La Copa del Mundo 2026, que será organizada de forma conjunta por Estados Unidos, Canadá y México, ha planteado un desafío sin precedentes para las selecciones participantes. De acuerdo con información publicada por el diario Chicago Tribune, los equipos deberán enfrentar largos desplazamientos transfronterizos, adaptaciones a múltiples husos horarios y los efectos de la altitud, el calor extremo y la humedad durante la fase de grupos.
Este complicado esquema de movilidad pone a prueba la capacidad organizativa de los cuerpos técnicos y la resistencia física de los futbolistas, quienes deberán rendir al máximo en condiciones geográficas muy diversas.

Recorridos extenuantes: distancias enormes y rutas cambiantes
Varias selecciones afrontan trayectos particularmente agotadores. Curazao, por ejemplo, deberá cubrir aproximadamente 8.530 kilómetros (5.300 millas) entre su base en Florida y las sedes de sus partidos en Houston, Kansas City y Filadelfia, según detalla la publicación estadounidense.
En un panorama similar, Bosnia-Herzegovina acumulará cerca de 8.370 kilómetros (5.200 millas) al trasladarse desde su campamento en Utah hacia sus compromisos en Toronto, Los Ángeles y Seattle.

Por su parte, República Checa inició el torneo viajando desde su concentración en Dallas hasta Guadalajara. Posteriormente, retornó a Texas para alistarse para su siguiente duelo en Atlanta y luego deberá volver a México para cerrar la fase de grupos.
“Simplemente tenemos que vivir con ello porque así lo planificaron otros para nosotros”, declaró Miroslav Koubek, entrenador de República Checa, en declaraciones recogidas por Chicago Tribune.
Koubek añadió: “Estamos contentos de estar aquí y queremos obtener los mejores resultados posibles. Nuestra logística entre bastidores es buena, pero por supuesto no es ideal que tengamos que viajar tanto”.

La situación también es compleja para equipos como Turquía, que ha establecido su centro de entrenamiento en Arizona, a unos 1.930 kilómetros (1.200 millas) de Vancouver, ciudad donde debutó ante Australia.
El técnico Vincenzo Montella comentó, según Chicago Tribune: “Esta es la realidad, tenemos que adaptarnos. Después de una noche así, ya sabe, hacen falta unos días para recuperarse”.
Montella agregó: “Estados Unidos es grande, Canadá es muy grande. México es grande. Tenemos que adaptarnos. Sé que estas cosas no se pueden cambiar. No se puede elegir. Solo hay que adaptarse para no tener excusas”.

El factor geográfico: altitud y clima como elementos determinantes
La altitud constituye un obstáculo adicional. Corea del Sur jugará todos sus partidos de grupo en México, lo que le exige aclimatarse a la altura de Ciudad de México (2.195 metros sobre el nivel del mar) y Guadalajara (1.495 metros), según datos del rotativo norteamericano.
El seleccionador Hong Myung-bo señaló, citado por Chicago Tribune, que el equipo realizó entrenamientos específicos para adaptarse y que eso “ayudó mucho”, aunque no fue suficiente.
Hong Myung-bo añadió: “En la segunda mitad, creo que se pudo ver que todos estaban muy cansados”.

El clima también influye significativamente. Las elevadas temperaturas y la humedad afectan a los equipos que entrenan y compiten en urbes como Houston, Dallas, Nueva York y Miami.
Vinícius Júnior, tras el empate 1-1 de Brasil frente a Marruecos en East Rutherford, Nueva Jersey, declaró en zona mixta, según Chicago Tribune: “Por el clima, el calor, el campo se seca demasiado rápido y el partido se traba mucho y no podemos tener ritmo de juego. Eso nos dificulta las cosas porque queremos jugar, queremos mover la pelota de un lado a otro, y eso interfiere en nuestro juego”.
El delantero añadió que “vamos a tener que adaptarnos porque creo que va a ser así durante toda la competición, en la que todos van a tener el mismo campo de juego”.

Variedad de recorridos y agrupación geográfica
Las distancias totales que cada selección debe cubrir difieren de forma notable. Canadá voló casi 3.220 kilómetros (2.000 millas) entre Toronto y Vancouver tras su partido inaugural, mientras que Estados Unidos recorrerá una distancia parecida al desplazarse entre su centro de entrenamiento en Irvine, California, y sus encuentros en el área de Los Ángeles y Seattle. En contraste, México acumulará menos de 965 kilómetros (600 millas) dentro de su propio territorio.
Entre los grandes candidatos al título, Inglaterra será la que más kilómetros recorra: tiene su cuartel general en Kansas City y jugará partidos en Dallas, Boston y Nueva York.
España deberá viajar cerca de cuatro horas en avión desde su base en Chattanooga, Tennessee, para disputar un encuentro en Guadalajara.
Argentina y Francia, finalistas del Mundial anterior, tendrán calendarios de viaje más livianos: el equipo albiceleste jugará en Kansas City y Dallas, mientras que el conjunto galo se alojará en Boston y disputará partidos allí, en Filadelfia y en Nueva York.

La FIFA buscó reducir el impacto de los traslados agrupando a los equipos en bloques geográficos, según reportó Chicago Tribune. No obstante, la amplia distribución de sedes en América del Norte y las variaciones de altitud y clima convierten la logística en uno de los principales desafíos del torneo.
En certámenes anteriores, como el Mundial de Qatar —un país de dimensiones mucho más reducidas—, los desplazamientos no representaron una dificultad, aunque retos parecidos se vivieron en Rusia 2018 y Brasil 2014.
Esta edición del Mundial obliga a las selecciones a manejar con cuidado la preparación física, la recuperación y la estrategia, considerando distancias, altitud y condiciones meteorológicas, factores que podrían influir de manera directa en el rendimiento deportivo, de acuerdo con Chicago Tribune.
Fuente: Infobae