Científicos descubren brújula magnética en el hígado de las palomas

Durante siglos, las palomas han sido admiradas por su asombrosa capacidad de orientación: mensajeras en conflictos bélicas, sujetos de experimentos y compañeras de la ciencia, logrando retornar a su punto de partida desde distancias que desafían cualquier explicación lógica. Hasta ahora, los mecanismos precisos que posibilitan tal proeza seguían siendo un enigma. Un estudio reciente, divulgado por la Max Planck Society y publicado en la revista Science, ha proporcionado una respuesta sorprendente: la clave de la navegación de las palomas reside en sensores magnéticos ubicados en su hígado.

Los mecanismos que permiten esa orientación en palomas permanecían desconocidos hasta un reciente estudio internacional Crédito: Lisowski et al. (2026) Science

Un equipo multidisciplinario detrás del hallazgo

El grupo internacional que logró este avance estuvo encabezado por Christian Kurts, director del Instituto de Medicina Molecular e Inmunología Experimental de la Universidad Hospital Bonn, y Martin Wikelski, director del Max Planck Institute of Animal Behavior. La investigación reunió a inmunólogos, físicos y ornitólogos de Alemania, combinando ensayos de laboratorio con pruebas de comportamiento en animales vivos.

En palabras de Kurts: “No esperábamos que las células inmunitarias pudieran funcionar como sensores de campos magnéticos. Nuestros resultados revelan un mecanismo hasta ahora desconocido en la percepción magnética animal”. El hallazgo, subrayó: “Cambia de manera fundamental la comprensión sobre cómo las aves y otros animales pueden orientarse”.

La investigación, difundida por la Max Planck Society y publicada en Science, identifica sensores magnéticos en el hígado como clave de la navegación

Macrófagos hepáticos: una brújula interna inesperada

La investigación se enfocó en los macrófagos, células del sistema inmune encargadas de descomponer glóbulos rojos viejos. Este proceso genera una acumulación de hierro en el hígado, formando nanopartículas de óxido de hierro con propiedades superparamagnéticas. La primera autora del estudio, Clivia Lisowski, explicó: “La concentración más alta de hierro se detectó en el hígado, mucho mayor que en otros órganos como el pico, los ojos y el cerebro”.

La presencia de hierro en esas células no solo cumple funciones inmunológicas, sino que les confiere la capacidad de percibir campos magnéticos. Ulf Wiedwald, físico de la Universidad de Duisburg-Essen, detalló: “El hierro cristaliza en nanopartículas que vuelven a los macrófagos reactivos a los campos magnéticos. El tejido hepático mostró la respuesta magnética más intensa”.

Para verificar el papel de los macrófagos hepáticos en la orientación, los científicos trabajaron con palomas adiestradas para regresar a su aviario desde distancias de más de veinte kilómetros. El aviario del Max Planck Institute of Animal Behavior en Konstanz fue el escenario de estos experimentos.

A un grupo de palomas se les eliminaron los macrófagos del hígado. Las aves tratadas perdieron la capacidad de retornar en días nublados, cuando el sol no era visible. En cambio, cuando había luz solar, lograron orientarse y volver, probablemente usando referencias solares. “Esto demuestra que la orientación magnética y la solar funcionan como sistemas complementarios”, señaló Wikelski.

El hallazgo muestra que células inmunitarias pueden funcionar como sensores de campos magnéticos, modificando la comprensión de la orientación animal Crédito: Lisowski et al. (2026) Science

La conexión entre el hígado y el cerebro

Los investigadores emplearon microscopía electrónica para observar la disposición de los macrófagos dentro del hígado. Descubrieron que estas células ricas en hierro se localizan junto a fibras nerviosas, lo que sugiere un canal directo para transmitir señales magnéticas al cerebro. “Nuestros hallazgos proporcionan la primera evidencia concreta de cómo el campo magnético terrestre puede ser percibido en el cuerpo y enviado al cerebro para guiar el movimiento”, afirmó Lisowski.

La noción de que las aves poseen un “sexto sentido” para la orientación magnética no es nueva. Durante décadas, los científicos han debatido cómo lo consiguen. Algunas teorías apuntaban a moléculas fotosensibles en los ojos capaces de detectar el campo magnético, mientras que otras sugerían partículas magnéticas en el pico. Ninguna de esas hipótesis logró pruebas experimentales concluyentes.

El descubrimiento de sensores magnéticos en el hígado, una ubicación inesperada, redirige la investigación hacia la interacción entre el sistema inmunológico y el sistema nervioso. El estudio integra conceptos de inmunología, física cuántica y neurobiología, demostrando que procesos biológicos como el metabolismo del hierro pueden tener funciones sensoriales no anticipadas.

Más allá de las palomas, el trabajo abre interrogantes sobre la existencia de mecanismos similares en otros animales. Wikelski advirtió que “es posible que especies como los tiburones, que navegan en ausencia de luz, o incluso los humanos, respondan a campos magnéticos de formas que aún no comprendemos”.

El estudio sugiere que la percepción magnética podría estar más extendida en el reino animal de lo que se pensaba, y que la biología de la orientación aún guarda secretos por descubrir. Todavía no se sabe cómo el cerebro procesa la información magnética recibida desde el hígado ni cómo interactúa este mecanismo con otros sentidos.

De la ciencia básica a las aplicaciones prácticas

La investigación no solo resuelve un enigma clásico de la biología, sino que podría inspirar avances en otros campos. Comprender cómo los animales perciben y procesan la información magnética podría influir en el desarrollo de nuevas tecnologías de navegación y en la medicina, especialmente en el estudio de la comunicación entre el sistema inmunitario y el sistema nervioso.

El trabajo fue revisado por pares y publicado en la revista Science, consolidando sus conclusiones dentro de la comunidad científica internacional.

“Lo que parece una simple corazonada en la navegación de las aves tiene ahora una base física clara”, resumió Wikelski. Por su parte, Kurts enfatizó que el hallazgo “reúne procesos biológicos conocidos en una explicación coherente para un fenómeno natural que ha intrigado durante siglos”.

Las declaraciones de los protagonistas subrayan la magnitud del avance: “Si las células inmunitarias son parte del sistema de orientación de las aves, eso transformaría la forma en que entendemos la navegación animal”, concluyó Wikelski.

El descubrimiento de los sensores magnéticos en el hígado es un hito, pero también un punto de partida. Queda por explorar de qué manera diferentes especies podrían aprovechar mecanismos similares y cómo la evolución ha moldeado esta capacidad. Las aplicaciones potenciales abarcan desde la biología evolutiva hasta la neurociencia, pasando por la tecnología de sensores artificiales inspirados en la naturaleza.

Por ahora, las palomas continúan surcando los cielos con su enigmática precisión, mientras la ciencia avanza, paso a paso, en el desentrañamiento de los misterios que esconde la vida animal.

Fuente: Infobae

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