Durante su etapa universitaria, Natalie Portman vivió la compleja tarea de equilibrar sus estudios en la Universidad de Harvard con la filmación de la saga Star Wars. Esta experiencia la impulsó a buscar reconocimiento personal y a lidiar con el llamado síndrome del impostor. La actriz cursó la carrera de Psicología entre 1999 y 2003, mientras interpretaba a Padmé Amidala en una de las franquicias más taquilleras del cine.
Los inicios de una doble vida académica y cinematográfica
Natalie Portman debutó en el cine a los 11 años con El profesional (León) y, a los 14, firmó para dar vida a un personaje clave en Star Wars. El acuerdo con George Lucas implicaba grabaciones que podían durar varios años.
En una entrevista con la BBC, Portman declaró:
“Sin duda, es un compromiso importante. Firmé para estas películas cuando tenía 14 años y creo que las terminaré cuando tenga 23. Ha sido un camino muy largo, pero ha sido una parte increíble de mi vida. He tenido experiencias muy interesantes, he viajado mucho y he conocido gente genial”.
Al ingresar a Harvard en 1999, la actriz enfrentó una disyuntiva: continuar con la saga o dar prioridad a su formación. Según el libro Queen of Hearts, Portman optó por un arreglo que le permitió filmar únicamente durante los meses de verano, lo que facilitó cumplir con el calendario académico sin dejar sus compromisos profesionales.
Un trato clave con George Lucas
El acuerdo entre Portman y George Lucas impactó la producción de Star Wars. El rodaje del Episodio II – El ataque de los clones se organizó para que todas las escenas de la actriz se grabaran en verano, evitando interferencias con el ciclo lectivo en Estados Unidos. Esta fórmula permitió que Portman mantuviera sus estudios y participara en una de las producciones más taquilleras.

The Queen of Hearts añade que la decisión de Portman surgió de su deseo de avanzar en su formación y no encasillarse en la imagen de joven estrella de Hollywood. El ambiente universitario ayudó a la actriz a desarrollar nuevas habilidades y reforzar su interés en la investigación.
Investigaciones científicas y vida universitaria
Con su nombre real, Natalie Hershlag, Portman publicó en 1998 un artículo en el Journal of Chemical Education titulado “Un método sencillo para demostrar la producción enzimática de hidrógeno a partir de azúcar”. Durante su paso por Harvard, también colaboró en investigaciones académicas. En 2003, publicó un trabajo en la revista NeuroImage, con cinco coautores, sobre la activación del lóbulo frontal durante la permanencia de un objeto.

Además, Portman integró el equipo de investigación liderado por el profesor Alan Dershowitz, colaborando en el libro The Case for Israel. Según testimonios, sus compañeros la describían como una estudiante puntual, preparada y capaz de explicar conceptos complejos.
El peso del síndrome del impostor
A pesar de estos logros, Portman reconoció que sentía la necesidad de demostrar que no era “solo una actriz tonta”. Durante un acto de graduación en 2015, la actriz afirmó:
“Hoy me siento muy parecida a como me sentía cuando llegué a Harvard Yard como estudiante de primer año en 1999. Sentía que se habían equivocado, que no era lo suficientemente inteligente para estar en esta compañía, y que cada vez que abría la boca tenía que demostrar que no era solo una actriz tonta”.

El testimonio de Portman revela una tensión constante entre su solidez académica y profesional y la percepción que tenía de sí misma en un entorno de alta exigencia. La experiencia universitaria, sumada a la presión de una saga cinematográfica global, marcó una etapa en la que la actriz se esforzó por validar sus propias capacidades.
Validación y resiliencia en un entorno de élite
El paso de Natalie Portman por Harvard combinó la exigencia intelectual con la disciplina de sus compromisos cinematográficos. Su caso se ha convertido en un ejemplo de cómo mantener un alto rendimiento en dos ámbitos tan distintos y exigentes.

El reconocimiento académico y su participación en investigaciones científicas reforzaron su imagen como una profesional versátil, aunque el síndrome del impostor acompañó ese recorrido. La actriz logró graduarse en 2003 con una licenciatura en Psicología, consolidando un perfil que trasciende lo artístico. Su paso por la Universidad de Harvard y el universo de Star Wars dejó huella en su carrera y en la percepción pública de su talento. La experiencia de Portman demostró que la validación personal y profesional puede requerir un esfuerzo constante, incluso cuando se encadenan éxitos en escenarios tan dispares.
Fuente: Infobae