Vida nocturna LGTBI: del bar clandestino al refugio de comunidad

La editorial Capitán Swing ha rescatado un ensayo singular que vio la luz en el mundo anglosajón durante 2021, firmado por Jeremy Atherton Lin, autor también de Deep House y una voz reconocida al analizar la realidad homosexual contemporánea.

Su obra, titulada Gay Bar, funciona como una especie de memorias sobre las salidas nocturnas, pero también como un recorrido histórico por la vida gay en Londres, Los Ángeles y San Francisco. El hilo conductor es claro: cómo los bares condensaron deseo, miedo, comunidad y duelo desde los años noventa hasta la actualidad.

Uno de los datos que estructuran esa memoria se remonta a 1992, cuando Atherton Lin se estableció en Los Ángeles. En aquel entonces, en el condado se reportaron más de 4.000 casos nuevos de sida, y la mayoría abrumadora correspondía a hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres.

Por ese motivo, el libro mantiene una tensión permanente entre celebración y pérdida. El autor retoma una idea del crítico Ben Walters, quien describe la historia gay como algo “frágil por el miedo y el olvido, demasiado a menudo escrita en susurros y conservada en retales”, y la emplea para construir un relato que combina tanto locales concurridos como vacios en la memoria.

Ese balance entre archivo y vivencia personal se desarrolla mediante una geografía concreta. El texto atraviesa tres urbes y utiliza sus bares para narrar no solo dónde se salía, sino qué implicaba hacerlo en cada época.

Bares gay: un indicador de libertades

El libro parte de una realidad histórica: la proliferación de bares gays acompañó procesos de apertura política. Vale recordar que en Barcelona, en 1975, tras la muerte de Franco, no existía ni un solo local abiertamente identificado como gay (todos eran clandestinos). Algo similar ocurría en Buenos Aires una década después, al término del régimen militar.

La eclosión de estos espacios en ambas ciudades llegó de la mano de la democracia. Ese dato se muestra como un síntoma de la época, una evidencia de que los lugares de ocio actúan como un termómetro de las libertades vigentes.

'Bar Gay. Fragmentos de huellas fiestas', de Jeremy Atherton Lin (Capitán Swing)

Atherton Lin escribe desde el interior de esa cultura nocturna y no la retrata como un refugio tranquilo. En uno de los fragmentos citados por la publicación, el autor sostiene: “La gente dice que los gays pueden relajarse en un bar gay, pero yo salía por la tensión que había en la sala”.

Etapa estadounidense: marcada por el sida

La parte estadounidense del libro está atravesada por los fallecidos y por la complejidad de interpretar la historia gay sin que cada imagen quede mediada por la epidemia. En San Francisco, Atherton Lin detecta la presencia de aquellos que convirtieron El Castro (uno de los primeros barrios LGTBI) en una especie de meca justo antes de desaparecer.

Resalta la figura del DJ Bus Station John, un pinchadiscos de unos cuarenta años que programaba sesiones de disco extremadamente raras y entendía la música como un testimonio. El autor lo describe como alguien que daba fe de “la edad de oro gay”, el intervalo entre Stonewall y el sida, y menciona que los discos del tocadiscos podían haber pertenecido a hombres homosexuales ya fallecidos. Como dato, el libro indica que en San Francisco había 18 bares gays en 1964, y una década después la cifra estimada ascendía a 118.

Jeremy Atherton Lin, autor de 'Bar Gay'

Ese crecimiento coexiste en el libro con una nostalgia ambigua. Atherton Lin cita a Michel Foucault, quien afirmaba: “En realidad me gustaba la escena antes de la liberación gay, cuando todo era más encubierto. Era como una fraternidad clandestina, emocionante y un poco peligrosa”.

En Los Ángeles, la sensibilidad histórica también adopta formas incómodas. El autor recuerda su incomodidad ante una tienda de segunda mano gay, que le hacía evocar objetos rescatados de las casas de “reinas” fallecidas, y admite que aún no había hallado una manera de leer “la historia múltiple” de los suyos con la enfermedad, aunque no a través de ella.

Etapa londinense: violencia homófoba

La etapa londinense incorpora otra dimensión al libro: la ciudad como experiencia sensorial y como escenario de peligro. Atherton Lin presta una atención constante a los olores, desde un local que olía “a todos los lugares donde se pliega el cuerpo de un hombre” hasta un bar londinense que olía quizá a pene, a máquina de humo o nitratos, a cerveza espesa derramada y a la piel húmeda de ingleses blancos “como ropa mojada tendida sin viento”.

El autor y su pareja, a quien llama Famous, se mudaron a Shoreditch en 2007 y residieron allí siete años. Durante ese periodo frecuentaron tres bares que denominaban el Triángulo: George and Dragon, Joiners Arms y Nelson’s Head, ubicados a cinco, diez y quince minutos a pie de su edificio.

Además, aparece otra presencia fantasmal: la de la violencia homófoba. Para explicarla, Atherton Lin recurre a Neil Bartlett, quien recordaba las noches de fiesta en Londres en 1986 como estimulantes, pero agregaba que volver solo a casa era una imprudencia porque la urbe no era segura para un hombre visiblemente gay ni de noche ni, en realidad, tampoco de día.

El cierre de los locales favoritos del autor desencadena la última forma de pertenencia que el libro examina: el derecho a la nostalgia. Cuando el George and Dragon, el último vértice del Triángulo, estaba por cerrar en 2015, Atherton Lin asistió a la noche final y la transformó en una escena de envejecimiento compartido: “Todo el mundo había salido de debajo de las piedras. Mira cómo estamos, le dije a Famous, dos termitas. Estábamos muy lejos de los chicos que solíamos ser”.

Fuente: Infobae

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