El próximo domingo, Donald Trump celebrará su cumpleaños número 80 en el South Lawn de la Casa Blanca con un evento de la UFC que incluye un octágono de malla metálica, miles de asientos y una estructura de iluminación aérea. Según Associated Press, esta decisión rompe con una tradición presidencial que hasta ahora vinculaba ese espacio con deportes de bajo contacto, actividades infantiles y reuniones bipartidistas.
La transformación del jardín sur no se limita a una sola pelea. Trump ha sugerido que el recinto podría volverse permanente, aunque fue construido en semanas y diseñado como temporal, con poca capacidad para soportar una exposición prolongada al clima.
Este cambio de escala y tono no tiene precedentes directos en la historia deportiva de la residencia presidencial. Michael Patrick Cullinane, historiador principal de la Theodore Roosevelt Presidential Library, declaró a AP:
“El deporte fue central para los presidentes. No sé si alguna vez fue un espectáculo de la magnitud que tiene en la administración Trump”.

De T-ball y picnics al octágono de la UFC
El South Lawn, considerado el patio trasero de Estados Unidos, era conocido por el Easter Egg Roll anual, el picnic del Congreso y eventos deportivos infantiles. La llegada de la UFC introduce en ese mismo espacio un deporte de combate con un montaje de gran formato coronado por un sistema de luces llamado The Claw (“La garra”).
La relación entre presidentes y deporte en la Casa Blanca tiene larga data. La agencia AP recordó que Theodore Roosevelt practicaba boxeo; Richard Nixon instaló una pista de bolos; Dwight D. Eisenhower mandó colocar un putting green de golf; George H. W. Bush recuperó una cancha para herraduras, y Herbert Hoover jugaba una disciplina creada para mejorar su estado físico que se conoció como Hoover-ball.

Theodore Roosevelt fue el primero en integrar el deporte a la vida en la Casa Blanca, con la instalación de una cancha de tenis sobre el césped. Su esposa Edith impulsó esa idea por preocupación ante la carga de trabajo del presidente y buscó obligarlo a descansar más.
Cullinane, autor de Theodore Roosevelt and the Tennis Cabinet y profesor en Dickinson State University, señaló que Roosevelt amaba el tenis y, aunque no jugaba bien, lo hacía “durante mucho tiempo y vigorosamente”. El mandatario salía a la cancha a las 15:00 todos los días, lloviera o hiciera sol, para disputar sets de seis juegos contra sus principales asesores.
Roosevelt también organizó combates de boxeo en la Casa Blanca, pero en una escala mucho más íntima que la función de la UFC prevista para el domingo, según Associated Press. En 1905, durante un entrenamiento con el coronel Daniel T. Moore, sufrió un desprendimiento de retina en el ojo izquierdo.
La residencia presidencial sumó otras tradiciones deportivas después. Hoover usó el jardín para un juego que combinaba tenis y vóleibol con pelotas medicinales de 2,7 kilogramos, atribuido al médico de la Casa Blanca Joel T. Boone.

Franklin D. Roosevelt hizo construir una piscina cubierta para la terapia contra la polio. Harry S. Truman ordenó retirar una vieja cancha de herraduras, pero Bush padre la reinstaló en 1989.
George W. Bush abrió el South Lawn al T-ball desde 2001 y encabezó 20 partidos, el último con niños de ligas menores hijos de militares en servicio activo, según AP. Eisenhower usó tanto el putting green fuera del Despacho Oval que dejó marcas de tacos de golf en los pisos interiores.
Barack Obama hizo repintar las canchas de tenis de la Casa Blanca para adaptarlas al básquetbol. Más tarde fueron reconvertidas en un proyecto de mejora supervisado por Melania Trump durante el primer mandato de su marido.

Deporte, política y celebridad en un solo espectáculo
Durante décadas, los presidentes estadounidenses usaron el deporte —como práctica o afición pública— para conectar con votantes corrientes y proyectar vigor. John F. Kennedy ocultó su habilidad como golfista por temor al costo político, pero difundió imágenes de fútbol informal y juegos en la playa con su familia para transmitir juventud y energía.
Nixon habló más de su gusto por el fútbol americano que de la bolera instalada en la Casa Blanca. Obama convirtió en tradición pública su elección anual del cuadro del torneo universitario de la NCAA.
Trump, por su parte, asistió a grandes citas deportivas, como su viaje del lunes a la final de la NBA en Nueva York. Para Tevi Troy, historiador presidencial y miembro sénior del Reagan Institute, la diferencia es que el espectáculo llega a la Casa Blanca:
“Sin duda hay precedentes para eventos atléticos, pero esto es una combinación de evento atlético y evento de celebridades”.
Troy vinculó esa mezcla con las dificultades de Trump para atraer figuras del entretenimiento a la celebración por los 250 años de Estados Unidos. “El mundo del entretenimiento es hostil a los republicanos y a Trump. Así que él va a buscar a sus celebridades”, explicó en Associated Press.

La cercanía entre Trump y la UFC no es nueva. El presidente sigue a la empresa desde hace décadas, su campaña de 2024 exhibió su amistad con el director de la liga Dana White y asistió a peleas para movilizar a votantes que normalmente no se interesan por la política.
Dana White y el universo de la UFC encajan con la forma en que Trump se presenta en la arena pública. Según AP, el estilo de combate de la empresa refleja el enfoque de confrontación directa que el presidente lleva a la política, y en ocasiones se cruza con sus iniciativas de gobierno, como cuando sugirió a White crear una liga en la que migrantes pelearan entre sí y el ganador enfrentara al campeón de la UFC.
Cullinane aseguró que la UFC “está dominada por los hombres y por esta idea de masculinidad”, lo que implica que “cada vez que apuntas a un determinado grupo demográfico, casi de forma natural politizas el deporte”. En esa lectura, el octágono frente a la residencia presidencial no solo altera una tradición ceremonial, sino también el mensaje cultural que emite la Casa Blanca.

Trump comparó su festejo de cumpleaños con celebraciones internacionales del pasado y relacionó The Claw con la Torre Eiffel, concebida como estructura temporal para la Exposición Universal de 1889 y nunca desmontada. “Estamos construyendo algo frente a la Casa Blanca que resulta bastante atractivo para mucha gente”, dijo Trump.
“La estoy mirando, y tal vez nunca, jamás, la desmontemos”.

Troy sostuvo que dentro de 20 años, el espectáculo de la UFC en el jardín de la Casa Blanca podría parecer normal si cambian las tradiciones sobre celebridad y deporte. “Trump, creo, está más dispuesto que otros presidentes a que le hagan esa pregunta: ‘¿Por qué no lo hace como los presidentes anteriores?’”, remarcó. Y sentenció: “Romper el precedente no le molesta”.
Fuente: Infobae