Dorothy Stratten, nacida en Coquitlam, Canadá, logró fama mundial después de ser descubierta por Paul Snider, un hombre vinculado al proxenetismo que impulsó su carrera en Playboy. Allí fue reconocida como modelo del año. Su trayectoria, marcada por un ascenso vertiginoso y relaciones de poder con figuras como Snider y Hugh Hefner, finalizó el 14 de agosto de 1980 con un asesinato seguido de suicidio. Este hecho se convirtió en un símbolo de los riesgos ocultos en la industria del entretenimiento.
En 1978, cuando Stratten apenas tenía 17 años y se desempeñaba en una heladería, Snider —conocido por su vestimenta extravagante y su actividad en la prostitución— detectó su atractivo y la inscribió en un concurso de Playboy. Como la edad legal en Vancouver era 19 años, Snider falsificó la firma de la madre de Dorothy para sortear el requisito.
De acuerdo con Vanity Fair, aunque Dorothy no ganó el certamen, ocupó el segundo lugar, lo suficiente para que Hugh Hefner la invitara a Los Ángeles. Bajo el control estricto de Snider, quien gestionaba su vestuario, finanzas y actividades cotidianas, Dorothy cambió su apellido a “Stratten” y progresó en el modelaje y el cine. Obtuvo los títulos de modelo del mes y modelo del año. Snider administraba su dinero y supervisaba incluso su alimentación.
La relación con Hefner le abrió las puertas de la exclusiva mansión Playboy, donde compartió espacio con celebridades y vivió una fama repentina. No obstante, detrás del brillo existía una estructura de poder que imponía contratos de exclusividad y tutela total, según testimonios de la época. La agencia de modelos de Playboy, dirigida por Valerie Cragin, respondía a Hefner y restringía la autonomía de las modelos.

Simultáneamente, Dorothy inició su incursión en el cine y se relacionó con Peter Bogdanovich, un reconocido director. Este vínculo la llevó a participar en la comedia romántica “Todos rieron”, grabada en Nueva York, mientras se distanciaba de Snider. Quedaban atrás un matrimonio forzado en Las Vegas y años de control constante por parte de su esposo.
La situación de Snider empeoró al perder acceso al círculo de Hefner y ser rechazado por Dorothy. Intentó recuperar el control mediante vigilancia privada y manipulación. El conflicto escaló cuando Stratten comunicó a su abogado su decisión de separarse, aunque manifestó su deseo de mantener una relación cordial y brindar apoyo económico a Snider.
El desenlace fue violento: el 14 de agosto de 1980, Dorothy acudió al departamento de su esposo para una conversación definitiva. Allí, Snider la secuestró, abusó sexualmente de ella, la asesinó y luego se suicidó. La noticia sacudió a Los Ángeles y puso al descubierto la crudeza de las relaciones de poder y la vulnerabilidad de las jóvenes ante la explotación en el mundo del espectáculo.
Tras la muerte de Stratten, su figura fue reinterpretada por diversos actores. La periodista Teresa Carpenter escribió el artículo “Muerte de una conejita”, en el que señaló no solo a Snider, sino también a Hefner y Bogdanovich, por alimentar la dinámica que llevó a la tragedia. Carpenter describió a Dorothy como alguien recordada menos por sí misma que por los deseos que otros proyectaron en ella, relegando su propia voz dentro del mito construido.
Por su parte, Hefner defendió la imagen de Playboy como impulsora de la libertad sexual y el feminismo, aunque reconocía que las modelos estaban sujetas a contratos restrictivos. Miki García, exmodelo y ejecutiva de promociones de Playboy, caracterizó la agencia como una estructura que reproducía dinámicas propias del proxenetismo, afirmando que Cragin ejercía un control absoluto sobre las modelos.

La tragedia de Stratten fue llevada al cine por Bob Fosse en la película “Star 80”. Fosse optó por una visión sombría, con Mariel Hemingway y Eric Roberts como protagonistas. El rodaje, concebido como una reconstrucción rigurosa de los hechos, resultó psicológicamente exigente para el elenco y el equipo, quienes debieron confrontar la violencia y la obsesión que rodearon el caso.
Las consecuencias incluyeron a Bogdanovich, quien escribió un libro en memoria de Dorothy y en contra de Hefner, iniciando una disputa pública en la que ambos se acusaron mutuamente de explotar a la joven y manipular su legado.
Louise Stratten, hermana de Dorothy, se vio envuelta en demandas y controversias, mientras la imagen de su hermana era moldeada por terceros, alternando entre la victimización, la idolatría y la explotación mediática.
El debate sobre el legado de Stratten continúa vigente, oscilando entre la visión de una figura pasiva y la de una joven ambiciosa que supo manejarse en un contexto hostil y aprovechar oportunidades, aunque condicionada por estructuras de poder masculinas y un ambiente de explotación. Su transformación de desconocida a figura estelar en solo dos años ha sido interpretada como resultado de decisiones calculadas y estrategias, más que de casualidad.
En Hollywood y la cultura popular, el mito de Dorothy Stratten perdura. Su historia se revisita en libros, artículos y películas como ejemplo de explotación en la industria del espectáculo, aunque rara vez se explora su personalidad más allá del desenlace fatal. Incluso en su lugar de descanso en Los Ángeles, la cercanía con quienes marcaron su vida es testimonio de los vínculos complejos y contradictorios que la rodearon.
El dolor provocado por su historia persiste en quienes participaron en la reconstrucción de su tragedia. Solo Eric Roberts, al concluir el rodaje de “Star 80”, logró captar la profundidad de la pérdida y el sufrimiento que definieron la vida de Dorothy Stratten, rindiéndole un homenaje en privado, lejos del brillo de Hollywood.
Fuente: Infobae