En el puerto de Pasaia, en Guipúzcoa, se ha abierto una convocatoria inusual: encontrar un cocinero dispuesto a enfrentar uno de los desafíos gastronómicos más singulares. Una réplica de la nao San Juan, el histórico ballenero vasco que naufragó hace seis siglos frente a las costas de Canadá, se alista para cruzar el Atlántico. La noticia, difundida por Cadena SER, ha despertado gran curiosidad.
El puesto exige adaptarse a condiciones extremas. Quien lo ocupe deberá trabajar en una cocina que nada tiene que ver con las modernas instalaciones actuales. No habrá frigorífico ni electricidad; solo fuego y utensilios del siglo XVI. Los alimentos deben ser sencillos y de larga conservación, como legumbres, embutidos curados, pescado salado y pan duro.
El proyecto, impulsado por la factoría Albaola, busca revivir la memoria de la navegación vasca. La nao San Juan, reconstruida con técnicas y materiales originales, recreará el viaje que los marineros vascos realizaron en el siglo XVI desde Euskadi hasta la costa de Terranova y Labrador, en Canadá. En Red Bay, el pequeño pueblo donde yace el pecio original, esperan con ansias la llegada de la réplica, manteniendo viva la herencia de aquellos navegantes.
Los retos de una cocina de época
La cocina de la nao San Juan fue definida por el periodista Gonzalo Loza en Cadena SER como “de época”. Está equipada con parrillas, espetones y calderos de cobre. No es una barbacoa moderna: la superficie carece de patas y cuenta con arena en la base para evitar que el calor de la brasa incendie la madera del barco.
El uso de fuego abierto implica precauciones especiales. La falta de refrigeración obliga a seleccionar ingredientes que resistan largos periodos sin descomponerse. Cocinar en alta mar, expuesto al viento y al balanceo del barco, añade complejidad. La seguridad es clave: evitar incendios en una estructura de madera es prioritario. El cocinero deberá diseñar menús inspirados en la dieta de los marineros del siglo XVI, donde la creatividad se pone al servicio de la supervivencia.
Expectativas y proceso de selección
El interés ha superado las expectativas. Según Xabier Alberdi, responsable del proyecto, ya se han presentado cerca de 40 candidatos, entre ellos incluso un chef con estrella Michelin. El proceso de selección prioriza la capacidad de adaptación, experiencia en cocina tradicional e ingenio para resolver problemas sin tecnología moderna.

Quien resulte elegido deberá alimentar a la tripulación durante una travesía estimada en dos meses y más de 5.000 kilómetros. Los alimentos tendrán que resistir el paso del tiempo sin refrigeración, y el menú debe cubrir las necesidades energéticas de los marineros mientras representa fielmente la dieta de la época. El desafío es tanto personal como profesional.
Mientras tanto, en Red Bay, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, los vecinos esperan con entusiasmo la llegada de la réplica. La exalcaldesa Wanita Jones confiesa su impaciencia y orgullo:
“Aquí transmitimos de generación en generación lo que hicieron los vascos”.
Red Bay mantiene un museo dedicado a los arrantzales y conserva fragmentos de tejas rojas de los hornos usados para extraer aceite de ballena, testigos de una relación transatlántica que ahora revive.
Fuente: Infobae