Groenlandia, conocida mundialmente por su enorme capa de hielo, está experimentando un fenómeno que parece sacado de una ficción distópica: incendios forestales activos en pleno mes de junio. Lo que hasta hace pocos años era prácticamente imposible en la isla, hoy enciende las alarmas entre investigadores y autoridades locales.
La aparición de estos focos ígneos durante el sexto mes del año ha reavivado el debate sobre cómo el calentamiento global está transformando regiones del Ártico, donde los siniestros de vegetación solían ser una rareza histórica.
De acuerdo con el análisis de imágenes satelitales y el monitoreo climático, tanto el cambio climático como el fenómeno de El Niño son los principales responsables de que estos incendios ocurran antes de lo previsto. La sequía acumulada y las temperaturas elevadas han vuelto altamente inflamable la vegetación de la tundra, exponiendo a Groenlandia a escenarios ambientales sin precedentes.
Un fenómeno reciente que se adelanta al calendario
Karl Brix Zinglersen, jefe del Departamento de Medioambiente y Minerales del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia, explicó a la agencia AFP que los incendios forestales en la isla son algo muy nuevo. “Es raro que estos fuegos ocurran tan temprano como en junio”, afirmó, y vinculó directamente este comportamiento con el calentamiento del Ártico y los efectos actuales de El Niño.

Un dato relevante: antes de 2008, los investigadores no hallaron rastros de incendios de vegetación en Groenlandia al revisar registros satelitales. No obstante, entre 2008 y 2020, se documentaron 21 incendios, casi todos concentrados en julio y agosto, durante periodos de calor y sequía.
Lo que hace excepcional al 2026 es que los incendios empezaron en junio, mucho antes de la temporada habitual. La zona occidental de Groenlandia, donde se concentraron la mayoría de los focos, sufrió semanas de sol intenso y escasas lluvias. Esa combinación secó la vegetación hasta convertirla en material altamente inflamable, una situación que mantiene en alerta a los expertos del instituto.
Medidas locales y mirada al futuro
El municipio de Sermersooq, que alberga a la capital Nuuk, emitió recomendaciones a la población para prevenir siniestros, pidiendo que solo se usen áreas habilitadas para fogatas o barbacoas. Según reportes de AFP, los incendios recientes no dejaron heridos y los equipos de emergencia lograron controlarlos con rapidez.
El programa de observación de la Unión Europea, Copernicus, publicó en su cuenta de X imágenes satelitales del 14 y 16 de junio que muestran un incendio activo y la cicatriz dejada por el fuego cerca de Sisimiut. Estas herramientas permiten rastrear en tiempo real el avance de las llamas y los efectos sobre el paisaje ártico.

Un aspecto que inquieta a los científicos es la liberación de carbono negro, un residuo similar al hollín. Este material puede viajar con el viento y depositarse sobre el hielo, oscureciendo la superficie y acelerando su derretimiento. Este proceso empeora el retroceso de los glaciares, uno de los indicadores más visibles del calentamiento global.
Tanto las autoridades como la comunidad científica coinciden en que, si estos incendios se vuelven recurrentes, podrían transformar de forma drástica el ecosistema de Groenlandia. Por ello, urgen a reforzar las medidas de prevención y vigilancia en una zona donde, hasta hace poco, el fuego era casi un desconocido.
El derretimiento del hielo también cambia el nivel del mar
Un estudio publicado en Nature Communications revela que el derretimiento acelerado del manto de hielo en Groenlandia genera un efecto paradójico: mientras el deshielo contribuye al aumento global del nivel del mar, en las costas de la isla el nivel local del mar descenderá en las próximas décadas.
Este fenómeno, conocido como ajuste isostático glacial, ocurre cuando el terreno que estuvo comprimido por el peso del hielo comienza a elevarse al liberarse de esa carga. El estudio calcula que para el año 2100, el nivel del mar en partes del oeste y sur de Groenlandia podría bajar entre uno y casi cuatro metros, lo que modificará la línea costera y afectará a los animales y plantas marinos cercanos a la orilla.

Los datos de GPS indican que este levantamiento del terreno es mucho más rápido de lo que se pensaba. Tanto la corteza terrestre como el manto profundo bajo Groenlandia están respondiendo en cuestión de décadas, no en miles de años como se creía. La pérdida masiva de hielo no solo permite que el suelo suba, sino que también reduce la atracción gravitatoria del hielo sobre el agua del mar, haciendo que el nivel del mar baje aún más en la región.
Estos cambios plantean retos inéditos para la navegación y la infraestructura: zonas portuarias podrían volverse inservibles y algunos fiordos se secarían parcialmente, lo que impactaría la economía local y la seguridad alimentaria.
La magnitud de estas transformaciones dependerá directamente de las emisiones globales de dióxido de carbono en los próximos años. Si las emisiones siguen en aumento, el descenso local del mar junto a glaciares como el Helheim podría alcanzar 3,8 metros para 2100. En cambio, si se logra limitar el calentamiento a 2 °C, la caída sería de aproximadamente medio metro.
Estos resultados obligan a replantear cómo los científicos y las autoridades preparan a Groenlandia para los desafíos de un entorno costero en plena transformación.
Fuente: Infobae