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Cocodrilo fósil revela el color de su piel tras 125 millones de años

Un fósil de cocodrilo extraído en los Prepirineos catalanes ha permitido, mediante el uso de luz ultravioleta, identificar el patrón de coloración original y las características de la piel de Montsecosuchus depereti, un pequeño crocodilomorfo que habitó la Tierra hace 125 millones de años. La investigación se centró en los tejidos blandos excepcionalmente preservados de un ejemplar hallado en la Pedrera de Meià, ubicada en la provincia de Lleida.

La luz ultravioleta reveló en la cola de Montsecosuchus depereti bandas claras y oscuras transversales que los investigadores interpretan como un patrón de coloración original (Adapted from Castillo-Visa, O. et al.)

El ejemplar analizado muestra bandas claras y oscuras transversales en las escamas de la cola, interpretadas como la coloración que tuvo el animal en vida. Además, se documentó una notable diversidad de escamas, posibles órganos sensoriales en la piel y estructuras cartilaginosas en el tórax. El estudio también sugiere una adaptación temprana a la vida semiacuática en esta especie del Cretácico Inferior.

La investigación, liderada por el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP), se enfocó en el análisis de los tejidos blandos conservados en un fósil de aproximadamente 50 centímetros. El ejemplar pertenece a Montsecosuchus depereti, una especie conocida desde principios del siglo XX. El estudio fue publicado en la revista académica Zoological Journal of the Linnean Society.

El fósil, catalogado como MGB-512 y resguardado en el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, fue descubierto hace más de un siglo y había sido estudiado parcialmente en la década de 1990. La revisión actual comenzó durante la creación de una base de datos sobre fósiles de las calizas litográficas del Montsec, conservados en museos catalanes y europeos.

Los paleontólogos Óscar Castillo-Visa y Jesús Serrano detectaron, bajo luz ultravioleta, estructuras que son invisibles con iluminación convencional. “La luz ultravioleta nos permite ver detalles que de otro modo permanecerían completamente ocultos en la roca”, explicó Castillo-Visa. El hallazgo más singular apareció en la cola, donde las bandas claras y oscuras transversales en las escamas fueron interpretadas como coloración original, posiblemente utilizada como camuflaje disruptivo para romper visualmente la silueta del animal.

El equipo mantiene cautela sobre el tono exacto. Albert G. Sellés señaló: “Por el momento no podemos afirmar con certeza de qué color era la cola del cocodrilo, pero cabría esperar que no fuera muy diferente de la de las especies actuales, que también presentan diferentes patrones de coloración”. De confirmarse, Montsecosuchus depereti sería el miembro más antiguo de los crocodilomorfos con coloración preservada.

El análisis detectó posibles órganos sensoriales en escamas del cuello, las extremidades y los márgenes laterales del tronco y la cola de Montsecosuchus depereti (Imagen Ilustrativa Infobae)

Detalles de la piel y órganos sensoriales

El análisis permitió describir por primera vez con detalle la piel de este animal. Los investigadores documentaron escamas epidérmicas con variabilidad marcada en forma y tamaño a lo largo del cuerpo. También se constató la ausencia de la aleta caudal alta que caracteriza a los cocodrilos actuales.

La luz ultravioleta reveló inclusiones en algunas escamas que podrían corresponder a órganos sensoriales integrados en la piel. Estas estructuras se localizaron en el cuello, las extremidades y los márgenes laterales del tronco y la cola. En los cocodrilos actuales, estos órganos actúan como receptores del tacto y de las variaciones de la presión del agua, y también responden a estímulos térmicos y químicos. En Montsecosuchus, estas señales aparecieron solo en escamas pequeñas y periféricas, lo que sugiere que evolucionaron primero en zonas concretas antes de extenderse en linajes posteriores.

Los autores sostienen que Montsecosuchus depereti ya mostraba una adaptación temprana a la vida semiacuática pese a su anatomía primitiva (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sistema respiratorio sofisticado

El estudio identificó estructuras cartilaginosas en el tórax asociadas a las costillas ventrales, lo que indica que el animal ya poseía un sistema respiratorio eficiente, similar al de los cocodrilos modernos. “Estos rasgos indican que, a pesar de ser un animal primitivo, ya estaba muy bien adaptado a un estilo de vida semiacuático”, afirmó Castillo-Visa.

Con unos 50 centímetros de largo, este pequeño cocodrilo murió en las aguas de un lago kárstico cercano a la costa de lo que hoy son los Prepirineos catalanes. Su cuerpo quedó atrapado entre sedimentos finos que con el tiempo se transformaron en las calizas litográficas del yacimiento.

La Pedrera de Meià: un yacimiento excepcional

La Pedrera de Meià forma parte del Geoparque Mundial Orígens de la UNESCO y está considerada un Konservat-Lagerstätte, un tipo de yacimiento de conservación excepcional donde no solo se preservan huesos, sino también partes blandas. Este valor científico ha convertido el lugar en una referencia para el estudio de peces, anfibios, reptiles y plantas del Cretácico Inferior. Hasta la fecha, se han recuperado más de 8.000 ejemplares fósiles.

Los fósiles del yacimiento pueden visitarse en el Centro de Interpretación Montsec de Meià, en Vilanova de Meià, donde se exhiben más de 100 ejemplares. Entre los hallazgos destacados figuran arañas, moscas, avispas, escarabajos, larvas de insectos, crustáceos y vertebrados como peces y anfibios. En la investigación también participaron Àngel Galobart, del ICP y director del Museo Conca-Dellà, y Phil Bell, de la Universidad de Nueva Inglaterra.

Fuente: Infobae

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