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Robert Taibbi: Cómo las creencias erróneas alimentan emociones negativas

La relación entre los sentimientos y el cambio de emociones es un terreno complejo que exige examinar las creencias que los sostienen. El psicólogo Bob Taibbi, con 50 años de trayectoria y 13 libros publicados, desglosa este vínculo en Psychology Today a partir de cuatro patrones mentales que suelen disparar culpa, rabia, ansiedad, decepción y resentimiento.

Según Taibbi, las emociones problemáticas no surgen de la nada, sino que se nutren de creencias erróneas, supuestos rígidos y expectativas inflexibles. Entre los detonantes más comunes aparecen los “debería”, lo que “se supone” que ocurre, la percepción de injusticia y las historias personales consolidadas con el tiempo.

El experto enfrenta dos formas de entender el malestar emocional: una que asume que las emociones —como la ira, la ansiedad o los celos— aparecen primero y luego vienen los pensamientos; otra, en la que él se sitúa, sostiene que las creencias profundas actúan antes y terminan impulsando esas emociones.

Los patrones que disparan la reacción emocional

Las creencias se manifiestan primero como reglas internas. Son los “debería”, normas que a menudo se heredan de padres o figuras de autoridad. Cuando se incumplen, suelen desencadenar culpa o vergüenza.

Estas reglas pueden proyectarse sobre otras personas: esperar que la pareja escuche sin criticar o que un jefe valore las horas extra convierte una convicción personal en una exigencia externa. Si los demás no cumplen, aparecen enfado, resentimiento, decepción o sorpresa.

También existen expectativas sobre situaciones o acontecimientos: unas vacaciones “deberían” ser relajantes o un ascenso “debería” ser estimulante. Cuando la realidad no se ajusta, la respuesta emocional puede ser rabia, decepción o desánimo.

Otro patrón es la convicción de injusticia. Taibbi lo ejemplifica con sentirse criticado sin motivo o no recibir un ascenso tras muchas horas extra, lo que vulnera un principio básico de equidad. De ahí surgen decepción, resentimiento, rabia o ansiedad.

El cuarto elemento es la historia personal que la persona se cuenta sobre sí misma, su pasado o el mundo. Puede basarse en recuerdos familiares, como la idea de que unos padres favorecían más a otro hermano, o en una autoimagen de no sentirse querido o condenado al fracaso.

Estrategias para revisar las emociones

La primera herramienta consiste en detenerse a identificar qué hay detrás de una emoción concreta. Por ejemplo, si alguien está enfadado con su hermano o siente culpa, la pregunta no es solo qué siente, sino qué expectativa o criterio de injusticia está activando esa reacción. Este paso ayuda a salir de una respuesta dominada por la emoción y entrar en una lectura más racional.

El segundo movimiento es discutir la propia versión de los hechos. Un hermano quizá ha mostrado agradecimiento en otras ocasiones, una sensación de culpa actual puede no reflejar la pauta general de conducta, y una persona que se exige demasiado bajo estrés puede estar sobredimensionando sus fallos.

Taibbi señala que allí es útil la mirada de un terapeuta o un buen amigo. Esa perspectiva alternativa puede reinterpretar hechos que la persona da por cerrados: unos padres quizá no favorecían a una hermana, sino que le dedicaban más atención por una discapacidad; un hermano puede estar absorbido por sus propios problemas; o la autocrítica puede intensificarse en momentos de estrés.

La clave final es la palabra “experimento” y adoptar curiosidad ante la tendencia de la mente a volver siempre a los mismos supuestos, historias y conclusiones.

Fuente: Infobae

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