Woody, Buzz Lightyear y Jessie vuelven al cine con Toy Story 5, pero esta vez el conflicto no es con un coleccionista ni otro juguete: el rival es una tablet. La cinta de Pixar, bajo la dirección de Andrew Stanton, introduce a Lilypad, una tableta inteligente con forma de rana que llega a las manos de Bonnie y termina relegando a sus juguetes de siempre.
En el avance, Lilypad le dice a Bonnie que ella “necesita a alguien de este siglo” y le asegura que el juego digital es superior al físico. Jessie, alarmada, contacta a Woody por walkie-talkie: “Estoy perdiendo a Bonnie frente a este dispositivo”.
Con ese diálogo tan directo, Jessie refleja lo que millones de familias alrededor del mundo viven a diario: una adicción a las pantallas por parte de los más pequeños.
Para ponerlo en números, el estudio “Impacto de la tecnología en la adolescencia. Relaciones, riesgos y oportunidades”, realizado por Unicef en España en 2025 con adolescentes de 11 a 18 años, revela que un 32% dedica más de 5 horas diarias al uso de internet y redes sociales, porcentaje que sube hasta el 50% durante los fines de semana.

Una investigación publicada en la revista académica PLOS ONE en 2025 examinó a 1.878 niños de entre 12 y 48 meses en 19 países de América Latina con distintos niveles socioeconómicos. Confirmó que los menores pasan frente a las pantallas más tiempo del recomendado.
El estudio, titulado “Uso de pantallas, libros e interacciones de adultos en el lenguaje y las habilidades motoras de los niños pequeños”, también analizó cómo ese exceso incide en el desarrollo cognitivo y lingüístico de los infantes.
“Aunque la mayoría de las asociaciones pediátricas brindan recomendaciones uniformes sobre el uso de pantallas (es decir, cero uso para niños menores de dos años y una hora acompañados por adultos para preescolares), estas pueden no considerarse plausibles dadas las diferencias culturales que podrían existir entre las diferentes regiones de América Latina”, señala el estudio.
Y agrega: “Por ejemplo, algunos resultados muestran que en entornos vulnerables el tiempo que se pasa frente a las pantallas aumenta, quizás debido a la falta de acceso a recursos educativos o a información sobre las consecuencias del uso de pantallas”.

¿Por qué las tablets generan adicción?
La razón por la que Bonnie —y los niños reales— no pueden apartar la mirada de la tablet tiene una base neurológica. Las pantallas producen un flujo constante de estímulos que activan el sistema de recompensa de dopamina en el cerebro, el mismo circuito que interviene en la adicción a la nicotina o la cocaína, según advierte la Dra. Marisa Azaret, del Hospital Nicklaus Children’s.
Cada notificación, recompensa en un juego o contenido de entretenimiento genera una descarga breve pero intensa de dopamina que el cerebro reclama repetir. En los niños, cuyo cerebro aún está en desarrollo, ese ciclo es especialmente potente: los hace más propensos a buscar gratificaciones inmediatas y más vulnerables a perder el control sobre el tiempo de uso.
Cuándo el uso frecuente se convierte en adicción
El Centro Alodis de Psicología, especializado en bienestar infantil, marca una diferencia clara: el uso frecuente permite que el niño mantenga el sueño, el rendimiento escolar y las relaciones sociales; la adicción tecnológica, en cambio, lleva al menor a necesitar cada vez más tiempo de pantalla para sentirse satisfecho, a irritarse ante cualquier límite y a descuidar el resto de su vida.

Las señales de alerta son concretas: irritabilidad desproporcionada cuando se restringe el acceso al dispositivo, dificultad para interrumpir el uso por iniciativa propia, bajo rendimiento escolar, trastornos del sueño por la exposición a la luz azul y un aislamiento progresivo de las interacciones familiares.
Las consecuencias físicas tampoco son menores: insomnio, dolores de cabeza, problemas de visión y sedentarismo.
Los especialistas del Centro Alodis añaden pautas prácticas para un uso responsable: definir horarios específicos para el uso de dispositivos, establecer zonas libres de pantallas en el hogar —especialmente los dormitorios— y crear rutinas familiares que no giren alrededor de las pantallas.
Fuente: Infobae