Existen personas que, sin una razón clara, experimentan malestar cuando una relación empieza a tornarse más íntima o emocionalmente intensa. No se trata de una falta de interés ni de ausencia de sentimientos, sino de una reacción interna que impulsa a tomar distancia precisamente en los momentos donde, teóricamente, más se anhela la conexión. Este fenómeno, cada vez más mencionado en la psicología divulgativa, está vinculado a un patrón denominado apego evitativo, el cual impacta la manera en que nos relacionamos en la adultez.
“Cuando alguien se acerca demasiado, ¿sientes la necesidad de alejarte, aunque esa persona te importe mucho?”, pregunta la psicóloga Silvia Severino en una de sus recientes publicaciones en TikTok. “No es que no quieras conexión, es que la conexión te genera una incomodidad que no sabes explicar”, añade. Partiendo de esta idea, Severino describe el apego evitativo como una estrategia emocional que no surge de la indiferencia, sino de una forma de protección aprendida.

De acuerdo con la especialista, este patrón se origina cuando, durante la infancia, expresar necesidades emocionales o afectivas no obtenía una respuesta adecuada. “Se forma cuando mostrar las necesidades de uno mismo generaba rechazo”, afirma. En ese contexto, el cerebro infantil aprende una regla implícita: “No dependas de nadie, así no te hacen daño”.
Esta adaptación, que en su momento puede resultar útil para la supervivencia emocional, tiende a mantenerse al crecer. “De adulto, eso se traduce en sabotear lo que va bien, en poner distancia justo cuando algo empieza a funcionar”, explica Severino. La psicóloga subraya que no se trata de frialdad emocional ni de falta de capacidad afectiva, sino de un sistema nervioso que “todavía no sabe que puede confiar”.
Cómo se forma el apego
El apego es el vínculo emocional que se establece entre un bebé y sus cuidadores principales. Tal como señala el equipo de psicología de Cepsim Madrid, se trata de un lazo fundamental para la supervivencia, ya que el ser humano nace en una condición de total dependencia.
Cuando el cuidado es apropiado, el adulto no solo cubre necesidades básicas como la alimentación o el descanso, sino que también actúa como una “base segura” desde la cual el niño puede explorar el mundo y regresar en busca de consuelo. Esto favorece el desarrollo de la regulación emocional, la confianza y una identidad psicológica estable.

Sin embargo, cuando las respuestas del cuidador son inconsistentes o poco sensibles, pueden surgir patrones de apego inseguro, como el evitativo o el ansioso-ambivalente. En el caso del apego evitativo, el niño puede aprender a inhibir la expresión emocional para protegerse del rechazo, lo cual influye en su forma de vincularse en la vida adulta, sobre todo en la intimidad.
En concordancia con esto, muchas personas con apego evitativo presentan dificultades para identificar o expresar lo que sienten, lo que puede traducirse en relaciones más distantes o en una aparente autosuficiencia que encubre desconexión emocional. La distancia emocional no siempre es una decisión consciente, sino una respuesta aprendida en etapas tempranas de la vida que, en la adultez, puede chocar con el deseo de vínculo y cercanía.
Fuente: Infobae