El mundo del cine acaba de presenciar un hito controversial: el primer largometraje generado íntegramente por inteligencia artificial que logra ser seleccionado por un festival de primer nivel. Se trata de Dreams of Violets, dirigida por Ash Koosha, presentada en el prestigioso Festival de Tribeca.
La cinta ha desatado un intenso debate en la industria: ¿hasta dónde puede llegar una producción creada con herramientas de IA que apenas costó 2.000 dólares? En un momento de fuertes recortes presupuestarios en Hollywood, esta cifra resulta especialmente provocadora. Aunque la película no demuestra que la inteligencia artificial pueda reemplazar por completo al cine tradicional, sí evidencia que ya es capaz de generar escenas complejas y visualmente creíbles con un costo mínimo.
¿Qué opina la crítica especializada?
El reconocido crítico Owen Gleiberman, en su reseña para Variety, señaló que la obra funciona en realidad como dos películas paralelas. La primera es un drama ambientado en Teherán, escrito y dirigido por Koosha, que aborda temas como protestas, represión y asesinatos cometidos por el Estado. La segunda, más relevante según Gleiberman, es la demostración práctica de lo que la IA ya puede aportar al largometraje.
Koosha, un iraní expatriado y empresario tecnológico radicado en Londres, sitúa la trama días después de las protestas ocurridas en enero, cuando ciudadanos iraníes salieron a las calles para manifestarse contra el régimen teocrático. La historia no se enfoca en la revuelta en ascenso, sino en el periodo posterior a su contención, con operativos policiales de limpieza y episodios de violencia estatal.

El crítico de Variety considera que el principal problema de la cinta no es precisamente su origen en inteligencia artificial, sino su estructura narrativa. Gleiberman la describe como una sucesión de anécdotas y momentos apenas hilados, con escaso desarrollo dramático y poco contexto para las escenas que muestra.
Para construir el filme, Koosha se basó en informaciones periodísticas, fotografías y testimonios de testigos. Su objetivo era generar la sensación de estar viendo fragmentos de un documental. Sin embargo, el resultado deja a los personajes en una zona de autenticidad aparente pero con una conexión emocional limitada.
La película presenta a media docena de personajes, entre ellos un joven en silla de ruedas, su hermano mayor que es médico, una anciana que evoca el pasado y una estudiante de música. Gleiberman sostiene que ninguno logra desarrollarse en escenas plenamente construidas, lo que debilita la fuerza de unas imágenes centradas en asesinatos de civiles y opresión política.

El filme es descrito como un drama existencial compuesto por momentos abstractos que parecen auténticos, pero no alcanzan la intensidad de un documental real ni la implicación emocional de una ficción bien trabajada.
La controversia sobre la IA en Hollywood
Dreams of Violets llega en un momento de cambios vertiginosos en la industria respecto al uso de inteligencia artificial. Steven Soderbergh admitió en abril haber empleado IA para crear secuencias de fantasía en su documental John Lennon: The Last Interview, y a principios de junio, Martin Scorsese se asoció con la firma alemana Black Forest Labs para agilizar el proceso de storyboard.
Además, Darren Aronofsky también ha utilizado estas herramientas para una serie de videos web sobre la guerra de Independencia de Estados Unidos. Todos estos casos representan pasos iniciales, pero el valor de la película de Koosha radica en mostrar hacia qué usos más amplios podría evolucionar la relación entre la industria audiovisual y la IA.
Durante la proyección en Tribeca, Koosha justificó haber hecho la película enteramente con IA argumentando que de otra forma no habría podido existir, y que las figuras en pantalla están basadas en personas reales.
La crítica plantea una lectura aún más dura: que la película funciona mejor como demostración tecnológica que como largometraje. Pese a ello, Variety destaca que, fotograma a fotograma, el acabado visual le pareció texturizado y realista, hasta el punto de hacer creíbles escenas de agitación urbana al atardecer en Teherán, con soldados en las calles, ciudadanos siendo introducidos en furgonetas y transeúntes apartándose.
Ese es, para Gleiberman, el verdadero dato oculto de la película: no que su retrato del régimen iraní aporte una revelación política nueva, sino que 2.000 dólares ya pueden generar una cantidad muy considerable de imagen en movimiento.
Fuente: Infobae