, que son más fáciles que las semillas.
Semillas gratis y comunidad
En Australia, las bibliotecas de semillas están ganando popularidad. Katherine O’Neill, coordinadora de la Biblioteca Newcomb, detalla que en el último año se prestaron casi 19.000 paquetes de semillas en la zona de Geelong. “Es completamente gratis, cualquiera puede pedirlas, sea socio de la biblioteca o no”, explica. El sistema funciona con la devolución de semillas tras la cosecha para que otros continúen plantando. El objetivo fomenta comunidad y mejora la alimentación local. “La seguridad alimentaria es clave en nuestra planificación porque la comida saludable y el bienestar son importantes para todos”, enfatiza O’Neill.
Chew Lee aconseja planificar según el espacio disponible y los gustos personales: “No tiene sentido plantar berenjenas si no tienes paciencia o ni te gustan”. Por su parte, Calverley advierte que muchos fracasan al intentar plantar demasiado desde el inicio, descuidar el riego o no establecer una rutina. “Con la jardinería hay que estar atento y mirar, por ejemplo, si hace calor, ver si las plantas están sedientas”, comenta. El horticultor recomienda aprender observando: “Se trata de pillar el truco a las plantas y entender cómo funcionan”.
Para quienes se inician, Calverley sugiere concentrarse solo en dos verduras por temporada. “Mucha parte de la jardinería de alimentos está en la cabeza. Y hay que alegrarse con los pequeños logros”, concluye.
Fuente: Infobae