El fenómeno cinematográfico reciente tiene nombre propio: Backrooms: sin salida y Obsesión. Ambas cintas, producidas con presupuestos modestos, han superado la barrera de los 100 millones de dólares en taquilla, y detrás de ellas hay una historia que va más allá del éxito económico. Alissa Wilkinson, crítica de cine del Times, y Jason Zinoman, crítico del Times y autor de «Shock Value», analizan el salto de los creadores de contenido digital al cine y lo que esto revela sobre las inquietudes de una generación.
El cine no ha muerto, solo se transforma
Durante años, los ejecutivos de Hollywood repitieron que las salas de cine eran un concepto obsoleto, que los jóvenes, acostumbrados al entretenimiento en pantallas pequeñas, habían perdido la capacidad de atención para disfrutar de una película en pantalla grande. Wilkinson confiesa que casi llegó a creerlo, pero la realidad le ha dado la razón a quienes defendían lo contrario: a la gente le gusta ir al cine. Y, a pesar de las quejas sobre precios y multitudes, sigue siendo una de las opciones más económicas y divertidas para pasar una noche con amigos.
La prueba está en el doble golpe de Backrooms: sin salida, de Kane Parsons, y Obsesión, de Curry Barker. Ambos directores, pertenecientes a la generación Z, comenzaron su carrera en YouTube y han logrado lo que muchos cineastas de estudios solo sueñan: un éxito arrollador con presupuestos excepcionalmente bajos.
Dos películas, dos estilos, un mismo fenómeno
Backrooms: sin salida, basada en un meme de 4chan que se volvió viral en YouTube, se convirtió en el mayor estreno en la historia de A24, triplicando el récord anterior del estudio. Con un presupuesto de solo 10 millones de dólares, recaudó más de 80 millones en Norteamérica durante su fin de semana de estreno. Lo más sorprendente: Parsons cumple 21 años este mes.
Por su parte, Obsesión, rodada por menos de un millón de dólares, ha tenido un crecimiento inusual. Normalmente, el éxito de una película se mide por la caída en su segundo fin de semana, pero el boca a boca ha sido tan positivo que la cinta ha aumentado su recaudación cada semana, superando ya los 100 millones de dólares en Norteamérica. Wilkinson, de 42 años, asistió a funciones de ambas películas y confirma: era la mayor de la sala.
El terror como espejo de la ansiedad juvenil
Zinoman destaca que la principal obligación del terror es aterrorizar, y Obsesión lo logra con una estrategia de distracción hábil y fluida. La película cuenta con cinco o seis sustos verdaderamente perturbadores, gracias a la actuación espasmódica de Inde Navarrette, a quien Zinoman describe como una interpretación digna de un Óscar que recuerda a Mia Goth en Pearl y a Betty Gabriel en Get Out, pero con un estilo propio.
«La razón por la que esta película se ha convertido en un tema de conversación no son solo los sobresaltos, sino la habilidad con la que Barker plantea ansiedades cotidianas sobre las citas, el consentimiento y la inseguridad narcisista», explica Zinoman.
En contraste, Backrooms: sin salida es más abstracta y cruda. Zinoman la describe como una película de casa encantada que apuesta por un ambiente inquietante, aunque admite que el video original de nueve minutos en el que se basa le pareció más aterrador. Ambos críticos coinciden en que lo más aterrador sigue siendo lo desconocido.
Una nueva generación de cineastas
Wilkinson señala que estos directores no son casos aislados. Nombra a Zach Cregger, de Bárbaro y La hora de la desaparición, quien también proviene de la comedia de sketches. También menciona a Mark Edward Fischbach, conocido como «Markiplier», cuya película Iron Lung fue un éxito basado en un videojuego. Y, por supuesto, a los hermanos Danny y Michael Philippou, de Háblame, otro éxito de A24 que nació en YouTube.
La clave de su éxito, según Wilkinson, es que llevaron consigo una audiencia construida desde las bases hasta la pantalla grande. No se trató de un tráiler que generó interés, sino de un público que ya estaba comprometido con el trabajo de estos creadores.
Lecciones para Hollywood
Wilkinson concluye con dos lecciones claras. Primero, que películas como Obsesión necesitan tiempo para crecer en taquilla, por lo que no deben enviarse directamente al streaming. Segundo, que los ejecutivos deberían buscar más creadores que hayan construido su público de forma orgánica en los espacios donde se reúnen los jóvenes, y darles libertad creativa.
«La mejor lección no es invertir en más películas como estas, sino encontrar más creadores que hayan construido su público de forma orgánica», afirma Wilkinson.
Al final, el terror sigue siendo popular, pero estos dos directores han redescubierto elementos esenciales del pasado, demostrando que lo más aterrador sigue siendo lo desconocido.
Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Jason Zinoman es crítico de la sección de Cultura del Times y escribe una columna sobre comedia.
Fuente: Infobae