La lectura ha sido valorada históricamente por su aporte al desarrollo intelectual y emocional. Integrar este hábito en la rutina diaria abre las puertas a nuevos conocimientos, potencia la imaginación y fortalece habilidades cognitivas clave. Más que un pasatiempo, leer ayuda a forjar criterios propios y a ensanchar la mirada sobre el mundo.
Numerosos estudios indican que la práctica regular de la lectura beneficia la salud mental y emocional: reduce el estrés, mejora la concentración y fomenta la empatía. También se asocia con la prevención del deterioro cognitivo y el fortalecimiento de la memoria, lo que la convierte en una herramienta integral de bienestar.
Investigadores y especialistas en sueño han descubierto que leer antes de dormir produce efectos positivos tanto en el descanso nocturno como en la actividad cerebral.
Leer antes de dormir: la ciencia detrás del hábito
Un ensayo clínico aleatorizado de 2021, publicado en PubMed Central, comparó a personas que leían un libro en la cama durante 15 a 30 minutos antes de dormir con aquellas que no lo hacían. El estudio incluyó a 991 participantes adultos, divididos equitativamente en dos grupos.

Tras una semana de seguimiento, el 42% de los lectores reportó una mejoría en la calidad del sueño, frente al 28% del grupo que no leyó, una diferencia del 14% a favor de la lectura. El análisis estadístico descartó que fuera casualidad, concluyendo que leer un libro es una intervención sencilla y efectiva para mejorar el descanso. Además, los lectores experimentaron menos trastornos del sueño, con una reducción del 2% al 4% en su incidencia.
En cuanto a la somnolencia diurna, el grupo de lectura mostró un ligero aumento promedio, pero los autores lo consideraron irrelevante. No se reportaron efectos adversos, lo que resalta la seguridad de esta práctica. Estos hallazgos concuerdan con las recomendaciones de expertos en sueño, quienes sugieren la lectura como una estrategia no farmacológica para abordar dificultades del descanso.
El doctor Stephen Carstensen, citado por Verywell Mind, señaló que “ir a dormir es parte de un ritmo diario natural que demanda tranquilidad” y que la lectura “fomenta la calma y se acopla al proceso regenerativo nocturno”. Explicó que concentrarse en una tarea relajante ayuda a “filtrar el ruido” y permite que el centro del sueño del cerebro asuma el control.

Desde la psicología, la lectura ofrece una distracción positiva, especialmente para quienes sufren ansiedad nocturna. Andrew Colsky, consejero de salud mental, indicó que pasar páginas y seguir visualmente las palabras produce una estimulación sensorial relajante que induce calma. Un estudio de Healthline demostró que leer durante 30 minutos reduce el estrés y el malestar emocional de manera similar al yoga o los videos de comedia. Por su parte, una investigación de 2024 en Frontiers in Pediatrics confirmó que los lectores habituales viven, en promedio, casi dos años más que quienes no leen, y que leer más de 3,5 horas semanales reduce en un 20% el riesgo de mortalidad en un seguimiento de 12 años.
Libros digitales o físicos: ¿cuál elegir antes de dormir?

El formato influye de manera significativa. Expertos de Healthline advierten que leer en dispositivos con pantallas retroiluminadas, como celulares o tablets, puede contrarrestar los beneficios de la lectura tradicional. La luz azul altera la producción de melatonina y dificulta conciliar el sueño. Una investigación de 2025 de la American Cancer Society Cancer Prevention encontró que quienes se exponen a estos dispositivos antes de dormir presentan un 33% más de prevalencia de sueño de baja calidad.
En cambio, los libros en papel o las pantallas de tinta electrónica (sin emisión de luz azul) no interfieren con las señales fisiológicas naturales del cerebro. La diferencia se explica por dos factores: la estimulación lumínica y la naturaleza del contenido. Mientras que la luz brillante altera los procesos biológicos que favorecen el descanso, los libros físicos mantienen un entorno relajante indispensable.

Cómo incorporar la lectura nocturna en simples pasos
- Establecer una rutina consistente: leer siempre a la misma hora, idealmente los últimos 15 a 30 minutos antes de dormir, para reforzar la asociación entre lectura y sueño.
- Preparar el entorno antes de acostarse: completar todas las actividades previas (como la higiene personal) antes de leer, de modo que al terminar solo quede apagar la luz.
- Colocar el libro en un lugar visible: dejarlo sobre la almohada o la mesa de luz como recordatorio visual del hábito.
- Evitar el uso de teléfonos y pantallas: mantener los dispositivos electrónicos fuera del alcance para no caer en la tentación y evitar los estímulos luminosos.
- Comenzar de forma gradual: iniciar con lecturas cortas de dos a cinco páginas e incrementar el tiempo a medida que se consolide el hábito.
Fuente: Infobae