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Tras 500 años, la barcaza de Da Vinci vuelve a unir dos pueblos italianos

En pleno siglo XXI, una embarcación que llamó la atención de Leonardo da Vinci hace más de 500 años sigue en funcionamiento. Se trata del transbordador del río Adda, en la región italiana de Lombardía, que conecta las localidades de Imbersago (provincia de Lecco) y Villa d’Adda (en la ribera de Bérgamo). Según reportó la agencia Euronews, este sistema fluvial renacentista es el último de su tipo que aún opera de manera regular.

Aunque muchos asocian el nombre con el genio del Renacimiento, Leonardo da Vinci no inventó este mecanismo. Embarcaciones similares ya existían en el siglo XV. Lo que hizo el artista y científico fue estudiarlo a fondo y dibujarlo en su obra “Paisaje del Adda con detalle de un transbordador”, que hoy se conserva en la Royal Collection del castillo de Windsor.

El historiador italiano Erminio Bonanomi sostiene que la verdadera contribución de Da Vinci habría sido el diseño del puerto de Imbersago, luego de analizar el funcionamiento de la barcaza.

Un puente entre ducados y familias nobles


La embarcación sin motor sigue en servicio tras más de cinco siglos y es la única superviviente de un sistema fluvial que tuvo cinco unidades (Captura de video)

Durante siglos, el transbordador sirvió como enlace comercial y social entre el ducado de Milán y la República de Venecia. Con el paso del tiempo, la balsa pasó por manos de distintas familias nobles hasta quedar bajo la administración del Ayuntamiento de Imbersago. En el pasado existieron cinco embarcaciones similares en el Adda, pero solo la de Imbersago ha sobrevivido. La construcción de puentes a partir de 1889 hizo que las demás dejaran de operar.

Entre los pasajeros ilustres que han cruzado el río en esta barca se encuentra Angelo Giuseppe Roncalli, quien la usaba frecuentemente antes de convertirse en el papa Juan XXIII. El pontífice, originario de la zona, la empleaba para llegar al santuario de la Madonna del Bosco.

El regreso a la rutina diaria tras el cierre del puente de Brivio

En mayo de 2026, el transbordador volvió a ser protagonista. El cierre temporal del puente de Brivio por trabajos de mantenimiento obligó a los habitantes a buscar alternativas para cruzar el Adda. Como consecuencia, el tráfico en el cercano puente de San Michele, ubicado a tres kilómetros, se disparó. Se reportaron filas de hasta dos kilómetros y un flujo de unos 8.000 vehículos en horas pico.

Leonardo da Vinci, 'Paisaje del Adda con detalle de un transbordador' (Imagen de archivo)

Hasta entonces, la embarcación operaba principalmente como atracción turística los fines de semana. La interrupción del puente la convirtió en una opción diaria para trabajadores y residentes. Gianpaolo Graffagnino, un vecino que ahora combina la bicicleta con el transbordador, comentó: “Ahora mismo es el sistema más rápido y, sobre todo, el más agradable, porque te regala tres minutos de tranquilidad”.

El servicio es gestionado por un grupo de voluntarios locales que incluye a tres jóvenes estudiantes de ingeniería y economía, un jubilado y el alcalde de Imbersago, Fabio Vergani. Massimo Zoia, otro de los voluntarios, explicó: “Este es un medio de transporte que existe desde hace 500 años y que siempre ha unido las dos orillas del Adda. Hoy ha recuperado su función original: conectar a dos comunidades que viven a ambos lados del río”.

Movilidad sostenible con principios de física renacentista

El barco opera sin motor ni combustible, movido únicamente por la fuerza de la corriente. Su estructura de madera está sujeta a un cable de acero —que antes era una cuerda— tendido entre ambas orillas.

La derivación del cruce tras el cierre temporal en Brivio elevó la congestión a tres kilómetros de distancia

Para cruzar, el operador coloca la barcaza de forma oblicua respecto al flujo del agua. El empuje de la corriente impulsa la nave hasta el otro lado en un trayecto de aproximadamente cinco minutos.

Este sistema, que fascinó a Leonardo da Vinci por su aplicación de principios físicos de descomposición de fuerzas, requiere de un único operador. La plataforma puede transportar peatones, ciclistas, motocicletas y automóviles. El costo del billete es de 1,50 euros (USD 1,73) para pasajeros a pie y 3,50 euros (USD 4,04) para automóviles. El servicio se suspende cuando las condiciones climáticas, como el viento fuerte, lo exigen.

Actualmente, la gestión está a cargo del Ayuntamiento de Imbersago, que apuesta por el mantenimiento de la embarcación como una solución práctica y un símbolo de identidad local. Su supervivencia, tras la desaparición de otras barcazas similares, lo convierte en un ejemplo singular de tecnología sostenible que sigue adaptándose a las necesidades contemporáneas.

Fuente: Infobae

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