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Gatos en casa y asma infantil: estudio sueco disipa miedos comunes

Para muchos hogares con niños asmáticos, la idea de convivir con un gato genera dudas y preocupaciones. Sin embargo, un nuevo estudio del Instituto Karolinska de Suecia ofrece evidencia que podría calmar esos temores. La investigación indica que tener un felino en casa no está asociado con un aumento en la frecuencia o gravedad de las crisis asmáticas en menores con diagnóstico confirmado.

El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Allergy, se suma a un debate de larga data sobre el impacto de las mascotas en la salud respiratoria infantil. No obstante, los propios investigadores reconocieron una limitación importante: el estudio no contó con datos sobre si los niños eran específicamente alérgicos a los gatos.

El equipo estuvo liderado por Resthie Putri, Cecilia Lundholm y Catarina Almqvist, del Instituto Karolinska y el Hospital Universitario Karolinska, en colaboración con el Centro para la Investigación de Enfermedades Infecciosas en Zambia.

La duda recurrente en las consultas pediátricas

La investigación sobre gatos y asma infantil fue publicada en Frontiers in Allergy y analizó a niños con diagnóstico confirmado de asma alérgica./Freepik

El asma es una de las enfermedades crónicas más comunes en la niñez. Los factores ambientales dentro del hogar juegan un rol central en su manejo, y la presencia de gatos es una pregunta constante que hacen los padres al pediatra. Hasta ahora, la mayoría de los estudios se había enfocado en la exposición temprana: si tener un gato durante los primeros años de vida aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad.

En cambio, lo que sucede con niños que ya tienen asma y viven con un felino era un terreno mucho menos explorado. Los pocos trabajos existentes sobre este grupo mostraban resultados contradictorios, con muestras pequeñas y datos basados únicamente en lo que reportaban los propios pacientes. Esto dejaba sin una respuesta clara una pregunta con implicaciones directas para la vida de miles de familias.

Objetivo del estudio: medir el impacto real

Los investigadores evaluaron si la exposición a gatos influía en la frecuencia de crisis asmáticas, la gravedad de la enfermedad, el control del asma y la función pulmonar (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación se propuso determinar si la exposición a gatos afecta la evolución del asma en niños con diagnóstico ya establecido. Los científicos analizaron cuatro variables clave:

  • Frecuencia de las crisis asmáticas.
  • Gravedad de la enfermedad.
  • Control del asma.
  • Función pulmonar.

Además, quisieron saber si las características del animal —cantidad de gatos, si son machos o hembras, o si son jóvenes o adultos— influyen de alguna manera en los resultados. La hipótesis inicial era que distintos perfiles de gato podrían generar diferentes niveles de alérgenos y, por lo tanto, efectos distintos sobre el asma. El estudio se centró en un grupo de niños suecos de entre 4 y 17 años, todos con diagnóstico médico validado, para obtener resultados aplicables a la práctica clínica real.

Una muestra de más de 30.000 niños

El estudio de cohorte en Suecia incluyó a 30.277 niños de 4 a 17 años con asma y alergia, a partir de registros nacionales y del Registro Nacional de Gatos. (Archivo Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo realizó un estudio de cohorte basado en registros nacionales de Suecia. La muestra incluyó a 30.277 niños nacidos entre 2006 y 2020, todos con diagnóstico comprobado de asma y alergia. La exposición a gatos se definió como la tenencia registrada de al menos un felino en el hogar durante 2023, según el Registro Nacional de Gatos.

El seguimiento se realizó entre 2023 y 2024 y midió si el niño había tenido una crisis asmática —visita de urgencia o uso frecuente de broncodilatadores de rescate— y si presentaba un cuadro de asma moderada a severa. En un subgrupo de 1.428 niños también se evaluó la función pulmonar mediante espirometría, una prueba que mide cuánto aire puede expulsar una persona en un segundo.

Hallazgos: sin diferencias significativas

Entre los niños con gato en el hogar, las crisis asmáticas ocurrieron en el 3,3%, frente al 3,5% de quienes no convivían con gatos, sin diferencia estadísticamente significativa (Imagen Ilustrativa Infobae)

De los 30.277 niños, el 9,4% convivía con al menos un gato. Las crisis asmáticas se presentaron en el 3,3% de los niños con gato y en el 3,5% de los que no tenían. El asma moderada a severa afectó al 9,6% del primer grupo y al 10,1% del segundo. Ninguna de estas diferencias fue estadísticamente significativa.

En el subgrupo con datos de función pulmonar, la proporción de asma no controlada fue algo menor entre quienes convivían con gatos —16,5% frente a 22,3%—, pero tampoco alcanzó significación estadística. Ni la espirometría ni el test de control del asma mostraron diferencias relevantes entre los grupos. Incluso dentro del grupo con gatos, no importó cuántos animales había en casa, ni si eran machos o hembras, ni su edad: ninguna variable se asoció con peores resultados asmáticos.

Lo que los expertos dicen y lo que falta por saber

El asma moderada a severa afectó al 9,6% de los niños con gatos y al 10,1% de los que no tenían, sin cambios relevantes en la evolución del asma (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores concluyeron que “no se observó ninguna asociación entre la exposición a gatos y las exacerbaciones de asma, la gravedad, la función pulmonar ni el control del asma”. Además, señalaron que los resultados “sugieren que la exposición a gatos puede no afectar negativamente los resultados del asma en esta población”.

Sin embargo, el estudio reconoció limitaciones. No se dispuso de datos sobre sensibilización específica a alérgenos de gato ni sobre el tiempo que el animal llevaba en el hogar. Además, el registro nacional de gatos no tiene cobertura total, por lo que algunos niños con gato podrían haber sido clasificados erróneamente como no expuestos. Los investigadores advirtieron que los resultados aplican al asma alérgica y no a otros tipos, y que las diferencias culturales entre países pueden limitar su generalización.

La cantidad de gatos en casa, su sexo y su edad no se asociaron con peores resultados de asma, y la espirometría tampoco mostró diferencias entre los grupos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En diálogo con Infobae, el médico Pablo Moreno, ex presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC), comentó: “El nuevo estudio muestra que convivir con gatos no empeoró el asma en niños. Muchas veces los animales domésticos ocupan un rol muy importante en los hogares y este estudio es alentador”.

No obstante, el experto pidió cautela porque “cada individuo puede tener distintas formas de sensibilización. El trabajo tampoco aborda si existe relación con la rinitis o la conjuntivitis, entre otras condiciones”. Moreno recomendó: “Se debería aprender a convivir con el gato. El animal no debería dormir en la misma habitación que las personas. Su bandeja sanitaria debería estar lejos y se lo debería bañar periódicamente, no por el gato sino por el paciente con asma”.

Fuente: Infobae

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