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El fenómeno del Niño

Todas las organizaciones que se dedican a realizar predicciones o pronósticos del clima a nivel mundial, entre las que se destaca la Organización Meteorológica Mundial (OMM) como vocero autorizado acerca del estado y comportamiento de la atmósfera de la tierra, nos han alertado, con un 90 % de probabilidad, sobre la inminente presencia del denominado fenómeno del Niño que afectará a nuestro país, particularmente a las provincias de la Costa, basados en la opinión de una serie de expertos encargados de monitorear el cambio climático a nivel mundial destacando un sobrecalentamiento del mar de alrededor de tres grados centígrados o más, sobre el promedio que se conoce antes del periodo industrial, y la consiguiente sobrelevación del nivel del mar, lo que hace presumir que este evento natural será mucho mayor que aquellos hasta el momento registrados.

Frente a esta inminente realidad, la primera pregunta que surge es: ¿nuestro país está preparado para afrontar un evento natural de esta naturaleza? Para el ciudadano común la respuesta es que no estamos preparados a la luz de lo que anualmente pasa en nuestro país durante épocas de lluvias normales, cuando de forma casi rutinaria se destruyen grandes tramos de vías, alcantarillas y puentes colapsados, grandes áreas urbanas y rurales permanecen inundadas, avalanchas de lodo y piedras que arrasan con barrios enteros, etc., a base de lo cual es fácil deducir lo que ocurrirá durante el evento del fenómeno del Niño que se avecina. Es indudable que en nuestro país no existe la cultura del control del agua y, por lo tanto, la planificación urbana y rural carece de importantes proyectos de ingeniería que minimicen los efectos de grandes eventos naturales relacionados con el agua, por cuya razón estamos expuestos a sufrir sus consecuencias en los ámbitos económico y social, sobre todo de los sectores más deprimidos de la sociedad.

Al margen de lo mencionado, es indudable que en general los políticos o administradores de turno no están sintonizados con los eventos de lluvia y sus efectos; y, para no hacer notar esas deficiencias, caen en el ridículo de siempre echarle la culpa al agua con comparaciones que atentan contra el buen sentido de los ciudadanos, que entienden claramente la carencia estructural de las obras encargadas de minimizar los efectos de lluvias normales y, por supuesto, de aquellos eventos extraordinarios que se presentan cíclicamente.

Frente a la gran preocupación por la venida del fenómeno del Niño es de esperar que todos los estamentos del Estado cuenten con un plan de contingencia que permita acometer de mejor manera estos eventos naturales, sin olvidar que las tareas de prevención constituyen la vía idónea para minimizar los efectos adversos y que además privilegian la vida del ser humano y garantizan sus principales sustentos de supervivencia.

fuente El universo

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