La polémica por las expresiones discriminatorias en los estadios mexicanos regresó con fuerza durante el debut de la Fase de Grupos del Mundial 2026. El escenario fue el Estadio Monterrey, donde se enfrentaron Suecia y Túnez. El partido quedó ensombrecido por la aparición del conocido grito homofóbico, una conducta que las autoridades futbolísticas han intentado erradicar sin éxito total.
Durante la segunda mitad del encuentro, numerosos sectores del público mexicano corearon la expresión “Eeeh… Pu…”. Esto ocurrió a pesar de las campañas reiteradas de la FIFA y de los sistemas de vigilancia instalados en los recintos deportivos para prevenir actos de discriminación.
Es importante recordar que el organismo rector del fútbol mundial había advertido que estas acciones podrían acarrear sanciones inmediatas. Sin embargo, en este nuevo ciclo mundialista, el fenómeno persiste y representa un desafío para la regulación.

Protocolo de la FIFA ante el grito homofóbico
Según lo estipulado por la FIFA, al detectarse el grito homofóbico en las gradas, se activa un protocolo de tres fases. La primera implica que el árbitro detiene el partido como una advertencia inicial. Si la conducta se repite, el siguiente paso es la suspensión temporal del juego, con los jugadores retirándose al vestuario. En casos extremos, las autoridades pueden ordenar el desalojo de la tribuna implicada o la suspensión definitiva del partido.
- Detención del partido: El árbitro central para el juego y se emite un aviso por el sistema de sonido local para solicitar el cese del comportamiento discriminatorio.
- Suspensión temporal: Si el grito continúa, el árbitro envía a los jugadores a los vestidores de forma temporal y se realiza un segundo anuncio, más severo, a través de los altavoces.
- Suspensión definitiva: Si la conducta persiste, el encuentro se cancela de manera definitiva, lo que puede resultar en la pérdida de puntos o la descalificación del torneo.
No obstante, cabe señalar que en el partido disputado en Monterrey, el árbitro no implementó ninguna de estas medidas contempladas en el reglamento de la entidad rectora del fútbol.

Origen del grito homofóbico en los estadios mexicanos
Esta práctica tuvo su origen en los estadios de Guadalajara. Los aficionados comenzaron a emplear una palabra ofensiva cada vez que el portero Oswaldo Sánchez realizaba un saque de meta, primero cuando jugaba en el Atlas y después en el Guadalajara. La intención era distraerlo y ejercer presión psicológica en momentos cruciales del partido.
Con el paso de los años, esta costumbre dejó de ser un fenómeno local y se trasladó a escenarios de mayor repercusión. Entre 2004 y 2014, el cántico se integró de forma masiva en los partidos de la Selección Mexicana, tanto en México como en Estados Unidos. La acción colectiva de miles de seguidores transformó este grito en una de las expresiones más repetidas durante los despejes del portero rival, consolidándose como una rutina en las tribunas, sin importar la sede.

La situación cambió drásticamente en 2015, cuando la FIFA decidió intervenir ante la persistencia del grito durante las eliminatorias para el Mundial de Rusia 2018. Tras analizar varias denuncias, el organismo determinó que el cántico violaba su reglamento contra la discriminación y la intolerancia, lo que llevó a las primeras multas económicas contra la Federación Mexicana de Fútbol.
Esta decisión de la FIFA marcó un punto de inflexión y obligó a la federación y a los clubes a implementar medidas para erradicar la práctica, ya que su continuidad podía derivar en sanciones más severas, incluyendo la suspensión de partidos o la exclusión de competencias internacionales.
Fuente: Infobae