Un alumno de 21 años comienza a enviarle cartas, mensajes y notas a su profesora de 49. Ella siente que hay algo que no debe sentir. Así inicia Un amor sin futuro, la nueva novela de Betina González, que encabeza las recomendaciones de esta semana.
También se comenta Pipa y el cumpleaños embrujado, de Nicolás Schuff y Krystopher Woods. Un cuento contemporáneo, dirigido a niños —aunque el autor desconfía de esa etiqueta, afirmando que si lo disfrutas es para ti—, con un par de brujas que sorprenden.
Finalmente, se incluye La valija de Lionel, un cuento de Hernán Casciari en un ebook que también contiene el relato Messi es un perro. En esta historia, el capitán argentino es retratado como inmigrante y humano. Se dice que el propio Messi y su esposa Antonella se emocionaron al leerlo. Y con razón.
1) “Un amor sin futuro”, de Betina González

Ella es profesora de literatura, él escribe. Él parece profundo, serio y hermoso, aunque la narración en segunda persona tan cercana a ella no permite certezas. Ella lo ve así, pero no quiere sentir nada, es una locura. Sus amigas, casi todas, le aconsejan que no se involucre. Hasta una biblioteca entera le dice que no debe quererlo.
Pero él insiste, enviando mensajes encriptados. Con 28 años de diferencia, la palabra clave aparece cada 28 letras en sus textos, como un código para ella. ¿Está mal? De parte de él, no. De parte de ella…
La profesora —y González— han tomado dos precauciones: el primer encuentro ocurre después de que terminan las clases y ella deja de ser su docente; y él es mayor de edad. Esto no simplifica el conflicto, sino que lo profundiza. No es un tema legal, sino una postura frente al amor. El título ayuda: “sin futuro”. ¿Qué es el amor, un fondo de inversión, que evaluamos según su rendimiento a largo plazo?
Aunque se intuyen las intenciones de él desde el principio, al principio se habla mucho de literatura. Por ejemplo:
“No le dijiste que la poesía en realidad era una trampa, que a pesar de que lo hemos olvidado, hace milenios era un oficio secreto, que antes de sitiar una ciudad, los romanos escribían poemas para hacer salir de ella a sus dioses tutelares, que hubo un tiempo en que se confiaba a los poetas el poder de cambiar el día en noche, torcer las estrellas, mudar los ríos. Y, comparado con una ciudad amurallada o las fuerzas de la naturaleza, ¿qué es el corazón de una mujer?”

El tema —relación entre profesora y exalumno— fue tratado anteriormente por Gabriela Saidón en su novela Cartas quemadas, con una profesora y una alumna de 18 y 36 años, donde también se entrecruzaban pasión y literatura.
En Un amor sin futuro, González también aborda cómo es la generación que viene, cuánto sufre, en qué mundo vive. Aquí, la profesora actúa como “un marciano que mira el mundo”, alguien que observa desde afuera, a quien deben mostrarle lo obvio para los jóvenes, y que empieza a comprender.
Me atrevo a decir que esa mirada sobre la nueva generación es la apuesta principal del libro. Para dejarlo claro, aparece Emily, otra alumna —la profesora la rebautiza así en honor a Emily Brontë, autora de Cumbres borrascosas, que murió a los 30 años: intensidad, oscuridad, romanticismo—. Emily hace la crónica de su época y su gente: están agotados, quebrados, solos. La ansiedad es la marca de su tiempo. Y tienen 21 años.
“A los veintiún años, Emily tiene ya varios amigos muertos. Algunos por culpa de las drogas y las transas, otros por falta de razones para la vida”, cuenta la voz narrativa. Emily, a su vez, le habla de un rapero exitosísimo, de ese éxito instantáneo que generan las redes. En la cima de su fama, sale a esperar un auto, no tiene paciencia, y se mata porque necesita cambiar de lugar YA. (Después se insinúa que es una historia inventada por Emily, pero no importa).
Son chicos que muy jóvenes “ya lo vieron todo”, que ya fueron deseados, que ya pasaron de cuerpo en cuerpo. Viven en un mundo de competencia y apuro. Y, sin embargo… se conocen en un curso de escritura. Porque la Historia nunca termina, porque nunca está todo dicho.
2) “Pipa y el cumpleaños embrujado”, de Nicolás Schuff y Krystopher Woods

Por si acaso: el argentino Nicolás Schuff, autor del texto de Pipa, es el mismo que escribió La guerra de Troya y Las aventuras de Ulises, esos libros ilustrados que recrearon las grandes historias griegas (y de la humanidad) y que hoy se consiguen hasta en Grecia.
Dicho esto: Schuff y Woods escriben una historia de fantasía, deliciosa, pero muy acertada: una niña que cambió de escuela y no tiene amigos. Una madre que quiere conseguirle amigos como sea. Un cumpleaños al que la niña no quiere ir, pero va porque su madre lo dispone. Y un disfraz: es clave. Le arman un disfraz de bruja. Atención a eso, porque el hábito hace al monje.
En el cumpleaños, la niña, lógicamente, está sola. Pero suceden cosas: aparece una bruja de verdad. Una bruja-bruja que hará una maldad. ¿Quién puede arreglar la maldad de una bruja? Bueno, otra. Sí, hay una a la vista.
Así, un libro que no mira hacia otro lado sobre lo difícil que es hacer amigos nuevos —¿hay que ser bruja?— pero que también habla del sentido de justicia, de la inteligencia, del arrojo de una niña. Que puede ser lo que quiere ser en el momento que quiere serlo. Que busca caminos.
Si no lo tienen, alquilen un niño para leer “Pipa…”. Puro disfrute.
3) “La valija de Lionel”, de Hernán Casciari

Ya lo dije: La valija de Lionel forma parte de un ebook gratuito junto con otro relato, Messi es un perro. Pero quiero detenerme en este. Que empieza:
“Por lo que supe después, Messi había llegado a Cataluña, con sus padres y sus hermanos, igual que la mayoría de nosotros: en el año 2000, en completo estado de indefensión. Su llegada ocurrió al mismo tiempo que la de miles de argentinos. Cada uno de nosotros tenía una razón diferente para contarlo, pero todas las razones al final eran la misma: el dinero y la estabilidad.”
Casciari —periodista, escritor— tuvo una idea sensible y precisa: no ver al monstruo de Messi como un monstruo, sino como un chico alejado de su tierra. Y, en ese sentido, como tantos. Como el propio Casciari en ese momento.

La valija, se imaginan, es esa, a veces simbólica, que los inmigrantes tienen cerca, sin guardar, para no perder tiempo el día cercano en que puedan regresar. Escribe: “(…) cuando Lionel Messi por fin hilvanaba una frase más o menos larga, se comía las eses, como hacen los rosarinos. Y no solo eso: también decía «ful» en lugar de «falta». Decía «orsai» en vez de «fuera de juego». Decía «gambeta», «tribuna», «hinchada»; y nunca decía «regate», ni «grada», ni «afición». Algunos descubrimos, con alivio, que era de los nuestros, de los que teníamos la valija sin guardar.”
Y un día, frente a noventa mil hinchas, en el Camp Nou de Barcelona, le dan un micrófono a Messi y grita: catalán, que seguramente le recomendaron decir, y otras ocho que le salieron de adentro: “Visca el Barça, visca Catalunya… ¡y aguante Argentina, la concha de su madre!”
Esa ternura, esa imagen, está en el corazón de La valija de Lionel. Casciari volvió al país, Messi se fue a Miami. Barcelona, seguro, sigue en sus corazones. Y la casa de uno, bueno, siempre será la casa de uno.
Fuente: Infobae