Desde la capital española, en medio del bullicio de la Feria del Libro de Madrid y el esplendor del parque de El Retiro, la Biblioteca Eugenio Trías acoge desde hoy una muestra que adentra al público en el universo creativo de Jorge Luis Borges. Afuera, el sol y la vitalidad del parque compiten con la intensidad de lo que se exhibe puertas adentro: manuscritos originales del genio argentino, en los que se aprecia su característica letra minúscula y las huellas de su proceso de escritura.
Para la inauguración, se dieron cita Alejandro Roemmers, propietario de la colección de donde provienen los manuscritos; Alejandro Vaccaro, quien dedicó medio siglo a conformar este acervo; y Roberto Alifano, exsecretario de Borges. También asistió la familia de Mario Vargas Llosa: su esposa Patricia Llosa y sus hijos Álvaro y Morgana. Las autoridades madrileñas estuvieron representadas por Marta Rivera de la Cruz, delegada del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento.
El director de la Cátedra Vargas Llosa, Raúl Tola, ofició como maestro de ceremonias y no dudó en calificar como “el adjetivo mejor puesto de la historia de la literatura” la palabra “unánime” con la que comienza Las ruinas circulares: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”, citó.
La exposición, titulada Años de esplendor literario, presenta copias de alta fidelidad de los manuscritos originales, que resguardan en Buenos Aires. En las vitrinas pueden verse piezas como El acercamiento a Almotásim, de 1936; Las ruinas circulares; La lotería de Babilonia; y Tema del traidor y del héroe. La muestra se complementa con la presentación del libro Borges. La colección, que recoge más de 30.000 objetos vinculados al autor.

Rivera de la Cruz destacó la dualidad del escritor: “Aquí están mezclados el ser humano y el genio. Borges llevaba una vida exterior rutinaria, ordenada como una biblioteca, pero literariamente fue un revolucionario que convirtió temas universales en suyos”.
El Nobel que no llegó
La presencia de la familia Vargas Llosa se explica en parte porque el prólogo del libro sobre la colección es del Premio Nobel peruano. En un emotivo mensaje leído durante el acto, Vargas Llosa señaló:
“Es muy conmovedor ver cómo en esos textos, de escritura minúscula, se gestaba la aparición de una nueva literatura hecha de mezclas extraordinarias: la Biblia, la literatura inglesa, la nórdica, un español muy bien aprendido. Es conmovedor ver la seguridad con la que escribía esos pequeños textos que serían luego grandes textos”.
Un dato curioso: ese prólogo no fue escrito, sino dicho por el autor en un antecedente de esta muestra realizado en Rosario en 2022. La curadora, Marisa Galvagni, grabó con su teléfono las palabras del escritor durante el evento.

Álvaro Vargas Llosa narró una anécdota reveladora sobre su padre y Borges. En diciembre de 2010, al recibir el Premio Nobel, el novelista peruano preguntó al secretario perpetuo de la Academia Sueca: “¿Por qué nunca le dieron el Premio Nobel a Jorge Luis Borges?” La respuesta fue desconcertante: “Tengo que confesarle que en el seno de la academia tenemos tres decisiones de las cuales avergonzarnos. Esa fue una de ellas”, confesó el funcionario, sin revelar las otras dos.
Álvaro subrayó que Borges no necesitaba tal galardón para ser recordado. Como prueba, citó la muestra y recitó de memoria el primer párrafo de Las ruinas circulares, siendo aplaudido por los asistentes.

Roemmers: “El coleccionismo es un acto de rescate”
Alejandro Roemmers agradeció al Ayuntamiento de Madrid por acoger la exposición, y destacó que una biblioteca es “el templo de los libros en el que el pasado conversa con el presente y donde la memoria se traslada al futuro”. Señaló que Madrid es una ciudad que une ambas orillas del idioma y ha sido puerto de acogida para maestros que desafían el tiempo.
Enfatizó que el coleccionismo, entendido desde el humanismo, “no es un acto de posesión, es un acto de rescate”. Dijo que cada documento es una huella única del proceso creativo de Borges, con sus dudas y correcciones: “Encontramos el rastro humano detrás de una obra inmortal. Cada manuscrito es un pedazo de nuestra historia”.

Roemmers explicó que estos tesoros “no podían permanecer en baúles y pasar al olvido”, sino que deben estar abiertos al mundo, a investigadores y lectores. Recordó que Borges se enorgullecía más de los libros que había leído que de los que había escrito. “Frente a su modestia, reivindicamos haber rescatado estas páginas para que sigan siendo leídas y soñadas”, dijo, y leyó tres poemas dedicados al autor.
Vaccaro: el sueño del Museo Borges
Alejandro Vaccaro, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, recordó que Borges decía que “la duda es uno de los nombres de la inteligencia”. Contó que la colección comenzó hace 50 años, casi por azar, pero luego advirtieron que estaban ante algo trascendente. “El coleccionismo tiene algo de adicción: el coleccionista busca la perfección, lo cual es imposible, y eso nos permite seguir esperanzados en encontrar algo nuevo”, afirmó.

La colección pudo concretarse cuando hace más de veinte años se cruzó con Alejandro Roemmers, quien aceptó la aventura y aportó nuevos objetos. “Hace cuatro años empezamos a trabajar en cómo mostrar 30.000 piezas”, señaló Vaccaro.
El coleccionista también habló de su próximo sueño: un centro de documentación y el Museo Borges. La dupla ha negociado con varios gobiernos, incluido el actual, y se baraja la posibilidad de instalarlo en el Palais de Glace, en Buenos Aires, un edificio circular que antes fue pista de patinaje. Roemmers se mostró muy entusiasmado con esa idea.
Mientras tanto, en Madrid, el sol se intensificaba y los visitantes se inclinaban sobre las vitrinas para descifrar la escritura de un autor que, 40 años después de su muerte, mantiene una vitalidad tremenda.
Fuente: Infobae