El recordado personaje de Fonzie en Happy Days marcó la vida de Henry Winkler, pero también estuvo cerca de convertirse en una trampa mortal para su trayectoria actoral. En una conversación con Ted Danson para el pódcast Where Everybody Knows Your Name, el actor reveló que tras la serie vivió un período oscuro de 8 o 9 años en los que solo recibía ofertas para interpretar variaciones de su icónico personaje. Esa situación lo llevó a pensar que su carrera había terminado para siempre.
Según relató Winkler, ese estancamiento profesional lo empujó a explorar otros caminos: primero incursionó como productor y luego se lanzó a la escritura de libros infantiles centrados en la dislexia, de la mano de Lynn Oliver. «Todo lo que me llegaba eran papeles tipo Fonzie. No tenía idea de si alguna vez iba a volver a hacer algo tan poderoso. Y me fui a un lugar oscuro», confesó el actor durante el programa.
«Todo lo que me llegaba eran papeles tipo Fonzie. No tenía idea de si alguna vez iba a volver a hacer algo tan poderoso. Y me fui a un lugar oscuro»
Winkler agregó: «Pensé: ‘No tengo idea de qué voy a hacer, si podré hacerlo de nuevo, y se acabó'». Danson, por su parte, recordó que el actor está cerca de publicar su libro número 41 en noviembre, lo que llevó a Winkler a situar esa confesión justo después del fin de Happy Days, cuando estaba en su oficina sin saber qué rumbo tomar.
El peso de un icono y la inseguridad personal

Danson destacó la magnitud de la fama que alcanzó Fonzie, pero Winkler explicó que existía una enorme distancia entre la percepción pública y su propia autoimagen. «Se sorprendían de que yo fuera un judío bajito interpretando a un italiano alto», dijo. Esa incomodidad venía de mucho antes del estrellato: «Soy muy disléxico, pero de verdad. Estoy en el 3% más bajo académicamente en Estados Unidos. No tenía sentido de identidad».
El actor vinculó esa inseguridad con su historia familiar. «Mis padres no ayudaron. Yo avergonzaba a mis padres», afirmó. Durante mucho tiempo le costó aceptar el cariño del público porque su propia percepción de sí mismo era completamente distinta. «La gente me hablaba, la gente decía: ‘Dios mío’. Y yo miraba: ‘Eh, ¿a quién le hablan? No puede ser a mí. Yo sé quién soy'», resumió.
«La gente me hablaba, la gente decía: ‘Dios mío’. Y yo miraba: ‘Eh, ¿a quién le hablan? No puede ser a mí. Yo sé quién soy'»
El día que Fonzie salvó la situación

Durante la conversación, Winkler recordó una anécdota de los primeros años de la serie. Happy Days no estaba funcionando bien en audiencia: tras 100 episodios, ocupaba el puesto 48 en los índices de rating. La producción envió a los actores a distintas ciudades para hacer apariciones promocionales.
En Dallas, en la tienda principal de Neiman Marcus, una multitud de 25.000 personas bloqueó el paso del vehículo que debía llevarlos al hotel. «Nunca usé al Fonz fuera de la pantalla», aseguró Winkler, pero en esa ocasión, al ver el pánico de su compañero Donny Most, asumió el mando: «Muy bien, escuchen. Ustedes son muchos, nosotros somos cuatro. Ahora se van a abrir como el mar Rojo».
«Muy bien, escuchen. Ustedes son muchos, nosotros somos cuatro. Ahora se van a abrir como el mar Rojo»

El episodio derivó en un momento de tensión con toques de humor. «Alguien dijo: ‘Es tan bajito’. Me di vuelta hacia donde creí que lo había oído y dije: ‘No soy bajito’. Y después alguien más gritó: ‘Es muy genial’. Yo dije: ‘Eso sí'», contó entre risas.
De la crisis a la producción y la literatura
Winkler explicó cómo logró salir de ese atolladero profesional: «Tienes que aprender a girar, y cuando giras, el universo se abre». El cambio comenzó cuando su abogado, Skip Brittenham III, lo impulsó a incursionar en la producción, a pesar de que Winkler creía no tener conocimientos en el área. «Skip me dijo: ‘Voy a crear una productora para ti’. Yo le dije: ‘No puedo hacer eso. No entiendo nada de producción ni del negocio'», recordó.
Finalmente aceptó y desarrolló MacGyver, que se convirtió en el primer programa que produjo. Ese proyecto marcó el inicio de una nueva faceta en su carrera.

Años después, otro tropiezo laboral lo llevó hacia los libros infantiles. Tras regresar de Broadway sin encontrar trabajo, llamó a Alan Berger, quien le propuso: «Escribe libros para niños sobre tu dislexia». Winkler dudó de su capacidad para escribir siquiera un libro, pero Berger lo conectó con Lynn Oliver. Juntos crearon Hank Zipzer, The World’s Greatest Underachiever. «Hank soy yo», afirmó el actor sobre el personaje principal de la saga.
«Creamos Hank Zipzer, The World’s Greatest Underachiever. Hank soy yo»
La aventura editorial comenzó en 2003 y no se ha detenido. «Lynn y yo nos sentamos en su oficina desde 2003 a escribir, y ahora estamos por publicar nuestro libro infantil número 41«, reveló en el pódcast Where Everybody Knows Your Name.
Fuente: Infobae