Spielberg apuesta por la empatía extraterrestre en su nueva película

El cine siempre ha sido un espejo de su época. Apenas un año después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, llegó a las pantallas Señales, de M. Night Shyamalan, un filme que sirvió como ejemplo perfecto de cómo el séptimo arte respondió a aquella tragedia.

Por un lado, se trataba de un cine que regresaba al tema de las invasiones alienígenas. Por el otro, exploraba el miedo al extranjero y la paranoia colectiva. En esa cinta, Mel Gibson interpretaba a un reverendo que había perdido la fe religiosa tras la muerte de su esposa en un accidente automovilístico. Su crisis era doble: ya no confiaba en Dios y, además, se negaba a creer que los responsables de los extraños sucesos en su granja fueran seres de otro mundo.

El uso de extraterrestres como alegoría del presente remite a la década de 1950, cuando Hollywood se volcó en las invasiones alienígenas como una parábola de la amenaza comunista y la noción de un enemigo externo. Un claro ejemplo es la versión de 1956 de La invasión de los usurpadores de cuerpos.

Señales (Signs, 2002)

El colapso de las Torres Gemelas reactivó géneros que permitían profundizar en la idea de invasión para explicar el temor a lo foráneo. Cabe recordar que, un mes después de aquellos ataques, el Pentágono conformó una comisión de profesionales del cine para que idearan posibles ataques. En otras palabras, se les pidió que escribieran guiones de ficción con la esperanza de que esos escenarios pudieran volverse reales.

El 11-S como motor creativo

J. Hoberman, uno de los críticos más lúcidos de Estados Unidos, señaló que, ante el espectáculo real de la caída de las Torres Gemelas, el cine norteamericano se inclinó hacia la hiperrealidad. La realidad ya no bastaba, y la concepción de las películas como una experiencia reemplazó la idea de simple espectáculo. Por ejemplo, La pasión de Cristo no se limitaba a narrar el calvario de su protagonista, sino que buscaba, mediante su puesta en escena, sumergir al espectador en él.

En esa línea, Hoberman identificó en La guerra de los mundos de Steven Spielberg un ejemplo de esta tendencia del cine estadounidense del siglo XXI por una puesta en escena que transformara la película en una experiencia visceral: la cámara se volvía frenética, pegada a los personajes, sin aliento.

Esa historia, estrenada en 2005, narraba la huida de un padre con sus hijos ante la amenaza de seres desconocidos llegados del espacio exterior. La cinta exponía que el miedo no solo se dirigía al extraño, sino también a los propios seres humanos. En momentos de crisis, la confianza en la bondad se volvía difícil.

Una situación parecida se vivía en Calle Cloverfield 10, realizada tras el éxito de Monstruoso en 2008, dirigida por Matt Reeves y centrada en una invasión alienígena. En esa película, un hombre intentaba convencer a la protagonista de que lo mejor era permanecer en un búnker que él había construido, pues afuera se había desatado un desastre capaz de acabar con la humanidad.

La fe en la bondad humana

Señales establece un puente entre la fe religiosa y la creencia en la vida extraterrestre, algo que de cierta manera también recorre la más reciente película de Steven Spielberg.

El día de la revelación se inscribe abiertamente en el contexto actual. El hecho de que una de las protagonistas (Emily Blunt) sea la presentadora del clima de un canal local de Kansas permite que las noticias estén presentes de forma constante. A menudo vemos a sus colegas hablar, aunque sea de fondo, sobre los diversos conflictos que marcan nuestra era.

Aunque es una cinta de extraterrestres, también tiene mucho que ver con el periodismo y la libertad de prensa. Spielberg ya había abordado estos temas en Los archivos del Pentágono, situada a principios de los años setenta, cuando el Washington Post se mostró decidido a publicar documentos clasificados sobre la Guerra de Vietnam.

En El día de la revelación, el contexto es ficticio, pero está fuertemente enraizado en nuestro tiempo. Allí se desarrolla la trama de un experto en ciberseguridad que pretende divulgar al mundo que el gobierno estadounidense conoce la presencia de alienígenas en la Tierra.

Si en La guerra de los mundos algunas escenas reforzaban la desconfianza en la humanidad, en El día de la revelación se plantea una esperanza casi ingenua: la certeza de que el ser humano puede ser bueno. El protagonista, interpretado por Josh O’Connor, huye con la convicción de que el mundo debe saber la verdad sobre los extraterrestres. Mientras tanto, el personaje encarnado por Colin Firth sirve de contrapunto: es un hombre del Gobierno que cree que la humanidad no está preparada para saber que no está sola en el universo.

En 1982, Spielberg estrenó E.T., una película en la que un extraterrestre amigable se hacía amigo de un niño que debía ayudarlo a regresar a su hogar. Unos años antes, el cineasta ya había realizado Encuentros de tercer tipo, un filme sobre los misterios de la vida alienígena con el que entraba por la puerta grande en el imaginario de la ciencia ficción. Allí se retrataba la necesidad de comprender al otro, algo que permea ambas películas. En E.T., el niño confía en las bondades de lo desconocido; en Encuentros…, los personajes no se mueven por el miedo, sino por la curiosidad y la necesidad de entender.

El día de la revelación hace suyo este mismo objetivo a través de dos personajes que actúan como nexo entre los humanos y los alienígenas. El experto en ciberseguridad que interpreta O’Connor comprende lo que dicen los extraterrestres, los traduce y los vuelve inteligibles; mientras que la periodista encarnada por Blunt puede sentir con los humanos. Este alegato a favor de la empatía da pie a algunas de las escenas más edulcoradas de la cinta. Al mismo tiempo, la actuación de Blunt es extraordinaria: modula de manera excelente su registro desde la comicidad hasta la emoción.

A partir del sentimiento y de la necesidad de comprender al otro, Spielberg traza la posibilidad del diálogo en un momento en el que todos los puentes parecen rotos. En un contexto de guerras e incertidumbre como el que vivimos, el cine fantástico vuelve a ofrecer respuestas.

The Conversation

Fuente: Infobae

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