La tragedia no da tregua a Venezuela. Tras el ataque militar estadounidense del pasado 3 de enero, que resultó en la detención de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, los ciudadanos creían haber superado lo peor. Sin embargo, este 24 de junio, el país sufrió el peor terremoto en décadas, dejando una estela de desolación y testimonios desgarradores.
No fue uno, sino dos sismos consecutivos los que aterrorizaron a la población venezolana. En cuestión de minutos, los grupos de mensajería se llenaron de relatos de pánico y desesperación.
“Hermano, yo sentí que mi casa se derrumbaba. En un momento dije: ‘¡Hasta aquí llegamos!’”, confiesa un habitante de Caricuao, en el oeste de Caracas. Otra señora, atrapada en su vivienda, narra: “La reja se descuadró. Ha temblado tres veces acá en Los Ilustres”. Logró salir gracias a que sus vecinos consiguieron un gato hidráulico para auxiliarla.
Un residente del centro de la capital relata: “Mi familia está bien, pero tenemos el apartamento parcialmente destruido”. En la zona de El Marqués, una publicista admite entre lágrimas: “Fue muy fuerte. De decirte que lo que pude fue rezar a San Miguel y hasta se me salieron las lágrimas”.

Desde Miami, un venezolano clama ayuda: “Mi madre de 93 años vive en un edificio que sufrió daños estructurales. Si alguien sabe de refugios de emergencia, por favor comparta la información”. En Los Palos Grandes, una de las zonas más golpeadas, una vecina describe el caos: “Todo se vino al suelo. Se rompió el tanque de agua del edificio y corren ríos de agua por los pasillos”.
Impacto y memoria
Un profesor compara el sismo con el de 1967, que hasta ahora era el referente histórico: “Yo era un niño de 5 años cuando el de 1967. Me acuerdo clarito. Este me pareció más fuerte y mucho más largo”. En El Hatillo, una madre expresa su asombro: “Fue horrible. El cuarto de mi hija se resquebrajó. Nunca en mi vida había visto algo así”.
Un feligrés lamenta la pérdida del patrimonio: “Desde hace más de dos años estamos recuperando la iglesia de San Diego de Los Altos con mucho sacrificio, sin ayuda oficial, y con el terremoto se ha perdido gran parte del trabajo realizado”.

La angustia se extiende a la búsqueda de desaparecidos. Una mujer implora: “Necesito una persona que vaya al Colegio Madre Emilia en Maiquetía, estado La Guaira, para que me dé estatus del paradero de mi prima, quien tiene 70 años y movilidad reducida”. En el municipio Chacao, uno de los más prósperos pero ahora sumido en la tragedia, una artista escribe: “Me estoy tomando unos güisquis con amigos. El edificio caído al lado de mi casa me desarticuló el alma. Tanta gente conocida. Un edificio de 12 pisos que quedó de la altura de tres”.
En medio del horror, un toque de ironía cierra la conversación. Un hombre comenta: “Mi madre, que tiene 99 años, dice que ya lo que nos falta es que a Venezuela lleguen los marcianos”.
Fuente: Infobae