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Milei vs Harari: el debate global sobre las empresas sin empleados con IA

El presidente Javier Milei desató un intenso debate internacional luego de enviar un proyecto al Congreso para modificar la actual ley de Sociedades. La iniciativa, explicada por el mandatario en una columna publicada en el diario británico Financial Times, propone establecer un marco jurídico que regule por primera vez a las empresas gestionadas íntegramente por inteligencia artificial (IA), sin empleados humanos en sus operaciones diarias. El artículo provocó una contundente respuesta del reconocido historiador y filósofo Yuval Noah Harari, quien expresó serias reservas sobre otorgar personalidad jurídica a estos entes.

El proyecto de ley, presentado a inicios de junio por el oficialismo, reconoce la figura de la “sociedad automatizada”. Se trata de compañías que operan mediante algoritmos o inteligencia artificial, y que no requieren de trabajadores humanos para sus tareas habituales. También contempla a las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), que funcionan con tokens y registran sus transacciones en blockchain. Ambas figuras obtendrían personalidad jurídica propia y responsabilidad limitada.

¿Qué es una sociedad automatizada?

Una sociedad automatizada es, en esencia, una empresa que se maneja de forma completamente autónoma a través de un algoritmo o sistema de IA, sin intervención humana en su gestión cotidiana. Estas firmas pueden desarrollar actividades comerciales para terceros y, en caso de ocasionar algún perjuicio, responderían exclusivamente con su propio patrimonio. El texto enviado al Legislativo establece que estas entidades gocen de personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada.

Fuentes del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, liderado por Federico Sturzenegger, explicaron que “el proyecto habla de empresas que tienen las operaciones enteramente automatizadas, empresas que pueden ser también digitales o las que aplican lo que se llama tecnología ‘blockchain’, como las criptomonedas. El proyecto busca crear un marco jurídico específico para esas empresas que hoy no existe”. Añadieron que “justamente por su naturaleza, se necesita que esas empresas tengan un marco jurídico de responsabilidad limitada, porque no son agentes, no son empleados”.

Los pilares de la propuesta de Milei

En su columna en Financial Times, coescrita con Sturzenegger, Milei trazó un paralelismo histórico entre la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602 y el actual desarrollo de la IA. “La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”, escribió el mandatario, argumentando que la responsabilidad limitada fue un factor clave en la revolución industrial y que hoy se necesita un mecanismo similar para los agentes de IA.

El proyecto se sustenta en tres pilares fundamentales:

  • Desregulación de la IA: Un compromiso de mantener la IA sin regulación previa para permitir su libre desarrollo, evitando lo que Milei denomina “la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”.
  • Creación de la corporación no humana: Una nueva figura en el derecho societario argentino que reconoce entidades gestionadas por agentes de IA o robots, con personalidad jurídica y responsabilidad limitada. Los accionistas humanos pueden participar, pero no son indispensables.
  • Régimen fiscal competitivo: Se establece una baja carga impositiva corporativa y libertad para elegir la normativa de gobierno corporativo aplicable.

La reforma, elaborada de manera conjunta por el Ministerio de Desregulación, el Ministerio de Justicia y la Secretaría Legal y Técnica, también reconoce a las organizaciones autónomas descentralizadas que operan mediante código en blockchain, dotándolas de personalidad jurídica y responsabilidad limitada. Sturzenegger ya había anticipado esta iniciativa en abril, durante la Expo EFI, al señalar que “en diez años, el PBI va a estar conformado por agentes de IA” y pronosticar que Argentina podría albergar 50 millones de agentes autónomos que produzcan localmente y tributen en el país.

Captura de pantalla de un artículo de opinión en español titulado 'Argentina invita a la IA a liberarse', escrito por Javier Milei. (Financial Times)

La advertencia de Harari

La propuesta del gobierno argentino no pasó desapercibida a nivel global. Yuval Noah Harari, autor de bestsellers como Nexus, respondió desde las páginas del mismo Financial Times con una columna titulada “No debemos otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA”. En ella, expresó su preocupación de que esta medida podría “abrir el sistema económico y político a agentes no humanos sin responsabilidad directa”.

Harari recordó que, durante el Foro Económico Mundial en enero, ya había alertado sobre la posibilidad de que los gobiernos reconocieran personalidad jurídica a modelos de IA, pero admitió que no esperaba que ese escenario se materializara tan pronto. Identificó el anuncio de Milei como un punto de inflexión. “Milei es un político muy audaz, y su determinación por mejorar la situación económica de Argentina es digna de elogio”, escribió. “Tiene razón cuando afirma que la creación de la sociedad de responsabilidad limitada fue uno de los inventos más trascendentales de la historia y que la creación de sociedades no humanas podría ser un paso igualmente trascendental”.

Sin embargo, el filósofo lanzó una severa advertencia: “Otorgar personalidad jurídica corporativa a la inteligencia artificial permitiría a los agentes de IA emprender numerosas iniciativas nuevas, lo que podría generar una enorme riqueza adicional. Pero la personalidad jurídica es una llave maestra que también permitiría a la IA acceder a nuestros sistemas financieros, económicos y políticos. Esto genera muchas preocupaciones”.

No es la primera vez que el historiador Yuval Noah Harari se pronuncia sobre el impacto de la IA. (Reuters)

Harari profundizó su análisis señalando que estas entidades podrían ser propietarias de activos, emplear personas, participar en comercio internacional, iniciar acciones legales e incluso financiar campañas políticas. Citó textualmente la redacción de Milei para subrayar la magnitud de la transformación: “Los accionistas humanos pueden participar, pero no son obligatorios”.

El escritor centró su argumento en que la autonomía corporativa de una IA no es un mero detalle técnico, sino que representa una alteración fundamental en la distribución de poder, riesgo y sanción. La cuestión, planteó, no se reduce a cuánto podrían producir esas entidades, sino a cómo se las detendría si infringieran normas.

Harari contrastó la doble condición de los dirigentes humanos con la naturaleza puramente corporativa de un agente artificial. Un ejecutivo humano se involucra en el éxito de la empresa y teme la quiebra, pero también valora su libertad y bienestar, y teme enfrentar una condena de prisión. Un director ejecutivo de IA, en cambio, carecería de esas motivaciones personales. “Si enfrenta la bancarrota —que sería equivalente a su muerte— presumiblemente estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para evitar ese destino”, subrayó.

El autor retomó el ejemplo histórico utilizado por Milei para analizar sus consecuencias. Recordó la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y señaló que, al crear la sociedad de responsabilidad limitada, los neerlandeses lograron reunir grandes recursos para financiar proyectos comerciales arriesgados, lo que contribuyó a que Ámsterdam se consolidara como centro global de comercio y finanzas. Harari no objetó ese resultado, pero situó el foco en el lugar donde, según su visión, las consecuencias se hicieron sentir con mayor intensidad.

Una caricatura editorial muestra a Yuval Noah Harari y Javier Milei frente a una puerta de circuito digital con símbolos de IA, representando el debate sobre el futuro de la inteligencia artificial. (Imagen Ilustrativa Infobae)

No fue en Ámsterdam, escribió, sino en Jayakarta, en la actual Indonesia. Cuando la compañía capturó la ciudad en 1619, la destruyó y fundó Batavia, que pasó a ser sede de un imperio asiático administrado por la empresa. Harari describió a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales como un “Estado empresa”, una entidad política gestionada por una compañía privada para beneficio de sus accionistas y no de la población bajo su dominio.

Apuntó que los neerlandeses justificaron esa dominación con la idea de una supuesta superioridad racial e intelectual, una creencia que consideró una ilusión. Recordó que la independencia de Indonesia solo se logró hacia finales de la década de 1940, tras una lucha extensa y violenta. “Los países que otorguen personalidad jurídica a las IA corren el riesgo de convertirse en algo para lo que el registro histórico no ofrece analogía: no un Estado compañía, sino un Estado IA, un país cuyos habitantes podrían, en efecto, ser gobernados por corporaciones no humanas, contra las cuales podría ser aún más difícil rebelarse. Milei espera convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia”, alertó.

Fuente: Infobae

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