Robots de compañía personalizados: novio o esposa artificial ya es realidad

Durante años, los robots con apariencia humana fueron exclusivos de la ciencia ficción. Hoy, en 2026, ya es posible reservarlos por internet, con memoria interna y adaptados a los gustos de cada comprador.

Dos propuestas marcan el rumbo: la línea Uworld, de la empresa china Ubtech, y Aria, creada por la firma californiana Realbotix; ambas muestran el avance de la industria de los robots de compañía.

Este fenómeno no es solo técnico. Detrás de las preventas y los altos precios hay un dato social que las compañías interpretan: la soledad en las urbes va en aumento. Según encuestas recientes, millones de personas en ciudades de Asia, Europa y Norteamérica carecen de lazos afectivos estables. Ese vacío es el mercado al que apuntan estos productos.

Robots con inteligencia artificial emocional: más de 3.800 pedidos en diez días

A principios de junio de 2026, Ubtech lanzó la línea Uworld, una serie de robots humanoides para el consumidor masivo, equipados con inteligencia artificial emocional. La oferta incluye un modelo masculino y uno femenino: el primero mide 1,83 metros, lleva traje y gafas; el segundo, de 1,68 metros, aparece en los videos promocionales aplicándose maquillaje.

Ambas versiones comparten atributos: memoria incorporada para reconocer al interlocutor, capacidad de mostrar emociones, movimientos corporales que imitan gestos humanos (parpadeo, giro de cabeza, desplazamiento), conectividad WiFi y una autonomía de dos a cuatro horas por carga de batería.

La reacción del mercado fue inmediata. En solo diez días, Ubtech recibió más de 3.800 pedidos y recaudó más de 10 millones de yuanes (aproximadamente 62.000 dólares) en fase de preventa. El precio final se revelará el 30 de junio; por ahora, apartar una unidad exige un depósito de 3.000 yuanes. El público meta declarado son adultos jóvenes y, especialmente, personas solteras.

Aria: el polémico robot de compañía

A miles de kilómetros, en un laboratorio de California, otra empresa desarrolla una propuesta diferente. Realbotix (derivada de Simulacra, fabricante de las RealDolls, muñecas sexuales de lujo que dominaron ese nicho durante años) presentó a Aria, una figura humanoide femenina de 1,70 metros diseñada, según sus creadores, como “compañera emocional” y no como objeto sexual.

La firma californiana reposiciona su humanoide sin genitales para conversación, reconocimiento y continuidad narrativa, con cámaras en los ojos y diseño modular, además de una división legal para atraer inversores y mejorar percepción pública frente a críticas persistentes - (Realbotix)

Aria no tiene genitales. Su estructura fue creada para la interacción social: conversar, recordar, reconocer. Lleva cámaras en los ojos que le permiten identificar objetos, analizar rostros y guardar información de sus interlocutores para mantener diálogos cada vez más personalizados. Su software de inteligencia artificial simula relaciones de largo plazo, con continuidad narrativa entre sesiones.

El diseño mecánico también es singular. El rostro de Aria está sujeto por imanes y puede cambiarse en segundos; el cuerpo es desmontable por partes. La compañía ha iniciado además una separación legal entre sus divisiones: robots de compañía por un lado, muñecas sexuales por el otro. El objetivo es atraer inversores de perfil más amplio y mejorar la percepción pública del producto.

Los precios de Aria la colocan fuera del alcance de la mayoría. El modelo completo cuesta alrededor de 175.000 dólares. Existe una versión reducida (un busto con capacidad de diálogo) por 12.000 dólares, y una edición “de viaje”, diseñada para acompañar a su dueño en contextos de movilidad, por 150.000 dólares.

Aria cuesta hasta 175.000 dólares y suma versiones “busto” y “de viaje” para movilidad (YouTube: Realbotix)

A pesar de los esfuerzos de Realbotix por reposicionar a Aria como asistente social o herramienta para el sector hotelero y del marketing, el diseño de la figura sigue anclado a los patrones estéticos de su línea de origen. Esa tensión complica su inserción en entornos corporativos o de cuidado y alimenta las críticas sobre la cosificación del cuerpo femenino en el desarrollo de tecnologías sociales.

Detrás del entusiasmo comercial, investigadores y especialistas en salud mental advierten sobre efectos no previstos. La posibilidad de interactuar con una figura que no juzga, que responde con atención constante y que recuerda lo que el usuario quiere escuchar puede reforzar el aislamiento en lugar de reducirlo.

La exposición prolongada a vínculos sintéticos podría erosionar gradualmente las habilidades de interacción humana, especialmente en poblaciones vulnerables o en contextos de alto aislamiento social. Lo que está claro es que el mercado existe, crece y ya tiene nombre propio.

Fuente: Infobae

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