Las preocupaciones suelen aparecer en momentos cotidianos, especialmente al despertar, cuando la mente repasa tareas, conversaciones o escenarios futuros, y al final del día, cuando el cuerpo busca descanso pero los pensamientos se niegan a bajar el ritmo.
Estas cadenas de pensamientos repetitivos giran en torno a temas como errores pasados o incertidumbres futuras. Aunque surgen de forma automática, detenerlas no es sencillo. La reacción habitual es buscar distracciones constantes, pero ignorar una preocupación no la resuelve; a menudo regresa con más fuerza, creando un círculo vicioso.
El psicólogo Ángel Macías (@angelmaciaspsicologia) propone una estrategia que parece contradictoria:
“No vas a parar de pensar hasta que no te pares a pensar”.
La importancia de “el ratito para pensar”
Según Macías, las rumiaciones se intensifican al despertar y antes de dormir.
“¿A quién no le ha pasado que se levanta por la mañana y empieza el bombardeo de preocupaciones y pensamientos automáticos? Que ‘por qué hice lo que hice’, que ‘cuánto tiempo más voy a estar así’, ‘y si me deja mi pareja’, ‘y si me equivoco’… Así hasta el infinito y más allá”.

Por la noche, la situación se repite.
“Luego uno llega a casa, se quiere dormir y está hiperactivo porque hay un montón de pensamientos en su cabeza todavía que no se han ido. Y encima agotado porque pensar es hacer algo y eso agota, cansa por igual. Estoy agotado y me quiero dormir, pero hiperactivo y no puedo”.
El error común, según el experto, es la falta de espacios para procesar estos pensamientos. “No paramos de hacer cosas, tenemos la agenda increíblemente apretada”. Para romper este ciclo, propone reservar un tiempo concreto al día: un “ratito para pensar”.
El método consiste en programar diariamente un espacio, por ejemplo de 8 a 8:30 de la tarde, para atender las preocupaciones. Los pasos son:
- Registrar la preocupación en el momento que aparece, anotándola en un bloc de notas o cuaderno.
- Posponer el análisis, recordándose que hay un momento reservado para ello y enfocándose en la actividad presente.
- Revisar la lista en la hora fijada, dedicando media hora a analizar cada pensamiento: si requiere atención, si es distorsionado, o si hay una acción pendiente que planificar.
Macías destaca varios beneficios: disminuye la cantidad de pensamientos durante el día, favorece la conexión con el presente, y reduce el estrés y la ansiedad asociados a la preocupación constante. Lejos de silenciar la mente, la propuesta es escucharla en el momento adecuado. Dedicar un tiempo a pensar puede ser la mejor forma de dejar de hacerlo el resto del día.
Fuente: Infobae