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Tensión en el estrecho: presión china y defensa taiwanesa ante la libertad de navegación

El viceministro de Relaciones Exteriores de Taiwán, Wu Chih Chung, lanzó una advertencia que retumbó en Europa: «Si China ataca Taiwán, Francia, Europa, Estados Unidos y Japón se verán afectados. Taiwán estará en una situación terrible, pero vosotros también». Sin embargo, los líderes europeos, que ya reaccionaron tardíamente ante la invasión rusa a Ucrania, parecen ignorar el conflicto que se gesta en el Asia-Pacífico.

La creciente presión militar y diplomática de China sobre Taiwán, sumada a la modernización defensiva de Taipéi y el aumento de incidentes relacionados con la libertad de navegación, están elevando la tensión en el estrecho y transformando la seguridad regional. Este conflicto no solo involucra a las dos partes principales, sino también a potencias occidentales, naciones aliadas y la propia estructura de seguridad internacional.

Según el Institute for the Study of War (ISW), el régimen de Xi Jinping ha incrementado sus operaciones de presión contra Taiwán en diversos frentes. En mayo, se registraron 217 incursiones de aeronaves de la Fuerza Aérea china en la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) de la isla. Aunque esta cifra es inferior al promedio de 2025, mantiene un ritmo que obliga a las fuerzas taiwanesas a una vigilancia constante. La autocracia china busca además impactar la moral militar del estado democrático al que confronta.

El informe del ISW señala que la reducción temporal de incursiones no implica un cambio de estrategia por parte de Beijing, sino una táctica de imprevisibilidad diseñada para desgastar la respuesta militar de Taiwán y acostumbrar a su población a la amenaza. No obstante, el pueblo taiwanés ha mostrado una gran resiliencia frente a estas agresiones y al acoso constante. La frecuencia de estas operaciones constituye una forma de presión psicológica y militar que, según analistas de defensa, busca debilitar la moral y la capacidad de reacción de las fuerzas armadas taiwanesas.

El acoso no se limita al espacio aéreo. La Guardia Costera de China ha aumentado sus incursiones en aguas bajo administración taiwanesa, especialmente cerca de las islas Kinmen y Pratas. Estas maniobras buscan reforzar las reclamaciones jurisdiccionales chinas y probar la capacidad de respuesta de la Guardia Costera de Taiwán, al tiempo que socavan la percepción de soberanía sobre el territorio insular. Filipinas y Vietnam también han experimentado tácticas similares por parte del régimen chino.

Estrategias de asfixia

El cerco de China sobre Taiwán no se limita al ámbito militar. Xi Jinping ha ordenado combinar estas acciones con campañas de desinformación y amenazas energéticas. En los últimos meses, el régimen ha explotado la dependencia taiwanesa del gas natural licuado (LNG) importado para generar temor ante un posible bloqueo marítimo, acción que constituiría un acto de guerra según el derecho internacional. Queda la interrogante: ¿estarán las potencias occidentales dispuestas a sancionar a Beijing en ese escenario? ¿Cuánto podría resistir Taiwán ese estrangulamiento? ¿Tendrá Xi el pulso suficiente para atacar un buque de Estados Unidos —militar o comercial— que se dirija al Puerto de Kaohsiung, el más importante para el comercio de la isla?

Una pantalla transmite imágenes de noticias de una aeronave de la Fuerza Aérea participando en ejercicios militares del Comando del Teatro Oriental del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China alrededor de Taiwán, en una zona comercial de Pekín, China, el 19 de agosto de 2023 (Reuters)

Las autoridades de Taiwán ya han tomado medidas: han reforzado la comunicación pública y realizado ejercicios conjuntos entre la marina, la guardia costera y el ministerio del interior para simular la protección de cargamentos de LNG y petróleo ante eventuales bloqueos. La vulnerabilidad energética de la isla, con reservas para apenas 12 días de consumo según cálculos internacionales, es uno de los puntos débiles más explotados por la estrategia de coerción china.

La presión en la opinión pública también se manifiesta en la campaña de desinformación lanzada por Beijing a través de redes sociales y plataformas como TikTok y RedNote. El presidente taiwanés, Lai Ching-te, advirtió que estas aplicaciones pueden influir sobre los jóvenes y modificar la percepción local respecto a la anexión china y la defensa de la democracia. Taiwán ha implementado prohibiciones parciales y campañas educativas para contrarrestar estos intentos de «guerra cognitiva».

Modernización defensiva de Taiwán

Frente a la presión creciente, Taiwán ha redoblado esfuerzos para modernizar sus sistemas de defensa. Según el ISW, la compañía local Aerospace Industrial Development Corp. (AIDC) anunció el desarrollo de un sistema de navegación de drones que no depende de señales GPS, lo que permite operar en entornos donde la guerra electrónica china pueda causar interferencias o bloqueos. Este nuevo sistema, basado en inteligencia artificial y navegación visual, busca dotar a las fuerzas armadas taiwanesas de capacidades asimétricas para enfrentar una posible invasión o ataque masivo del régimen de Xi.

El desarrollo de drones resistentes a la guerra electrónica responde a las lecciones del conflicto en Ucrania, donde los sistemas no dependientes de GPS demostraron ser cruciales ante la capacidad de Rusia para bloquear señales. Taiwán, consciente de la superioridad numérica y tecnológica de las fuerzas chinas, prioriza la innovación y la producción local de sistemas autónomos para reducir la dependencia de insumos y componentes de origen chino.

Hsieh Jih-sheng, subjefe del Estado Mayor de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Taiwán, señala un mapa durante una conferencia de prensa sobre los ejercicios militares de China alrededor de Taiwán, en Taipéi, Taiwán, el 30 de diciembre de 2025 (Reuters)

En el plano internacional, Taiwán busca fortalecer su red de alianzas con Estados Unidos, Japón, Canadá y países europeos. A fines de mayo, la fragata canadiense HMCS Charlottetown cruzó el estrecho de Taiwán como muestra de compromiso con la libertad de navegación y apoyo tácito a la soberanía de la isla. El régimen de Beijing reaccionó con indignación ante este uso de aguas internacionales que considera propias, interpretándolo como una intromisión en su «espacio soberano». El buque de guerra canadiense atravesó el canal de 180 kilómetros de ancho los días 22 y 23 de mayo como parte de una operación rutinaria, según informó el Ministerio de Defensa Nacional, sin escolta de buques aliados.

Ataque a la libertad de navegación y respuesta internacional

El control del estrecho de Taiwán y el Mar de China Meridional —también llamado Mar del Este o Mar de Filipinas Occidental— es un punto neurálgico de la rivalidad regional. A fines de mayo, la fragata holandesa De Ruyter realizó una operación de libertad de navegación cerca de las islas Paracel, bajo control chino pero reclamadas por otros países. La respuesta de la autocracia de Xi fue inmediata: la Armada china desplegó buques y aviones, y utilizó advertencias verbales y bloqueo electrónico para expulsar a la nave europea de la zona.

Estas acciones forman parte de una política sistemática de China para restringir la presencia de buques militares no asiáticos y afirmar su control sobre rutas comerciales críticas. Beijing ha invertido en infraestructura militar en las islas disputadas, incluyendo sistemas de guerra electrónica y plataformas de lanzamiento de misiles, para disuadir cualquier desafío a sus reivindicaciones territoriales.

Fuentes diplomáticas coinciden en que el endurecimiento de la postura china busca erosionar los mecanismos internacionales de libertad de navegación y desalentar la formación de bloques defensivos en el Indo-Pacífico. La comunidad internacional ha respondido fortaleciendo la cooperación entre países afines, como Japón y Filipinas, que avanzan en acuerdos de defensa y transferencia de tecnología militar para contrarrestar la presión del régimen comunista.

Disuasión y riesgo de escalada

La dinámica de presión y respuesta en el estrecho plantea riesgos crecientes de escalada no intencionada. El uso de medidas de bloqueo electrónico y la proximidad de buques y aeronaves militares de diferentes países aumentan la probabilidad de incidentes o errores de cálculo que podrían desencadenar una crisis mayor.

Taiwán prepara a su población para resistir no sólo el acoso militar del régimen chino, sino también las múltiples campañas de desinformación emitidas desde Beijing (Europa Press)

En el plano político, China ha intensificado sus esfuerzos para aislar diplomáticamente a Taiwán, presionando a gobiernos extranjeros para que eviten contactos oficiales con las autoridades taiwanesas. Un episodio reciente fue particularmente escandaloso: Seychelles, Mauricio y Madagascar cedieron a las órdenes de Beijing, bloquearon su espacio aéreo e impidieron que el presidente Lai visite al único país aliado que Taiwán tiene en África.

La estrategia china de combinar presión militar, acoso diplomático y campañas de desinformación busca forzar a Taipéi a aceptar la reunificación bajo los términos de la autocracia, renunciando a la democracia que rige la isla desde hace décadas. Mientras tanto, Taiwán apuesta por fortalecer su resiliencia interna, diversificar sus alianzas y modernizar su aparato militar para preservar su autonomía y garantizar la seguridad de su población ante cualquier intento de coerción.

«¿Por qué iba Francia a proteger a los taiwaneses? Nunca hemos sido un país francés, ¿por qué iba Francia a hacer eso? Pero Francia tiene intereses muy importantes en la región, y Francia es un país del Indopacífico«, se pregunta el vicecanciller Wu en una entrevista con Euronews. «Si China ataca Taiwán o incluso impone un bloqueo alrededor de la isla, los intereses del mundo se verán gravemente dañados«, concluyó.

Mientras tanto, Taiwán refuerza su apuesta por la innovación tecnológica, el fortalecimiento de alianzas y la defensa de los principios democráticos frente a la amenaza permanente de Beijing. También intenta abrir los ojos a aquellos que aún se niegan a ver la realidad frente a sí.

Fuente: Infobae

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