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Tragedia en Pulse: la noche que 49 latinos murieron en Orlando

Javier Navas guardó durante meses una bala alojada en su cuerpo tras la masacre del 12 de junio de 2016. El proyectil le causaba dolor físico y también una profunda perturbación psicológica: siempre sentía que llevaba dentro algo que había tocado el tirador, el responsable de la peor matanza en la historia de Pulse, el club nocturno gay de Orlando. Aquel ataque dejó 49 muertos y 53 heridos.

Navas, de origen mexicano, estaba esa noche junto a su esposo Adrián. A pesar de recibir un balazo y quedar en estado crítico, logró sobrevivir tanto al daño físico como al trauma emocional. El día en que le extrajeron la bala del cuerpo sintió un enorme alivio, según contó a los medios. Sin embargo, las imágenes de aquella madrugada regresan sin aviso, en cualquier momento. “Nunca vas a dejar de sentir esos miedos que te invaden de un momento a otro, lo importante es saber cómo manejarlos, mantenerme calmado”, declaró a CNN en Español.

Omar Mateen, el tirador de Orlando que le arrebató la vida a 49 personas

Cerca de las 2:00 de la madrugada de ese sábado de junio, un hombre armado ingresó al club durante la Noche Latina y abrió fuego contra la multitud que bailaba, bebía y disfrutaba en un ambiente que siempre se había considerado seguro.

Pulse era uno de los bares más concurridos de Orlando, una ciudad conocida por el turismo, los parques temáticos y la magia de Disney. Omar Mateen, ciudadano estadounidense de 29 años, hijo de padres afganos, portaba un rifle semiautomático Sig Sauer MCX y una pistola Glock 17, ambas armas adquiridas legalmente días antes del ataque, según la revista GQ. Ese día desencadenó el tiroteo masivo más letal en la historia de Estados Unidos hasta ese momento y el ataque más mortífero desde el 11-S de 2001, de acuerdo con la BBC.

Mateen permaneció dentro del local durante más de tres horas que se volvieron interminables para quienes estaban allí. Muchos se escondieron, separados de sus parejas o amigos, entre cuerpos que yacían ensangrentados.

Había rehenes escondidos en baños, armarios y detrás de las barras. El asesino afirmó ser un soldado del Estado Islámico, aunque el director del FBI, James Comey, señaló que durante las tres llamadas que hizo desde el club expresó apoyo simultáneo al Estado Islámico y a su rival en Siria, el Frente Al Nusra, además de solidaridad con los atacantes del maratón de Boston, sin tener vínculos reales con ninguno de esos grupos, según la BBC.

La policía logró derribar una pared y abatir al atacante. Para entonces, la cifra de muertos ya era la más alta registrada en un tiroteo masivo en suelo estadounidense.

Una herida que tardará en cerrarse

La masacre golpeó duramente a la comunidad latina y gay. Los sábados se celebraba la Noche Latina, con salsa, merengue, reggaeton y bachata: ritmos que se alejaban del repertorio habitual de Top 40 y disco-pop del club, y que atraían especialmente al público hispano, según BBC Mundo.

Por eso Pulse era el punto de encuentro de esa comunidad. Adrián, nacido en las afueras de La Habana, y Javier, originario de Ciudad de México, habían ido a reunirse con amigos.

Aquella noche del 11 de junio de 2016, llegaron alrededor de las 12:45. Salieron al patio porque alguien quería una hookah (pipa de agua de origen persa), luego volvieron a bailar. No sabían que sería la última vez que Pulse abriría sus puertas. Seis de esos amigos no regresaron a casa.

Cuando escucharon el primer estruendo, Adrián pensó que a alguien se le había caído algo. El segundo y el tercero los confundió con petardos, según GQ. Luego, estaba en el suelo.

Así escapaban los sobrevivientes al escuchar los primeros disparos

No recuerda cómo llegó allí ni cuánto tiempo pasó. Un cuerpo yacía sobre él, quizá vivo, quizá no. Encontró su teléfono, resbaladizo por la sangre, y miró hacia arriba: todos estaban en el suelo, excepto un hombre cerca de la puerta principal que empuñaba un arma. Adrián se levantó y corrió al patio.

Volvió a entrar para buscar a Javier, vio al hombre armado, oyó más disparos y se detuvo. Llamó al celular de su esposo y luego cayó en la cuenta de que el sonido podría delatarlo si estaba escondido, contó en una entrevista.

Bajo el escritorio

Javier supo desde el principio que era un tiroteo. Pensó que se trataba de una pelea o de un borracho armado. Luego sintió un pinchazo rápido y caliente en el lado derecho del abdomen y vio un agujero en su camisa.

Javier Navas es uno de los sobrevivientes de la masacre de Pulse

Divisó una escalera detrás del bar y supuso que lo podía llevar al techo. Subió con dificultad, sujetándose el costado. Arriba solo había una oficina, donde ya se habían reunido cinco personas, una de ellas con un balazo en la pierna. Javier se metió debajo de un escritorio con otras dos personas.

Llamó al 911, pero al susurrar, el operador no pudo entenderlo. Le dio el teléfono a una mujer que explicó dónde estaban y que había dos hombres heridos. Mientras hablaba, ella mantenía una rodilla presionada sobre el abdomen de Javier para contener la sangre.

En ese momento, Javier se dio cuenta de que estaban directamente sobre la pista principal de Pulse. Comprendió que bastaba con que el atacante levantara el rifle unos 30 grados y disparara a través del piso para matarlos a todos. Esperaron en silencio.

Personas recuerdan a las 49 víctimas del tiroteo en el bar gay Pulse, en Orlando, Florida (EE.UU). EFE/Gerardo Mora/Archivo

Cuando la policía despejó la sala principal, les indicaron que bajaran con las manos en alto. Javier apenas podía mover el brazo derecho; el izquierdo lo mantenía apretado contra su abdomen. Un oficial lo sostuvo al pie de la escalera y lo ayudó a sortear los cuerpos.

Vio un cuerpo vestido de blanco, de espaldas en el piso, con los brazos a los costados. Era su amigo Gilberto. Se veía en paz, como si estuviera dormido. Entonces gritó, tan fuerte que él mismo se asustó. Vio a Adrián corriendo hacia él y, por un instante, temió que la policía le disparara, según GQ.

Los días que siguieron

En el hospital, Adrián recorrió habitación por habitación buscando a su esposo. Había un Javier, pero pensó: ¿será mi Javier? Lo encontró en el cuarto número cuatro.

La bala que lo alcanzó probablemente había rebotado en el suelo o en una pared, o incluso atravesado otro cuerpo antes de impactarlo. Eso redujo su velocidad y aminoró el daño. Los cirujanos lo suturaron pero dejaron la bala adentro, a la espera de que se aproximara a la superficie. Javier regresó a su casa cinco días después, en una silla de ruedas.

Adrián casi no dormía. Solía estar despierto hasta las dos de la madrugada. Seis amigos suyos habían sido asesinados de repente y decidió no ir a los funerales. “No quiero quedarme con el recuerdo de ellos en un ataúd”, dijo. “Quiero recordar a todos mis amigos como personas felices.”

Javier no podía trabajar físicamente. Adrián tampoco. No podía dejar a Javier, no podía volver a la fiambrería del Wawa, no podía estar en un espacio público y expuesto.

Omar Mateen permaneció dentro del club durante más de tres horas mientras decenas de personas se escondían en baños, armarios y detrás de las barras (EFE)

La madre de Javier voló desde Ciudad de México. También llegaron su hijo y la madre de su hijo, la única persona en México que sabía que él era gay.

Su propia madre no lo sabía. La mujer apenas se encogió de hombros ante la revelación. “No dijo ‘¿pero…?’ ni ‘¿y si…?’ ni ‘¿cómo que…?’”, recordó. “Solo: ‘Está bien, es tu vida’.”

Pulse antes del 12 de junio

Pulse funcionaba en el Downtown de Orlando, el corazón financiero y cultural de la ciudad. La zona alberga sedes bancarias, centros de convenciones y edificios residenciales que rodean el lago Eola.

Barbara Poma y Ron Legler abrieron el local el 2 de julio de 2004. El nombre Pulse lo había elegido ella como tributo a su hermano, quien murió en 1991 por complicaciones a causa del sida. Quería recordar su pulso para vivir.

En doce años, Pulse se convirtió en uno de los centros más importantes de la comunidad gay de Orlando. Era mucho más que una discoteca: albergaba foros educativos, recaudaciones de fondos y abría sus puertas a todos, sin distinción. “Cuando era la Noche Universitaria”, dijo Blue, exdirectora de entretenimiento del club y dueña de teatro, “simplemente se convertía en un refugio seguro para los jóvenes, fueran gays, heteros o bisexuales”.

“Para mí, siempre fue un bar abierto”, agregó Adrián. “Cualquiera podía ir, y era como una familia.”

La policía debió derribar una pared del edificio para ingresar al club y poner fin al ataque que dejó 49 muertos y 53 heridos (Reuters)

El local estaba dividido en tres áreas conectadas: una sala principal con bar y escenario, una sala más pequeña con otro escenario, y un patio con bar independiente. Eran el Ultra Bar, el Adonis Room y el Lounge. El Ultra, rodeado de sofás de satén, era descrito por los habitués como uno de los sitios más especiales del lugar.

“En el bar Ultra podías ver videos y disfrutar del excelente servicio de los bartenders, a mi juicio los mejores de la ciudad, pues muchos se mantenían en el negocio desde sus inicios”, dijo Scott, cliente habitual, a BBC Mundo.

El punto de atracción era el escenario, donde drag queens super producidas actuaban ante una multitud que tendía a ser joven.

Cómo ocurrió el ataque

El hombre entró a Pulse a las dos de la madrugada del domingo 12 de junio. Un oficial de policía fuera de servicio, encargado de la seguridad en la puerta, trató de detenerlo y de dispararle, pero estaba en desventaja: se cubrió y pidió refuerzos, según GQ.

Mateen cruzó el vestíbulo en dirección hacia la pista de baile y comenzó a disparar. Disparando, recargando y volviendo a disparar, permaneció adentro por más de tres horas, de acuerdo con la misma fuente. Docenas de policías rodearon la avenida Orange sin poder ingresar por las ráfagas de balas.

Para controlar la situación, la policía finalmente rompió una pared del edificio y le dio un tiro mortal. El atacante ya había disparado a más de 100 personas y matado a 49.

Había rehenes escondidos en los baños, en los armarios, debajo de escritorios y detrás de las barras. Mateen le dijo a un negociador policial que quizá tenía una bomba, según GQ.

Un agente del SWAT (AP)

También afirmó, supuestamente, haber atado chalecos explosivos a cuatro desconocidos dispersos por las esquinas del edificio.

Una joven se escondió en un baño con otras seis personas. El hombre armado disparó a los cubículos. Las seis cayeron sobre ella. Esperó tres horas, debajo de esos cuerpos que se desangraban, hasta que la policía mató al atacante. Salió viva.

Un joven de 22 años acababa de firmar el contrato de alquiler de su primer departamento. Invitó a nueve amigos a una fiesta de inauguración y sugirió que fueran todos a Pulse a las once. Cinco de los nueve murieron. Su espalda quedó arruinada porque pasó una hora y 47 minutos agachado dentro de un armario, demasiado pequeño para moverse, enviando mensajes de despedida.

Hubo también historias que empezaban como actos de valentía y terminaban igual de mal. Una mujer vio cómo un hombre recibía una bala por ella y le salvaba la vida. Mientras se escondía debajo de una mesa, lo vio arrastrarse hacia ella. Lo vio morir.

Víctimas de la masacre

El perfil del atacante

Omar Mateen ya había sido interrogado por el FBI en 2013 y 2014. La primera investigación comenzó después de que realizara comentarios a compañeros de trabajo afirmando tener vínculos con Al Qaeda y Hezbollah, además de asegurar que conocía a los hermanos Tsarnaev, responsables del atentado contra el maratón de Boston en 2013. Las declaraciones llevaron al FBI a abrir una investigación preliminar y a vigilar sus movimientos durante varios meses.

Según explicó luego el director del FBI, James Comey, los agentes realizaron entrevistas, grabaron conversaciones y revisaron sus comunicaciones, pero concluyeron que no existían pruebas suficientes para mantener abierta la investigación, por lo que el caso fue cerrado.

En 2014 volvió a ser investigado por posibles vínculos con Moner Mohammad Abu-Salha, un estadounidense que cometió un atentado suicida en Siria, aunque nuevamente el FBI aseguró que no encontró evidencia que justificara nuevas acciones en su contra.

El presidente Barack Obama declaró que no había evidencia concreta de que hubiera actuado bajo la dirección de una red organizada. Comey agregó que los indicios apuntaban a una radicalización a través de Internet, aunque no quedó claro a qué grupo extremista pretendía apoyar, de acuerdo con la misma fuente.

Durante esas horas, hizo tres llamadas desde el interior del club. En ellas se mostró “tranquilo y calmado”, según la BBC. Expresó apoyo al Estado Islámico y, al mismo tiempo, a su rival en Siria, el Frente Al Nusra. También manifestó solidaridad con los atacantes del maratón de Boston, quienes no tenían vínculos con ninguno de esos grupos, de acuerdo con el director del FBI, James Comey, citado por la BBC.

Mateens fue el autor de una de las peores masacres de la historia reciente de Estados Unidos (Reuters)

Muchas de las víctimas eran latinas, de Puerto Rico, México, Venezuela y República Dominicana. Las preguntas se superponían: ¿hablaban inglés? ¿Tenían documentos? ¿Eran visibles para alguien fuera de su círculo más cercano? Facebook fue utilizado como centro de información. Se publicaron fotos de desaparecidos y nombres de quienes ya estaban a salvo.

Aly Benítez, abogada en Orlando, fundó Pulse of Orlando cuatro días después del tiroteo, para entregar efectivo a las víctimas lo más rápido posible. No era mucha: unos USD 750 por persona. Suficiente para mantener un techo y comida a corto plazo mientras los fondos más grandes tardaban en distribuirse. El fondo repartió USD 28.500 el 30 de junio, menos de tres semanas después de la masacre. A mediados de octubre había recaudado USD 250.000 y entregado USD 200.000.

Diez años después: los objetos que quedaron

A una década del ataque, la ciudad de Orlando adquirió la propiedad en 2023 y comenzó la demolición del edificio en marzo de 2026. Las autoridades esperan inaugurar en 2027 un memorial permanente en el terreno donde funcionó Pulse, pensado para honrar a las víctimas, acompañar a los sobrevivientes y preservar la memoria de lo ocurrido aquella madrugada.

Durante años, los objetos rescatados de Pulse permanecieron guardados en una bodega de Orlando. Nadie los había mostrado públicamente, según Univisión.

Fotografía de archivo donde aparece un hombre mientras abraza a Barbara Poma (d), dueña del Club gay Pulse donde murieron 49 personas durante una matanza en Orlando, Florida (EE.UU.). EFE/Gerardo Mora

En junio de 2026, por primera vez, la ciudad los exhibió ante cualquiera que quisiera verlos. Entre las piezas preservadas hay elementos del club: candelabros, bolas de disco, parte de la barra, la puerta principal, una caja registradora y el número de la dirección del local. También cientos de cartas, mensajes, flores y fotografías que personas de todo el mundo dejaron en homenaje a las víctimas tras el ataque.

La exhibición forma parte de una serie de actos conmemorativos organizados durante junio por la ciudad de Orlando, el condado Orange y diversas organizaciones locales.

Hoy, las paredes ya no están. Pero las cartas, las flores y los recuerdos todavía conservan algo del lugar donde cientos de personas iban simplemente a bailar, encontrarse y sentirse libres.

Fuente: Infobae

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