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El auge de la IA convierte a ciudad taiwanesa en un oasis de lujo y tecnología

April Lo evoca con claridad aquellos días en que las parcelas más codiciadas de Taiwán no eran más que simples campos de cultivo. Al llegar a la zona hace 16 años, no existían centros comerciales, complejos de oficinas ni restaurantes de alta gama.

“Era un lugar bastante desolado”, recuerda.

Hoy, esa realidad ha quedado sepultada bajo el asfalto y el acero. Los arrozales dieron paso a Hsinchu, sede de la gigante Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) y epicentro global de una industria que mueve la economía mundial: la producción de los microchips avanzados que alimentan el auge de la inteligencia artificial.

Con el despegue de la industria de semiconductores en Taiwán, TSMC comenzó a fabricar chips que hoy están presentes en prácticamente todos los dispositivos electrónicos. Entre ellos se cuentan los codiciados aceleradores de IA diseñados por Nvidia, la empresa más valiosa del planeta. Los agricultores fueron cediendo terreno ante la llegada de fábricas, oficinas y rascacielos de lujo. El tren de alta velocidad que conecta las principales urbes taiwanesas transporta ahora a 80 millones de personas al año justo por el ‘patio trasero’ de Lo.

En el norte de Hsinchu, una zona bautizada como Zhubei, los precios de la vivienda se han disparado. Los compradores compiten por un lugar en listas de espera de varios años para adquirir departamentos nuevos cerca del Parque Científico de Hsinchu, donde TSMC tiene su cuartel general. Han florecido clínicas de cirugía estética, restaurantes de lujo y gimnasios exclusivos, todos orientados a atender a los trabajadores del sector tecnológico que se benefician de las riquezas generadas por la IA.

En los últimos seis años, los hogares situados cerca del Parque Científico de Hsinchu han registrado algunos de los ingresos más elevados de todo Taiwán. En un barrio específico, el ingreso medio por hogar superó los $146.000 dólares en 2023, una cifra aproximadamente cinco veces superior al promedio nacional.

Esta bonanza ha dado origen a la figura de la llamada “Zhuke Mama”: una mujer cuyo esposo trabaja en la lucrativa industria de los semiconductores, lo que le permite dedicar su tiempo a actividades como asistir a clases de pilates, buscar casas de vacaciones en Tailandia y supervisar el rendimiento académico de sus hijos.

Mientras que el resto de Taiwán y gran parte del este de Asia lidian con un fuerte declive demográfico, en Hsinchu han nacido tantos niños en los últimos años que las escuelas no dan abasto. Las preparatorias públicas de la zona ahora solo admiten alumnos con calificaciones suficientemente altas en los exámenes de admisión, una práctica que Lo y un grupo de madres han protestado. Quienes no alcanzan el puntaje mínimo deben trasladarse a otro distrito escolar.

“La población se disparó”, afirmó Lo. “La competencia se ha vuelto muy intensa”.

Hoy, Hsinchu supera el millón de habitantes. Quienes no tienen vínculos con el sector tecnológico han quedado, en gran medida, marginados por los altos costos de vida. La riqueza generada por los semiconductores no se ha traducido en incrementos salariales para otras áreas. Aunque los chips impulsan exportaciones récord, las cifras globales ocultan una brecha creciente entre los conectados a la industria y el resto de la población.

El centro comercial local, Big City, se ubica ahora entre los centros minoristas de mejor rendimiento en Taiwán. Durante sus grandes rebajas de diciembre, generó más de $100 millones de dólares en apenas 12 días, lo que representa un incremento del 6% respecto al año anterior, según su director general, Alex Ro.

El centro comercial es un verdadero templo dedicado a los nuevos ricos de Hsinchu. Alberga una sala de exposición de Tesla en la primera planta, a pocos pasos de una Apple Store. En Brooks Brothers, el precio de algunos trajes alcanza los $1.500 dólares, una cantidad superior al salario mensual de la mayoría de los trabajadores minoristas.

Varias veces al año, los ingenieros de las empresas de semiconductores reciben bonos equivalentes a varios meses de sueldo. Es entonces cuando acuden a la agencia inmobiliaria de Lin Ping-yang.

“Mis clientes suelen decirme que no saben qué hacer con sus bonos”, comentó Lin. “Así que o se compran un coche nuevo o usan el dinero como enganche para una vivienda”.

Lin asegura que en los últimos diez años, los precios de las viviendas en Zhubei se han duplicado.

La historia de la familia de Hu Han-yen refleja la transformación de Hsinchu.

De grúas a chips: la apuesta de una familia

Hace cuatro décadas, la empresa de grúas de construcción de su padre, Chi Deh Crane Engineering, ayudó a levantar algunas de las primeras fábricas del Parque Científico de Hsinchu, incluyendo la primera planta de fabricación de TSMC.

En aquel momento, la industria de semiconductores de Taiwán no era más que un experimento financiado por el gobierno. Las empresas que necesitaban chips tenían que asumir el enorme costo de su fabricación, lo que exigía una inversión constante en nuevas tecnologías. Sin embargo, TSMC revolucionó el sector al ofrecer un modelo diferente: los clientes diseñaban los chips y TSMC se encargaba de fabricarlos.

Hu apostó por esta incipiente industria. Invirtió los ahorros familiares para importar enormes grúas capaces de construir fábricas, aeropuertos y rascacielos.

Ahora, Chi Deh es la empresa de confianza para transportar las complejas máquinas de alta precisión fabricadas por la firma neerlandesa ASML, que contribuyen a que Taiwán mantenga su ventaja en la fabricación de chips.

Hu se hizo famoso por su estilo extravagante; suele vestir prendas con estampados florales de colores vivos y publica fotos de sí mismo junto a sus grúas en redes sociales. Para celebrar su éxito, construyó una lujosa oficina a las afueras de Hsinchu para su empresa familiar. El edificio está inspirado en la grandiosidad de las columnatas de Versalles, y su fachada de un blanco inmaculado le otorga un aire de autoridad presidencial. En el interior, las vitrinas están repletas de arte contemporáneo y enormes botellas de kaoliang, un apreciado licor taiwanés elaborado con sorgo.

“Este lugar solía ser un páramo desolado”, dijo Hu. “Ahora es completamente diferente. Una transformación total”.

Amy Chang Chien es reportera e investigadora del Times en Taipéi, desde donde cubre Taiwán y China. Meaghan Tobin radica en la misma ciudad y cubre negocios y tecnología en Asia, con especial enfoque en China.

Fuente: Infobae

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