Cuando los Guinness World Records le otorgaron el título de la dieta más extraña del mundo, la distinción llegó en una placa de bronce. Michel Lotito la recibió, la observó con detenimiento y, acto seguido, se la comió. Ese gesto resume, mejor que cualquier anécdota, la esencia de este francés nacido el 15 de junio de 1950 en Grenoble, Francia.
Durante décadas, Lotito se presentó ante audiencias en su país, Sudamérica y Canadá, ingiriendo metal, vidrio y goma. Cobraba hasta 1.000 dólares por día por sus actuaciones y falleció a los 57 años. Su apodo lo dice todo: Monsieur Mangetout, el señor que come todo.
El inicio de una rareza
Su historia no comenzó en un escenario, sino con un vaso roto. Según relató el propio Lotito a los Guinness World Records, todo sucedió cuando tenía alrededor de 16 años:
“Rompí accidentalmente un vaso mientras bebía y me quedó un trozo en la boca. Sabía que otras personas habían comido vidrio en el pasado y decidí que yo también podía hacerlo. Después pasé a las hojas de afeitar, los platos y pequeños trozos de metal como tuercas y tornillos”.
Algunas fuentes sitúan el inicio de este hábito entre los 6 y 9 años. Los Guinness World Records señalan que Lotito comenzó a desarrollar tolerancia al dolor a los ocho años mediante la sofrología, una técnica que combina autohipnosis con métodos de relajación para el control del dolor.

Lo que en un principio fue una rareza adolescente se convirtió, a los 16 años, en un número de varieté. Ese pequeño show, con el tiempo, se transformó en una carrera internacional.
El método detrás del truco
Lotito no se sentaba a la mesa y masticaba un televisor. El proceso era metódico. Primero cortaba cada objeto con una sierra eléctrica hasta reducirlo a trozos del tamaño de una pastilla. Después los tragaba enteros, sin masticar, acompañados de aceite mineral y grandes cantidades de agua, que actuaban como lubricante para proteger sus órganos internos.

“Siempre pedía la asistencia de un médico. Me daban todo tipo de consejos, como comer alcauciles o aceites de parafina junto con el metal para facilitar las cosas, pero pronto me di cuenta de que era mejor simplemente beber varios litros de agua”, contó Lotito a los Guinness World Records.
El límite que se imponía era de aproximadamente 900 gramos de material por día. Los gastroenterólogos que le hicieron radiografías confirmaron que esa era la cantidad máxima que su organismo podía procesar sin consecuencias graves.
Los números que dejó su carrera son difíciles de asimilar. Entre 1959 y 1997 consumió, según los Guinness World Records, más de nueve toneladas de metal. El inventario completo incluye:
- 18 bicicletas
- 15 carritos de supermercado
- 7 televisores
- 6 arañas de iluminación
- 2 camas
- Un par de esquís
- Una computadora
- Un ataúd con manijas
- 500 metros de cadena de acero
- Una cama de agua

La bicicleta fue el objeto que lo catapultó a la fama internacional. En 1977 se comió una entera en 15 días. Un año después batió su propio récord: tardó solo 12 días en consumir más de 6,8 kilos de bicicleta. Como guarnición, ese mismo día ingirió 100 hojas de afeitar, dos platos y un vaso, todo acompañado de 10 botellas de aceite mineral y unos 95 litros de agua, según informó en su momento el diario canadiense The Leader-Post.
Durante esa misma exhibición, Lotito dobló monedas con los dientes y se sometió a que ocho hombres le apretaran el brazo con una pinza gigante. Los organizadores le pagaron 5.000 dólares, equivalentes a unos 24.500 dólares actuales.
La popularidad abrió una puerta que Lotito no dudó en cruzar. “La gente empezó a pedirme que comiera algo más grande y yo dije: ‘OK, creo que puedo comerme una bicicleta’. Fue un gran éxito: me llamaron para hacer programas de televisión en Sudamérica y Canadá”, recordó.
La avioneta y la controversia
Después de la bicicleta vino el desafío más ambicioso de su carrera. En 1978, Lotito comenzó a ingerir una avioneta Cessna 150, que completó en 1980. El Guinness Book of Records de 1984 ya registraba esa hazaña junto con el haber deglutido un carrito de supermercado y siete televisores.
El periodista Ben Sherwood, autor de la novela The Man Who Ate the 747, entrevistó a Lotito por teléfono en 1999 mientras investigaba para su libro. “Monsieur Mangetout dice que consumió una avioneta Cessna y explicó su técnica con considerable detalle. Recuerdo que dijo que las cubiertas de goma eran la parte menos apetitosa del avión”, contó Sherwood al sitio web Snopes. La entrevista, según describió el periodista, se realizó en francés con la esposa de Lotito gritando respuestas de fondo.

Snopes advierte que nunca pudo verificar de forma independiente que Lotito haya consumido el avión completo. No existe documentación que lo confirme con certeza. Lo que sí está documentado es que Lotito afirmó haberlo hecho y describió el proceso en múltiples ocasiones.
Los Guinness World Records le otorgaron oficialmente el título de dieta más extraña del mundo, aunque la organización reconoció posteriormente que extrañeza no es un criterio objetivo ni medible, por lo que el récord fue retirado de su lista activa.
Un cuerpo único o un problema mental
Michel Lotito sostenía que su cuerpo era biológicamente distinto al de cualquier otra persona. “Mis dientes son increíblemente fuertes: su resistencia fue medida en ocho toneladas por centímetro cuadrado. Pero también segrego jugos potentes que hacen que las hojas de afeitar se derritan en mi boca; mis jugos gástricos son tan poderosos que, durante una endoscopía, los médicos observaron cómo atacaban los objetos con una espuma corrosiva que comía el metal”, declaró.
Los gastroenterólogos que lo examinaron confirmaron que su revestimiento estomacal e intestinal era aproximadamente el doble de grueso que el de una persona común, lo que explicaría por qué los objetos cortantes no le perforaban los órganos internos.

Pero su médico de cabecera de toda la vida, Bernard Morzol, tenía una lectura diferente. En el programa televisivo Wild and Weird, Morzol describió los hábitos de Lotito como “más un problema mental” que una condición física. “Nunca encontramos una explicación médica válida: las biopsias y los análisis de sangre mostraron que su organismo es igual al de cualquier otra persona”, afirmó.
Los especialistas señalaban otra diferencia: Lotito digería metal sin mayores inconvenientes, pero los plátanos y los huevos duros le provocaban acidez e indigestión.
El espectáculo y la muerte
Las presentaciones de Lotito no se limitaban a ingerir objetos. Su alta tolerancia al dolor era parte del espectáculo. El público le prendía fósforos bajo las uñas, le arrojaban dardos a la espalda, le apretaban la piel de los brazos con alicates. Lotito lo permitía todo y lo incorporaba como parte de su número. Según el diario The Madison Courier, que cubrió sus actuaciones en 1980, llegó a cobrar cerca de mil dólares por día por ese tipo de presentaciones.
La sofrología que había practicado desde los ocho años le daba, según él mismo explicó a los Guinness World Records en 2006, una capacidad de disociación del dolor que le permitía atravesar esas situaciones sin reacciones visibles.

El médico Morzol fue el primero en advertir, antes de la muerte de Lotito, que el cuerpo de su paciente “empezaba a desgastarse” después de décadas de ingesta de objetos inusuales. “Agredir el estómago y los intestinos de esta manera inevitablemente plantea la pregunta sobre la supervivencia, pero no tenemos una respuesta. Es un prototipo; no sabemos qué va a pasar”, declaró.
Michel Lotito murió el 25 de junio de 2007, hace 19 años. Oficialmente, falleció por causas naturales. Está enterrado en el cementerio de Saint Roch, en su ciudad natal, Grenoble.
Nunca se estableció con certeza qué papel jugó su dieta en su muerte. Los médicos que lo atendieron no llegaron a un consenso. Su organismo, según las pruebas disponibles, era el de una persona común.
Fuente: Infobae