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Peste en Siberia hace 5.500 años: ADN muestra que afectó sobre todo a niños

Durante siglos, la peste ha sido sinónimo de las pandemias más devastadoras. Sin embargo, nuevos hallazgos científicos demuestran que esta enfermedad infecciosa ya afectaba a comunidades humanas miles de años antes de lo que se creía. Un análisis de ADN antiguo ha confirmado que la bacteria Yersinia pestis circulaba entre grupos de cazadores-recolectores en Siberia hace 5.500 años, mucho antes de la aparición de las grandes civilizaciones.

La investigación, realizada sobre 42 individuos enterrados en cuatro cementerios cercanos al lago Baikal, identificó la presencia del patógeno en 18 de ellos, una proporción excepcionalmente alta para este tipo de estudios. Los brotes se detectaron en dos periodos distintos: entre hace 5.520 y 5.265 años, y entre hace 5.315 y 4.235 años, según los datos publicados. Este trabajo, desarrollado por equipos de varias universidades europeas, adelanta varios siglos la cronología conocida de la enfermedad y ofrece pistas clave sobre su origen y propagación.

Transmisión entre parientes y brotes espaciados

Uno de los aspectos más reveladores del estudio es el vínculo familiar entre los fallecidos. El análisis de los restos mostró que pequeños grupos de parientes resultaron infectados, lo que sugiere una transmisión directa entre personas. Además, se encontraron familiares en tumbas diferentes, indicando que no todos murieron en el mismo episodio, sino en momentos separados por años. Esto apunta a cadenas de contagio sostenidas dentro de comunidades nómadas.

Este descubrimiento desafía la idea de que las grandes epidemias solo podían surgir en sociedades agrícolas densamente pobladas. Tradicionalmente se creía que solo los asentamientos estables sostenían brotes prolongados, pero los datos del lago Baikal demuestran que incluso cazadores-recolectores dispersos sufrieron la devastación de la peste.

Mortalidad infantil desproporcionada

El estudio también revela que la enfermedad afectó de manera particular a los niños. En los cementerios analizados se observó una concentración inusual de muertes infantiles, especialmente en el grupo de ocho a once años. Esta distribución no se repite en otros yacimientos contemporáneos sin evidencia de peste. Los enterramientos indican que algunos familiares murieron en distintas épocas, lo que refuerza la idea de una transmisión continua.

En cuanto a las cepas detectadas, pertenecen a una rama muy antigua de Yersinia pestis, distinta de las variantes históricas y actuales. Estas bacterias carecían del gen necesario para la transmisión por pulgas, característico de la peste bubónica clásica. Por eso, durante años se pensó que estas formas primitivas no podían causar brotes graves. Sin embargo, los investigadores hallaron la presencia de otro gen, el ypm, que actúa como un superantígeno y desencadena una fuerte respuesta inflamatoria, especialmente en niños.

Una tumba excavada en las cercanías del lago Baikal, en Siberia, contiene los restos de tres personas pertenecientes a una comunidad de cazadores-recolectores que fueron enterradas hace aproximadamente 5.500 años. Vladimiri Bazaliiskii/Handout vía REUTERS

Las cepas antiguas conservaban otros factores de virulencia, lo que sugiere que podían ser tan mortales como las versiones más conocidas, aunque por mecanismos distintos. Se plantea que esa peligrosidad pudo haber llevado a su desaparición: al reducir la supervivencia de los infectados, dificultaban su propia transmisión.

Los resultados siberianos refuerzan la hipótesis de que la peste se originó en Asia central o septentrional. Hasta ahora, las evidencias más antiguas venían de Europa, con unos 5.300 años de antigüedad. El análisis genético indica que la separación entre Yersinia pestis y su pariente más cercano ocurrió entre hace 5.700 y 9.800 años, situando el origen de la enfermedad en territorio asiático.

Este trabajo también arroja luz sobre uno de los primeros saltos documentados de un patógeno animal a los humanos. La peste es una zoonosis cuyo reservorio principal son los roedores, y ha cruzado a los humanos en distintas ocasiones con resultados trágicos. Los autores del estudio destacan que estudiar estos episodios antiguos ayuda a entender cómo evolucionan los patógenos y por qué algunos se vuelven letales. Los cazadores-recolectores del lago Baikal muestran que el riesgo de las enfermedades zoonóticas existía mucho antes de la sociedad masificada.

Fuente: Infobae

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