Con el estreno de El día de la revelación, el aclamado Steven Spielberg ha vuelto a demostrar su imbatible capacidad para llenar salas y acaparar el foco de la industria cinematográfica. El dos veces ganador del Oscar por Salvar al soldado Ryan y La lista de Schindler acumula una carrera extensa y exitosa, pero también guarda una larga lista de proyectos que estuvo cerca de dirigir y que, por diversas razones, acabó declinando.
Uno de los nombres más sorprendentes en esa lista es el de la saga de Harry Potter. Aunque al final Chris Columbus, famoso por Solo en casa, fue quien asumió el inicio de la franquicia, el cineasta de Jurassic Park y E.T., el extraterrestre fue la primera opción de Warner Bros. De hecho, llegó a seleccionar personalmente a tres actores clave: Richard Harris (Albus Dumbledore), Maggie Smith (Minerva McGonagall) y Robbie Coltrane (Rubeus Hagrid).
Sin embargo, pronto surgieron tensiones tanto con el estudio como con la autora J. K. Rowling. El director no estaba dispuesto a mudarse a Inglaterra ni a separarse de su familia por largas temporadas. Además, planeaba condensar varios libros en una sola película, idea que Rowling rechazó de plano, pues deseaba que cada novela tuviera el metraje suficiente para desarrollar su trama. Pero ninguno de estos desacuerdos fue el detonante final. La verdadera razón fue la muerte del legendario Stanley Kubrick y la petición que sus seres queridos hicieron a Spielberg.
La propuesta de la familia Kubrick
A finales de los años setenta, Kubrick adquirió los derechos de un relato de Brian W. Aldiss titulado Superjuguetes duran todo el verano y comenzó a desarrollar un guion con varios escritores. No obstante, el proyecto nunca despegaba del todo, y otras películas como El resplandor, La chaqueta metálica o Eyes Wide Shut le impedían dedicarle el tiempo necesario a una historia que, según Aldiss, lo había “emocionado”. Tras el fallecimiento de Kubrick, su familia contactó a Spielberg. “No había guion y, tras su muerte, asistí al funeral en su casa de Saint Albans y me propusieron sustituir a Stanley y, tal como él lo había planeado, dirigir la película”, relató el cineasta.
Y así lo hizo. Dejó de lado la oportunidad de Harry Potter y se sumergió en la producción de una cinta que pronto sería conocida como A.I. Inteligencia Artificial. Considerada una de las mejores obras de Spielberg en lo que va del siglo —y eso es decir mucho—, la película transcurre en un futuro donde los humanos conviven con sofisticados robots. La historia sigue a un niño-androide llamado David, programado para amar, aunque la sociedad aún no está preparada para las consecuencias de ese sentimiento.

El resultado fue una producción que, según actores y colaboradores, mantuvo el ADN de Kubrick pero impregnado del estilo personal de Spielberg. Quienes trabajaron en el filme recuerdan que la adaptación logró combinar la sensibilidad de ambos directores. Un ejemplo de ello lo dio Sam Robards, uno de los actores principales, quien destacó cómo A.I. Inteligencia Artificial conciliaba la profundidad conceptual del realizador original con la energía dinámica y emotiva de su sucesor. “Fue diferente, densa y compleja. Tenía ese toque kubrickiano, ¿verdad? Impasible. Creo que Steven lo logró a la perfección”, afirmó el intérprete.
Fuente: Infobae