‘Toy Story 5’: juguetes contra pantallas en una secuela que no logra emocionar

Han pasado más de tres décadas desde que Toy Story llegó a los cines, marcando un antes y un después en la animación con sus técnicas digitales pioneras. Aquella cinta no solo revolucionó la industria, sino que se incrustó en el imaginario colectivo como un hito del séptimo arte.

Las secuelas posteriores supieron adaptarse a cada época, expandiendo las aventuras del vaquero Woody, el espacial Buzz Lightyear y el resto del grupo de manera orgánica. La cima llegó con Toy Story 3, considerada por muchos la mejor de la serie, gracias a un desenlace que arranca lágrimas genuinas por su carga emocional.

A lo largo de la franquicia se han explorado temas ligados al crecimiento desde la niñez hasta la adultez: la amistad, la soledad, la búsqueda de identidad y la aceptación de las distintas etapas. Los juguetes han funcionado como un espejo de nuestros miedos más profundos, especialmente el abandono.

Juguetes contra una tableta

Tras una cuarta entrega poco recordada, Toy Story 5 regresa con aires renovados y un mensaje muy actual: el impacto de la tecnología y las pantallas en la infancia. Bonnie ya tiene nueve años y sigue jugando con sus muñecos favoritos, liderados por Jessie desde que Woody se fue a vivir su propia vida. Pero la pequeña tiene dificultades para socializar, por lo que sus padres le regalan un dispositivo electrónico con la esperanza de que haga amigas, aunque sea en el mundo virtual. La tablet, llamada Lilypad, pone en alerta al resto de juguetes, que se sienten desplazados.

Jessie luchará para que Bonnie conecte con una niña 'real' (Disney Pixar)

Ante esto, Jessie pide refuerzos a Woody y se desata una serie de aventuras paralelas que repiten el esquema de las películas previas: los juguetes se separan, viven percances y deben unirse para superar obstáculos, con el fin de que Bonnie establezca una conexión real con otra niña, no a través de internet.

De nuevo, se aborda el paso del tiempo desde la perspectiva de juguetes que se sienten obsoletos y deben enfrentarse a una nueva era donde parece que ya no tienen cabida. Sin embargo, pese a que el tema central es oportuno, se echa de menos que los personajes tengan mayor peso y que la narrativa no resulte cansina al repetir la fórmula milimétricamente, pero sin la emoción y melancolía de antes.

Woody y Buzz, una amistad y rivalidad que se mantiene (Disney/Pixar)

Una fórmula agotada que se repite

Toy Story 5 resulta demasiado prefabricada y, paradójicamente, parece renunciar a la imaginación, los sueños y la fantasía que dice reivindicar. Son pocas las escenas memorables; las más destacadas corresponden a la horda de Buzz Lightyears que aparece para auxiliar a los protagonistas, con momentos visualmente ingeniosos que contrastan con el resto del filme, carente de alma y poesía.

Quizás haya llegado el momento de despedir a una franquicia que ya no da más, que ha sido exprimida al máximo y que solo vive de la nostalgia y de los logros del pasado.

Fuente: Infobae

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