Keith Richards: el indomable guitarrista que desafió a la muerte y al exceso

A sus 82 primaveras, Keith Richards continúa siendo ese espíritu indomable que burló a la muerte y a todos los manuales de supervivencia del rock. El legendario guitarrista de The Rolling Stones reflexiona sobre su propia leyenda y explica cómo tuvo que aprender a moderar el ritmo para no quedar fuera de juego.

Del humo y la furia a una calma eléctrica

Richards tomó la decisión de abandonar los cigarrillos hace seis años. Tras décadas pegado a la nicotina, un día se observó al espejo y encontró ese gesto ridículo.

“Me pareció infantil”, afirmó sin rodeos.

La determinación no fue una simple pose: los pitillos desaparecieron y, según sus propias palabras, ni siquiera los extraña.

Keith Richards dejó los cigarrillos hace seis años y dijo que ese hábito le parecía infantil (Crédito: Europa Press)

Cuando la banda se alistaba para iniciar una gira, Richards notó el cambio: tenía diez veces más capacidad pulmonar. Los parches de nicotina dieron resultado y la sensación de alivio fue inmediata.

“No estaba lejos del final de la pista antes de pedir ayuda a gritos”, confiesa.

Keith Richards contó que los parches de nicotina le dieron más aire en los pulmones antes de una gira de los Rolling Stones (REUTERS/Chris Helgren)

Por su parte, el whisky ya no fluye igual que antes, pero tampoco ha desaparecido por completo. Richards aprendió a beber con moderación. La línea entre el exceso y el control es delgada, y él la recorre con la maestría de quien conoce el precipicio.

“Es la única manera de seguir tocando”, dispara.

La metamorfosis no fue únicamente física. El guitarrista admite que su mente también evolucionó. Los impulsos de autodestrucción, tan celebrados en los años dorados del rock, dieron paso a una ética de supervivencia. La norma es clara y nadie la discute en su banda: “Tiendes a bajar el ritmo si quieres seguir. Te regulas.”

Richards no rehúye la sombra de la heroína, esa vieja compañera de viaje que casi lo elimina en los años setenta. Hoy la menciona con ironía y cierta distancia: abandonó esa adicción en 1978 y nunca miró atrás.

Keith Richards recordó que dejó la heroína en 1978 y que no volvió a ese consumo (REUTERS/Toby Melville)

El paso del tiempo se percibe, y no hay vuelta atrás. Richards sabe que cada gira podría ser la última, aunque no se obsesiona con ello.

“A veces pienso que el último disco puede ser el final, pero prefiero ver hasta dónde puedo llegar”, dice, con la serenidad de quien está acostumbrado a improvisar tanto en el escenario como en la vida.

El rock y la pausa: una ecuación inesperada

El vértigo de la juventud quedó atrás, pero el fuego interior sigue encendido. Richards mira retrospectivamente y se reconoce como un sobreviviente. La edad le enseñó a no menospreciar los límites y a gozar de las pausas.

Hoy, su vida es una amalgama de disciplina y rock and roll, un equilibrio improbable para alguien que desafió todas las predicciones.

Keith Richards definió su presente como un equilibrio entre disciplina, rock and roll y adaptación a la edad (EFE/Peter Foley)

Keith Richards encontró la manera de seguir siendo el alma rebelde de los Rolling Stones sin consumirse en el intento. Entre la calma y el caos, la guitarra sigue siendo su lugar en el mundo. Y mientras exista un escenario, habrá riff. La leyenda, lejos de extinguirse, se reinventa en cada noche de concierto.

Fuente: Infobae

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